Anécdotas perdidas de Roth Mueller

VI

Varios días después de aquel sueño y de entregarle la cámara a Conrad, los tres chicos llegaron a buscarme a la casa.

—Señora, ¿Roth puede salir a caminar con nosotros?

—Está bien, pero, por favor, que no salga a la ciudad, quédense en esta calle.

Bajé las gradas ansioso cuando Floy me llamó.

—¡Roth! —exclamaron todos en coro.

—Roth ¿cómo te va? ¿qué pasó después de aquel día? ¿qué te dijo la oficial? —preguntó Bavol.

—No mucho, sólo me dijo que si volvía a salir o si volvía a lastimar a alguien me enviarían a un internado.

—Oye, ¿y por qué es que tienes que estar encerrado todo el día en tu casa? —preguntó Conrad.

—Es una historia muy larga, después se las cuento.

—Bueno, para después está bien, por ahora tienes que ver esto —exclamó Conrad con las fotos en la mano.

Encaminé a los chicos hacia el parque que estaba al final de la calle donde vivo, y pasamos frente a mi vieja casa.

—Eh, ¿esa casa está abandonada? Tiene cintas de policía y el césped está altísimo —preguntó Bruno.

—Algo así.

—¿Quién vivía ahí Roth? ¿los conocías? —preguntó Bavol caminando detrás mío.

—Olviden eso, no es nada importante, caminen.

—Bueno, entonces —Conrad tiró un sobre de papel con las fotos sobre la mesa donde nos sentamos— soy amigo de la hija del fotógrafo, así que no me debe nada por revelar el rollo. El problema es que salieron como 50 fotos, es una lástima que no se pudieran revelar el resto, pero, el rollo estaba muy dañado.

—Es una lástima, sí. Aunque, también es extraño que se dañara de la nada; es decir, estaba en la caja cuando ustedes lo cargaron en la cámara.

Comencé a rebuscar entre todas las fotos algo que valiera la pena.

—Mira Roth, en estas hay como partículas de polvo, se nota que Bruno no limpia nunca.

—Son orbes, no polvo. Se cree que son cargas de energía electromagnética; normalmente las hay en lugares donde hay poltergeist, pero, pueden aparecer en cualquier parte.

—Roth, mira, esta es una de las que quería enseñarte.

Conrad me mostró una donde la luz se había encendido pobremente, y resaltaba una sombra oscura en la esquina de la bodega.

—¿Hay más así o sólo esa?

—Tomé una cuando íbamos saliendo, en las de la bodega creo que hay varias donde sale la sombra.

Conrad me mostró una foto que tomó cuando íbamos caminando a la parada de autobuses, donde una silueta oscura muy alta se veía a mi lado.

—Roth, ¿qué es eso? —preguntó Bavol— ¿puede salir de la bodega y perseguirnos?

—No creo que sea el mismo; y, creo que el de la bodega es un parásito o algo aún más oscuro.

Por supuesto, presentía que no eran el mismo, porque aquella entidad que veía de vez en cuando me había dejado claro qué era, aunque aún no conocía bien sus intenciones.

Necesitaba, de alguna manera, averiguar tanto el nombre del parásito en la bodega como la razón por la que permanecía ahí, aún después de la muerte de Blaz.

—¿Qué significa que sea un parásito? ¿nos va a poseer?

—No. Bueno, tal vez no; significa que posiblemente no se ha ido porque se alimenta de su energía, y sobre todo del miedo. Es por esa razón que no se fue después de lo de Blaz, planeaba alimentarse de la energía de Conrad y de la otra empleada. Y ahora de ustedes también.

Estuvimos hablando un rato sobre lo que podíamos hacer al respecto, plantee que era posible que tuviéramos que confrontarlo para que se fuera, y posteriormente deshacernos de la tabla que primeramente lo había traído hasta ahí.

—Roth, ¿y tú irías con nosotros en la noche para tratar de ahuyentarlo?

—Claro, si logro escaparme un momento.

—¿Por qué te tienen ahí recluido en esa casa, Roth? —preguntó Conrad— Porque también mencionaste lo de que no te daban clases en el instituto, sólo en tu casa.

—Ah bueno, ya les dije, es una historia algo larga… es que es algo complicado.

Los chicos me observaban extrañados, es obvio que no habían visto un caso así jamás, especialmente en un lugar con tan poca gente como Sontra; intenté cambiar el tema rápidamente para volver su atención hacia algo más.

—Oigan… Y, ¿de dónde son ustedes? Yo los vi por primera vez hasta el día que fui por el disco.

—Yo soy de Rotenburg —respondió Bavol.

—Yo soy de Köln, aunque he cambiado de empleo varias veces, por eso ahora vivo aquí —contestó Conrad.

—Yo soy de Liechtenstein; mi papá consiguió trabajo aquí hace un par de años, en Kassel, entonces nos mudamos —dijo Bruno para terminar.

—¿Y tú, Roth?

—Yo siempre he vivido aquí.

—¿Y la casa por la que pasamos?

—Esa sólo está desalojada.

—Pero, ¿quiénes vivían ahí? —preguntó Bruno.

—Roth, pero, explícame por qué es que te tienen encerrado, pareciera que te tienen en arresto domiciliario —insistió Conrad.

—Ay, vean, no es nada importante. De verdad.

Me levanté y tomé las fotos.

—Vámonos, Floy se va a molestar conmigo.

—¿Quién es Floy? ¿es la señora con la que hablamos? —preguntó Bavol curioso.

—Sí.

—¿Es tu mamá? ¿por qué llamas a tu mamá por su nombre?

—Floy no es mi mamá.

Me levanté y les hice una seña para que me siguieran hasta la casa y pasamos nuevamente por mi antiguo hogar.

—¿Se puede entrar a la casa? —preguntó Bavol.

Levanté los hombros, indiferente, di un par de pasos más adelante; los tres se saltaron las líneas de la policía, y buscaron una entrada abierta a la casa.

—Oigan en serio, vámonos, no entren a la casa.

—¡Ey! ¡Por atrás está abierto! —Exclamó Bavol.

Tuve que darme la vuelta y perseguirlos para sacarlos de la casa, se me erizó el pelo de los brazos al entrar de nuevo.

—Roth, aquí definitivamente tiene que haber algo, ¿verdad?

—No sé, larguémonos ya.

—¡Oigan! Aquí hay fotos… —exclamó Bruno.

Bruno estaba en la sala de la casa viendo las fotos en la pared. Para mi suerte, en ninguna de ellas aparecía yo.



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En el texto hay: demonios, drama, paranormal

Editado: 08.04.2026

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