Anécdotas perdidas de Roth Mueller

V

Unos días después luego de clases, y de que Floy partiera al trabajo y Dorothy a la escuela, me encaminé a la tienda. Estaba ansioso por saber si las fotos ya habían sido reveladas, y quería distraerme junto a mis nuevos amigos un rato.

Cuando llegué, Bavol estaba sentado en el suelo junto con Bruno, colocándole etiquetas a los productos y sacándolos de cajas para luego acomodarlos en las vitrinas y los mostradores; Conrad hacía inventario en la caja.

Al entrar me saludaron y Bavol me dijo que quería enseñarme la mercadería nueva que había llegado en uno de los paquetes. Le pregunté a Conrad si había actualización sobre las fotos mientras caminaba hacia Bavol para echarle un vistazo a los discos y vinilos nuevos.

—Ayer hablé por teléfono con el fotógrafo; parece que una parte del rollo está dañada, entonces sólo algunas fotos se van a poder salvar.

—¡Qué lástima! Bueno, espero que se pueda ver algo en las que sí salgan completas.

—Sí, yo te aviso si él me llama para darme alguna otra noticia; por el momento sólo queda esperar.

—Oye Roth —interrumpió Bavol— nos llegó una versión demo de Wolf’s Lair Abyss de Mayhem, ¿te interesa?

—Tal vez después. ¿No te ha llegado nada de Downface?, quiero el disco de Confidence.

—No… ¿de qué año es? No los había escuchado mencionar.

—Del año pasado.

Mientras Bavol y yo continuábamos explorando lo que los proveedores habían llevado a la tienda, entraron unos tipos que se veían muy parecidos a Conrad, misma vestimenta y también rapados. Uno de ellos andaba con una bomber jacket negra y el otro andaba en camiseta de tirantes, cual dejaba ver varios tatuajes en sus brazos y cuello.

Conrad no los saludó, únicamente levantó las cejas tan pronto abrieron la puerta de golpe. Bavol se acercó a ellos para atenderlos y Conrad no les quitaba la vista de encima; era obvio que él había percibido algo que los otros y yo no.

—¿Tienen algo de Skrewdriver? —le preguntó el de camiseta de tirantes a Bavol.

—Aquí no vendemos mierda nazi —exclamó Conrad con una voz contundente desde el mostrador.

—¿No tienen nada de NSBM? —preguntó el de la cazadora negra mientras el otro reía en silencio.

—No, disculpen; no distribuimos esa clase de material —añadió Bavol— tal vez en otra tienda.

—¿En serio no tienen nada?

Hubo un silencio incómodo.

—Voy a buscar en bodega, creo que quedan un par de discos de colección —contestó Bavol observando a Conrad.

Ambos tipos dieron un par de vueltas por la tienda, explorando los discos de vinil. Se quedaron cerca de donde yo estaba viendo unos CD. Conrad se movió del mostrador y se quedó a un lado de la puerta, el de los tatuajes no me quitaba la vista de encima. Tenía tatuado un 88 sobre la clavícula y una esvástica en la parte baja de la muñeca. Bruno hacía como que buscaba algo entre los vinilos.

—¿Cuál es tu nombre? —me preguntó el de los tirantes.

—Roth.

—¿¡Roth!? —respondió estallando de la risa.

» ¿Eres judío, Roth? —preguntó acercándose aún más.

—Déjalo en paz —exclamó Conrad desde la otra esquina de la tienda.

El de la bomber negra caminó hacia Conrad para quedar frente a él.

—¿Tienes algún problema? —le preguntó a Conrad en un tono desafiante.

—Váyanse los dos de mi tienda. No vendemos lo que buscan.

—Tu amigo dijo que buscaría unos discos en la bodega. Estamos esperando.

—Claro…

Bruno se acercó a uno de los equipos de sonido de la tienda y empezó a reproducir el álbum de Plastic Surgery Disasters / In God We Trust, Inc. de Dead Kennedys, y comenzó a sonar Nazi Punks Fuck off en repetición.

—No soy judío —le respondí.

—Pareces uno. Y eso me repugna.

Me quedé callado observándolo.

—El sentimiento es mutuo.

—No le hagas caso Roth, ignóralo —gritó Conrad— molestar a otros más pequeños lo hace sentir más hombre.

—Tú me estás molestando a mí —le contestó el de jacket negra a Conrad acercándose más a él para intentar intimidarlo.

—No tengo ganas de romperle la quijada a un par de putos supremacistas, lárguense. Que sea por las buenas.

—Ustedes son todos iguales, un montón de basura progresista que quiere regalarle el país a las ratas inmigrantes y a los judíos.

Conrad comenzó a reírse. Bavol salió de la bodega con un bat de beisbol.

—Claro —continuó Conrad aclarándose la garganta— se me olvida que les gusta comer las sobras que dejan los del gobierno en el piso. Serán los primeros en morir y los primeros en recibir las balas de un sistema que sólo los usó para propaganda. Pero, piensen lo que quieran, si los hace sentir mejor.

—Aún tienes tiempo de cambiar de opinión, camarada.

—Aún tienen tiempo para largarse de mi tienda y meterse su discurso supremacista por el culo. Yo no llevo una correa ideológica, como ustedes, par de perras.

—Esta nación se va a volver a levantar con orgullo ario. Por honor y sangre.

—La raza Aria ni siquiera proviene de los reinos germánicos, pero, los seguidores como ustedes tienen una deficiencia cognitiva tal, que ni siquiera reconocen la verdadera cultura a la que pertenecen —saltó Bruno acompañando a Conrad— le robaron el símbolo original de la esvástica a los hindús, budistas y jainistas; promueven un gen de origen eslavo, y profesan religiones nórdicas; no podrían estar más vacíos.

Conrad observó a Bruno aguantando la risa y asintió alegre.

—No te pregunté una mierda.

—Oigan, no entiendo, si aman tanto al tercer Reich y a su discurso, ¿por qué no le siguen el juego y se revientan la cabeza de un tiro? Prometo que si lo hacen usaré su fotografía de portada para mi próximo demo—contestó Bavol a la orilla de la puerta de la bodega.

—¿Sabes, Roth? Veníamos siguiéndote desde hacía un rato. Sabemos dónde vives, maldito askenazí.

—Pero, no saben quién soy, ¿o sí?

—No hace falta, todos ustedes son escoria por igual.

—¡Ustedes dos me tienen enfermo! —exclamó Conrad— voy a contar hasta tres y si no se largan, a ambos los muelo a golpes.



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En el texto hay: demonios, drama, paranormal

Editado: 08.04.2026

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