Me encaminé a la tienda en cuanto pude; para mi sorpresa, cuando llegué estaba cerrada y con el candado puesto. Había cintas de policía alrededor y se me heló la sangre.
Comencé a caminar en círculos por el centro bastante aturdido hasta que escuché un: “¿Eres tú Roth?, ¿qué haces aquí!? Te dejé bien claro que no quería verte fuera de la casa de Floy…”
Era la oficial Schulz, que ahora estaba llevando mi caso y aparentemente el de Bruno. Al verla me puse pálido y comencé a correr despavorido.
—¡Roth espera! ¡No corras! ¡Vuelve aquí!
Corrí y corrí hasta casi cruzar el centro y perder a la oficial de vista. Fue cuestión de momentos hasta toparme con Bavol en el camino, que estaba con unos amigos.
—¡Bavol! ¿¡Qué fue lo que pasó!?
—¡Bruno está muerto! ¡Y fue tu culpa! —gritaba a la distancia.
—¿Por qué mi culpa?
—Tú nos dejaste ahí solos con esa cosa Roth. Le abriste la puerta a esa cosa para que nos acabara y Bruno perdió la vida por tu culpa.
Mientras yo me acercaba, Bavol caminaba en reversa.
—Eso no fue mi culpa, Caim lo tomó, ¡yo intenté detenerlo, pero no pude!
—Esa cosa estaba ahí por tu culpa, te quería a ti, no a Bruno; y tú te fuiste sobre las olas y nos dejaste ahí. Además, eres un asesino.
—¡No te atrevas a abrir la boca sobre ese tema o te romperé la cabeza!
Me di la espalda para volver a casa.
Escuché a Bruno hablar de nuevo mientras me alejaba.
—¡Eres un monstruo! Bruno no le hizo daño a nadie.
Me volteé de nuevo para contestarle.
—¿Ah sí? ¿el único malo soy yo? ¿qué hay de Caim? ¿creen que no los hubiera empalado igual que a Blaz si yo no lo hubiera intentado convencer? ¡Les hice un maldito favor sacándolo de ahí!
—¡¿Por qué tenías que aceptar su oferta!? Se llevó a Blaz y a Bruno y te llevará a ti también. Además, él dijo que te esperó ahí durante mucho tiempo.
—¡Sí! ¡Porque sabía que nos encontraríamos! ¡Él no llegó hasta ahí por casualidad! No fue esa tabla inútil con números y letras, él siempre estuvo cerca de nosotros, en especial de mí… ¡Ese condenado pájaro en el tejado era uno de ellos! ¡Era un buitre quebrantahuesos!
» Escucha… —continué sin dar el paso— Es cierto, no puedo traer a Bruno de vuelta, así como tampoco puedo traer a mi hermano. Encontraré alguna forma de arreglar las cosas, ¿sí? Todo lo que Caim me ofreció es falso, siempre lo es. Los demonios son así, crueles y manipuladores. Imagino que le ofreció a Alisson y a Hen algo similar; y mira lo que pasó. Yo estoy aquí y ellos ya no. Si el demonio encuentra algo mejor que yo, tampoco lo pensará dos veces para traicionarme, especialmente si ni siquiera tiene forma de probar que mi padre biológico no es Hen.
Continué alejándome, no quería alterar más el ánimo de Bavol, pero, el me gritó nuevamente a la distancia y me dijo que debía decirme algo más.
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—Roth, espera un momento, ¡maldición!, tengo que decirte algo.
Me voltee nuevamente para encararlo, caminó cabizbajo hacia mí, buscando sacar algo de su bolso.
—La mamá de mi mamá… —tomo una bocanada de aire antes de continuar— mi abuela es… ella…ella me dijo que había visto algo. Fue hace un par de semanas. Me dijo que te había visto a ti en una visión hace unos días, antes del incidente. Me dijo que creía que estabas maldito, que estabas condenado a vagar entre muerte y que te esperaba una vida de traiciones, que tu destino había sido sellado hace tiempo. Yo… yo estuve pensando mucho sobre eso, sus premoniciones suelen ser ciertas, pero, quiero creer que aún se puede cambiar eso, así que intenté averiguar lo que pudiera. Conseguí esto entre las cosas que dejaron los antiguos dueños de la tienda, yo lo conservé durante mucho tiempo porque Conrad me pidió que me deshiciera de él, es un grimorio o algo así, creo que le perteneció a un monje de Wendhusen, es el único monasterio cerca de Brocken que conozco que aún esté en pie. Yo me lo iba a quedar, pero... Espero le encuentres algún uso.
—Gracias Bavol.
—Me voy, ¿está bien? Es sólo que…prefiero no…
—Está bien, no hay problema, yo entiendo…Adiós.
Me alejé lentamente, dejando a Bavol hablando solo y tomé rumbo hacia la salida del pueblo. Cerca de la estación de trenes di con Conrad, que, desde la distancia, mantenía su vista fija en mí.
—Tú… Tú estás maldito —me decía señalándome con su dedo índice— Lo estarás hasta el día que mueras…
» Pero sabes —continuó cuando estábamos frente a frente— creo que yo también lo estoy.
—Está bien si no me perdonas, yo tampoco lo haría. Pero, quiero que sepas que hubiera preferido que Caim se fuera conmigo y no con Bruno. Ni Blaz, aunque no lo conocí.
—No entiendo por qué tienen que pasar estas cosas, ¿sabes? No entiendo qué es lo que Caim buscaba probar con todo esto.
—Mi mamá era una bruja, practicaba magia negra y participaba en aquelarres que se formaban en las faldas del Brocken; según lo que el demonio dijo, que de todas formas no tengo manera de probar que es verdad, ella quedó embarazada de un monje oscurantista que había hecho un pacto con el diablo hace siglos, no sé qué pasó o cómo, no tiene sentido… pero, Caim me quería a mí; traicionó a mi mamá porque yo le soy de más ayuda, yo heredé los dones de este monje. Perdón por haber aceptado la oferta, no quería arriesgar la vida de ustedes dos o de Floy, son lo único que tengo…Se lo prometí a Bavol, voy a encontrar la forma de arreglar esto, lo haré por mi hermano, por Blaz y por Bruno; solo quiero saber algo. ¿No me odias?
Conrad lo pensó un momento mientras sacaba un cigarro de la bolsa de su pantalón y lo encendía con un bricket que llevaba en la jacket. Soltó un suspiro viendo hacia el cielo y me contestó sin mirarme a los ojos:
—Odiarte no va a traer a Bruno ni a Blaz de vuelta. Prefiero dejarlo así; podría odiarte a ti y podría agarrarte a golpes, podría odiar a mi abuelo que fue un oficial de la SS, podría odiar a mi padre por ser alcohólico, podría odiar a Dagna por haberse ido, podría odiar este país y podría odiar mi vida; y, sin embargo, las cosas no cambiarían.