—Roth, despierta, ya casi está por llegar la profesora; no quiero que te den clases sin haber desayunado. Además, tengo un pequeño regalo para ti, pero, iremos por él cuando termines los deberes.
Planeaba ir a la tienda ese día, pero, aparentemente se me había arruinado el plan. Por otro lado, no tenía ni idea de lo que Floy iba a darme; no recordaba haberle pedido algo, porque en primer lugar no lo iba a hacer.
No le había prestado tanta importancia a los carteles pegados por toda la ciudad que los chicos habían mencionado; pero, de verdad estaban por todas partes. En los postes, en pizarras de boletines y en vallas. El pueblo era lo suficientemente pequeño como para sentirse inundado en medio de ellos.
Si supieran que no están tan lejos como ellos creen. Están en el mismo lugar donde estuvieron durante años.
Unos locales más cerca Floy me tapó los ojos, iba encaminándome de frente y yo me puse ansioso porque no sabía a dónde me llevaba y por qué.
—No vas a ver hasta que entremos a la tienda. De verdad espero haber escogido bien. Hubiéramos venido con Dorothy, pero, se quedará en casa de unas amigas esta noche, así que será en otra ocasión.
Floy me dirigió hasta el local y sonó una campanilla cuando entramos. Se escuchaban ladridos, recuerdo haber tomado a Floy de un brazo cuando los escuché.
—Tranquilo, no es un perro. Sé que no te gustan; además, son una responsabilidad muy grande, y no quiero acapararte con algo tan complicado para ti solo.
Caminamos unos pasos más y los ladridos se alejaron, ya no escuchaba animales, sólo el sonido de unas burbujas y agua en un filtro.
—Puedes abrirlos.
Estaba frente a un terrario con lámparas. Un escorpión rojo se asomaba detrás de un tronco de madera.
—Pensé que combinaba bien con tu personalidad. ¿Qué dices?, también pensé en peces dorados, pero, son algo aburridos —me susurró.
—¡Está genial!
—¿Te gusta? Lo escogí rojo para que combinara contigo. Además, nos va a ayudar con esos saltamontes que llegan a comerse mis plantas.
Sonreí y le di un abrazo, para luego posar la vista de nuevo en mi nuevo compañero.
—¿Sabes que nombre le vas a poner?
—Creo que lo sé.
Me miró confundida con una sonrisa a medias y me acarició la cabeza, luego me ayudó a levantar el terrario para llevarlo hasta la casa.
Dunkelroth era una buena compañera, era muy silenciosa, pero, me gustaba tenerla cerca. Dorothy le tenía pánico, sin embargo, yo le había explicado que esa especie no era venenosa y que, además, no era tan propensa a atacar como otras especies que se veían en documentales.
El Pandinus Imperator era un escorpión dócil que no necesitaba de cuidados muy específicos y que suponía una mascota bastante exótica, aunque, por lo menos, no ilegal. Dunkelroth era una hembra de color marrón rojizo, aunque los más comunes son de color negro y tienen diferentes tonalidades que pueden variar entre el verde y azul.
Le pregunté a aquel hombre qué le parecía la nueva mascota y me dijo que le parecía interesante porque nunca había visto algo así.
—¡Qué insecto tan raro!, ¿Dunkelroth dices que se llama? parece una langosta de mar.
—Ella no es un insecto, es un arácnido, los escorpiones no pertenecen a esa categoría, aunque son artrópodos, igual que las langostas.
—Mmm… ya veo.
Unos dos días después volví a escaparme para ir a buscar a los chicos. Quería pedirles perdón por haber sido tan agresivo, y quería expulsar a lo que sea que hubiera ahí en la tienda.
—¡Ey Roth!, ¿todo bien? Pensé que no ibas a venir más —me saludó Conrad.
—Hola, sí. Quería venir a pedirles perdón por el alboroto del otro día, no era mi intención echarlos así, ustedes no sabían nada.
—Tranquilo Roth —contestó Bavol— todo está bien.
—Si sí, olvídalo. ¿No hay noticias de tus papás? Esperemos que ya pronto aparezcan.
—No, no creo…Ni idea.
» Pero bueno…—continué— ¿íbamos a ponernos de acuerdo con lo de la tienda en la noche? —continué.
—Si sí, claro. ¿Qué tal hoy?, ¿tienen algo que hacer, infelices? —preguntó Conrad.
—Yo no, bueno, tenía ensayo con la banda, pero, puedo faltar un día, o sea, estamos muy bien para el próximo concierto y…
—Sí, o sea, van a sonar igual de mal —contestó Conrad.
—Yo bueno, no sé, tendría que avisarles a mis papás y ellos son algo estrictos conmigo… —confesó Bruno.
—Extras.
—Pero, ¿extras en qué?
—No sé… ¿Una promoción para el disco de Bavol? Si te preguntan es una banda de rock cristiano y ya.
—¿Con ese nombre tan estúpido?
—Piénsalo, peste bubónica, época medieval, iglesia católica; podría funcionar si son lo suficientemente ingenuos. —le sugerí yo.
—¡Oigan! No es estúpido, es… ¡expresivo! —replicó Bavol.
Me había asegurado ese día de dejar la puerta de mi cuarto cerrada, sólo para asegurarme que la señora Floy no fuera a entrar en la noche. Antes de devolverme a la tienda le pasé un papel a Dorothy bajo la puerta, pidiéndole que, por favor, le hiciera saber a Floy que estaba muy cansado y no iba a comer con ellas en la noche.
—¡Qué bien, hoy hay pijamada en la tienda!
—No Bavol; no es una pijamada, eso atenta contra los principios de nuestro club de amigos. —respondió Bruno.
—¿Entonces qué es esto? ¿cómo lo llamarías tú? Vamos a estar confinados, cuatro hombres dentro de una bodega haciendo cosas que no son fáciles de explicarle a la gente.
—No sé… ¿Expulsión? ¿exorcismo? ¿cacería de demonios? ¿horas extra?
—Ninguna de esas suena creíble; menos trabajando en una venta de discos que vende menos de diez copias en una semana. Si preguntan sólo digan que nos estábamos drogando, esa sí se la van a creer. —respondió Conrad mientras cerraba la puerta principal con llave y apagaba las luces en el área de cajas.
La luz de la bodega comenzó a parpadear.
—¡Ya llegó el que faltaba! Necesito grabar esto, voy a poner a cargar una de las cámaras.