Al día siguiente desperté tarde con un olor desagradable encima; se me había hecho un hongo que me cubría casi todo el brazo derecho y me picaba muchísimo. Sobre este, tenía una baba maloliente y espesa.
Lo primero que quise hacer fue ir a buscar a mis amigos a la tienda, para saber cómo estaban y ver si sabían algo de Bruno.
Floy había tomado el día por una cita médica y estaba en el comedor viendo el noticiario, yo me vestí con manga larga y un gorro, y bajé para ver a la profesora.
«Encontraron al joven a las orillas del río a horas de la mañana luego de una búsqueda continua; los padres habrían denunciado la desaparición del joven a horas de la madrugada, cuando se supone que debía haber llegado de hacer horas extras en su trabajo».
—Profesora, ¿me da un momento, por favor?
Me moví al comedor casi como un rayo a ver qué era lo que había pasado.
Habían encontrado el cuerpo de Bruno.
—Roth, ¿no es ese uno de los muchachos que vino a buscarte aquel día?
—…Sí… es Bruno.
Ese día estaba lloviendo; no podía pedirle a Floy que me dejara salir, y no podía escaparme porque sería demasiado evidente.
Me pregunté a mí mismo si sólo habría sido él, y si Conrad y Bavol estaban bien. Noté que Floy estaba estresada, no dejaba de comerse las uñas mientras veía la noticia.
—¿Sabes Roth?, quería hablar contigo y con Dorothy sobre una decisión que tengo en mente.
—¿Sobre qué es? —pregunté con la vista puesta en la televisión.
—Ya no me gusta vivir aquí.
—¿Tienen familia fuera de Sontra? Yo tengo familia en Rosenheim, pero bueno… Ya sabes.
—Sí… pero no, yo… Yo me refería a otro país, no ciudad.
Volví a verla confundido.
—Sí sí, ya sé. Es una idea descabellada, pero…
—¿Es un proyecto a corto plazo o a largo plazo?
Floy trabajaba en un bufete de abogados como traductora legal, pensé que le habían ofrecido un mejor trabajo en algún otro lugar o que deseaba buscar oportunidades nuevas.
—De hecho, la casa ya está en venta, lo está hace unas semanas atrás, bueno, un mes.
Hacía un mes se habían “ido” mis padres; y, a no ser que ella tuviera la idea de sacarme del país encubierto (lo cual, más adelante descubrí que era así), no tenía la más mínima idea de cuál era el plan real.
—Vuelve con la profesora —me indicó dándome una palmada en la espalda—, más tarde hablaremos de eso.
Empecé a pensar que existía la posibilidad de que Floy tuviera familia fuera del país y que de ahí viniera su idea, si es que la opción del trabajo era errónea.
Me aterraba pensar en lo que le podía salir de la mente, pero, algo era cierto: Ella sabía perfectamente lo que hacía, y yo iba a confiar en ella.
En el momento en el que a mí me consumía el estrés por saber que le había pasado a mis amigos, Floy se sentía ansiosa por la decisión que había tomado hacía unas semanas. Más tarde ese mismo día nos reunió en la mesa para conversar.
—Chicos, como saben he estado tomando ciertas decisiones últimamente, pero necesito de sus puntos de vista para asegurarme de que lo estoy haciendo bien.
—¿Dónde vamos a ir, ma? ¿voy a seguir viajando a esta escuela o a una nueva? —preguntó Dorothy.
—Estaremos algo lejos, y tendrás que ir a una escuela nueva.
—Oh, entiendo.
—¿Ya has pensado en un lugar? —le pregunté a Floy.
—Sí, tengo varios en mente.
—Y, ¿alguien ha preguntado por la casa?
Floy asintió.
—Ya tengo varias ofertas, sólo necesitan mi visto bueno, y es probable que nos vayamos sin muchos de los muebles y electrodomésticos.
—Y, ¿tienes ofertas de trabajo en alguno de los lugares?
—Sí, tengo un par.
Floy se puso de pie y se acomodó la camiseta.
—Quiero que los dos hagan una lista —nos señaló— escriban climas, animales o lugares que les gusten.
Tuve cierto escalofrío en ese momento, Dorothy ni siquiera parecía entender la situación completamente, todo parecía tan impulsivo. ¿Era capaz Floy de haber montado todo esto sólo para sacarnos de Sontra?
Ya en la noche cuando estaba en mi recamara preparándome para dormir Floy llegó a tocar la puerta. Cuando la abrió pasó a sentarse a un lado de mi cama, yo estaba sin camisa buscando ropa para dormir.
—Buenas noches, Roth, quería entrar un momento a hablarte antes de que te acuestes.
—Claro que sí. ¿Qué es?
—¿Cómo va la li… Roth, ¿qué tienes en el brazo? ¿te ortigó un insecto?
—Creo que es un hongo, me pica bastante.
—Ay no, ven conmigo, vamos a curar esa cosa, no quieres que se te corra a todo el brazo. ¿Cómo llegó eso a tu brazo? Tú no padeces de la piel ni...bueno, no sé, pudo haber sido la humedad, supongo, ¿has salido al jardín estos días que está lloviendo?
—Pero, sólo ha llovido un par de días, aún estamos en verano… —le mencioné caminando hacia el baño.
Floy, cuánto confundida quedó perpleja al ver que no había notado los rasguños en mis cienes. Recuerdo que llegando al baño ella me tomó de las manos y se sentó en la orilla de la bañera.
—Roth, ¿te hiciste daño tú solo?
—No… Yo…
—Roth, no quiero que te sientas presionado o triste por lo que está pasando. Si algo no te gusta o no te parece quiero que me lo digas y me expreses cómo te sientes; lo último que quiero es tomar una decisión que te afecte a ti o que te haga sentir mal.
—No fui yo, en serio. Y no estoy preocupado por lo de la mudanza, sólo me pone ansioso no saber a dónde iremos o…
—Roth, si no fuiste tú, ¿quién fue?
—Dile a la trabajadora social que fui yo.
—¿Quién te lo hizo Roth? ¿fueron tus amigos?
—No. Creo que fue el mismo que me provocó el hongo... Pero, no quiero que te asustes o te alarmes. Yo... he vencido uno que otro miedo estos días. Te lo explicaré mejor en otra ocasión.
Floy torció la cabeza confundida.
—No entiendo Roth. ¿Cómo que fue el mismo?
—No importa, ¿sí? Déjalo como está... Ya empecé la lista, pero, apenas llevo unos dos lugares y…