Anécdotas perdidas de Roth Mueller

XIII

En casa, nos topamos a Dorothy sentada en el jardín; Floy le preguntó qué hacía ahí, y ella le explicó que unos tipos algo extraños habían entrado a la casa, que supuestamente venían de parte mía y dejarían algo para mí.

—Los neos, ¿cierto? —pregunté.

Dorothy levantó los hombros.

Corrí escaleras arriba para llegar al cuarto y encontrar la puerta completamente abierta, los dibujos y pinturas en la pared hechos añicos, libros y ropa destruidos, las paredes llenas de mensajes, pintándome de asesino y nombrando algunos insultos poco creativos, y el terrario de Dunkelroth roto en el suelo. Entre los cristales hechos pedazos y la tierra y arena regados, encontré a mi única amiga muerta, con el exosqueleto hecho pedazos, atravesada por un puñal con una nota de amenaza. A sólo días de haberla adoptado, ya me la habían arrancado de las manos, cuales se llenaron de pequeños cortes por el vidrio, mientras mis lágrimas ahora corrían como la histeria y la ira en mi cabeza mientras movía las piezas de vidrio a un lado. Me temblaban las manos y tenía la cara y las palmas llenas de sangre.

—Roth, ¿qué pasó? ¿fue por la pelea del otro día?

—No quería asustarte, y francamente no esperaba que pasara.

—Necesitamos irnos de aquí en cuanto antes. ¡Estoy harta de este lugar! ¿¡Cómo fueron capaces de hacerte algo así!?

—Está bien… Sólo me sorprende que la policía los haya dejado entrar al municipio otra vez.

—¿Son los mismos?

—Tal vez sólo uno de ellos, creo que el otro quedó cuadripléjico. ¿Dañaron alguna de tus cosas?

—Un par de cosas de vidrio y unos adornos, creo, nada muy importante.

Floy se agachó a mi lado para juntar cosas rotas del suelo, Dorothy se fue a buscar una bolsa de basura.

—Déjalo así, no creo que empeore. Igual ya no saldré más de la casa, lo prometo. Perdóname por haber salido a escondidas tuyas.

—No estoy enojada por eso, sabía que lo harías, te conozco.

Hubo un silencio largo e incómodo.

—Roth, puedo… puedo comprarte otro escorpión. Puedes pasarte al cuarto de abajo si quisieras, te ayudo a mover tus cosas y…

—Quiero estar solo un rato.

—Claro, está bien. Avísame si necesitas algo…

Horas más tarde, ya cayendo la noche, Floy subió a mi cuarto para avisarme que la cena estaba lista.

—Van a venir a ver la casa en estos días. Tenemos que empezar a prepararnos para irnos —me indicó.

—¿A dónde vamos a ir?

—Digamos que tengo un lugar en mente. ¿Qué hay de ti?

—Puse un par de lugares en la lista, pero, a decir verdad, no lo pensé demasiado.

—Ya veo. Bueno, ¿qué puedo decirte? Si la casa se vende tendremos que irnos en un par de meses o incluso menos.

—¿Le mencionaste a la policía que nos iremos?, ¿cómo te dieron permiso?

—Ellos no lo saben bien aún, yo les mencioné que había un pariente tuyo en Berlín que me había contactado para cuidarte. En todo caso, puedo hacerles creer que fuiste allí y sacarte con un pasaporte falso si es posible.

—¿Y cómo? Yo no tengo familia en Berlín, ¿cómo conseguiste los papeles?

—Los abogados tienen trucos, y yo trabajo con varios de ellos, ya lo tenía pensado; Considero que lo más importante es dejar todo listo antes de la fecha. ¿Hay alguna cosa que quieras hacer antes de irte?

—¿A qué te refieres?

—Oh, ya sabes, despedirte de alguien o de algún lugar en específico.

—No sé, no creo, ¿puedo saber cuál es ese lugar que tienes en mente?

—Está en América Central, igual que la mariposa que te gusta.

Ahora toda mi atención estaba en lo que Floy me decía, quien se había arrecostado al marco de la puerta mientras leía en silencio todo lo que habían escrito en las paredes.

—¿Qué más?

—Ahh pues, es un país pequeño.

—¿Qué idiomas hablan ahí? ¿Podemos tener un jardín grande?

— Español, y sí, claro que sí. Y leí que tienen casi 13500 especies de mariposas diurnas y nocturnas.

—¿¡Es verdad!?

—Por supuesto.

—¿Dorothy sabe?

—Le he mencionado algunas cosas, pero no quiero que se emocione demasiado y luego no vendamos la casa.

Pensé por un rato en si había realmente algo que tuviera que hacer antes de que nos fuéramos.

¿Mis amigos? No, ya me había despedido de Conrad y Bavol.

¿Familia? Se negaron rotundamente a aceptarme en Rosenheim, mis papás no eran los únicos infelices, menos ahora que ambos estaban “desaparecidos”.

¿Compañeros? Tenía cerca de 2 años de no poner un pie en el instituto o escuela y recibía tutorías en mi casa desde hacía tiempo.

—¿A qué te referías exactamente con lo de hacer algo antes de irme?

—Bueno, tomando en cuenta que las cosas con tus amigos ya llegaron a su final, podrías pensar más bien en alguna despedida hacia Sontra propiamente. ¿Hay algún lugar que sea tu favorito en todo el pueblo? O tal vez sí hubiera alguien a quien quisieras acercarte, este puede ser el momento adecuado, si crees que vale la pena, claro.

Tal vez yo no sabía de algo a primeras, pero, Hombre Sombra sí, y me lo hizo saber esa noche soñando en aquel cuarto con luz roja mientras yo dormía.

—Me parece prudente aprovechar la oportunidad con lo que yo considero que es un espinazo.

—¿Qué tienes en mente? Respecto a lo que dijo Floy, creo que no tengo un lugar favorito ni nada por hacer.

—Yo pienso diferente. Y tengo planteada una incógnita que necesita de tu reflexión.

—¿Cuál?

—Explícame con detalle lo que mencionó Caim de ti el día de la reunión.

—¿Qué parte? ¿Te refieres a lo de mi abuela?

—Tú sabes bien que no. ¿Podrías prestarme ese recuerdo?

—¿Cómo es que no sabes qué pasó? Si eres yo, sabes qué fue lo que me hizo ese hombre.

—Por favor, no te alteres antes de lo necesario, Roth. Sabes que soy energía que emanó de tu tristeza y enojo, no de tus recuerdos.

—Nadie hizo nada por ayudarme. Hablarle sobre ello a las autoridades no mejorará nada. Se limpiarán el culo con lo que les diga, justo como lo hicieron con las denuncias que puso Floy… ellos hablan todo el tiempo, repiten, insultan, juzgan y nunca se callan; pero, cuando les pedí ayuda, Floy fue la única que me creyó.



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En el texto hay: demonios, drama, paranormal

Editado: 25.04.2026

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