Anécdotas perdidas de Roth Mueller

XIV

Ese día me quedé un rato hablando con el hombre sombra y desperté entre la oscuridad a eso de medianoche.

La casa del hombre a quién conocía únicamente como Ernst estaba detrás de mi antigua casa, viendo hacia el jardín trasero.

Había sólo una luz encendida, la de su oficina; escurriéndome entre los pasillos de la casa, me agaché detrás de una pared falsa en la sala. En cuclillas me acerqué a tocar el botón del radio que tenía a un lado del televisor. Sonó una emisora con volumen muy alto, escuché a Ernst desde la oficina acercándose, volví a esconderme.

[♪♪♪]

Who can it be knocking at my door?

Make no sound, tip-toe across the floor

If he hears, he'll knock all day

I'll be trapped, and here I'll have to stay

I've done no harm, I keep to myself

There's nothing wrong with my state of mental health

I like it here with my childhood friend

Here they come, those feelings again!

Men at work - who can it be now?

[♪♪♪]

Con la palanca que llevaba conmigo me fui encima de Ernst para darle por la cabeza.

Lo arrastré a su oficina y lo subí a una silla, para posteriormente atarlo con gaza plástica y meterle un pañuelo de tela en la boca y amarrarle otro para taparle los ojos, cuales improvisé con ropa de su tendedero.

En su oficina no se veía mucho, no reconocía nada familiar de ese lado de la casa. Su dormitorio, en cambio tenía una conexión directa por el clóset a otro cuarto. Este último me erizó la piel de inmediato.

Estaba decorado como para una niña pequeña, lleno de peluches, con alfombras de colores y tapiz de flores en las paredes. Me recordó al cuarto de Dorothy, me dio escalofríos.

Las ventanas estaban selladas con tablas y pasta de silicón. Había cualquier cantidad de vestidos y ropa interior de niño en las gavetas del closet.

Había un servicio sanitario que estaba seco, ya que el tanque no estaba conectado a la manguera del agua. Dentro del tanque, levantando la tapa, había al menos unas veinte cintas de VHS con nombres escritos; y sentí nauseas cuando vi que una de ellas llevaba mi nombre.

—¿No te da miedo que despierte de repente?

—¿Qué haría? No puede soltarse.

Sostenía el VHS en mis manos.

—No te llevarás eso, ¿o sí? Déjate encontrar Roth, y dales una voz a los otros también.

Eso no podía ser lo único que ese hombre tuviera escondido. Traté de levantar la alfombra del piso en busca de algún compartimento o escondite, debajo de la cama y en las gavetas.

Terminé haciendo un desastre a propósito, despedazando partes de la recámara y regando los VHS y discos compactos que encontraba en cada rincón, tirándolos por el piso y hacia el jardín a través de la ventana del otro cuarto.

En su oficina había un archivero con doble fondo dónde guardaba fotografías, cartas, recibos, más cintas y más discos, además de otras piezas de ropa interior infantil.

Las luces de las casas vecinas comenzaron a encenderse al escuchar ventanas romperse y cosas caerse desde el segundo piso de la casa.

—¿¡Quién eres!? —gritaba Ernst habiendo ya despertando, regurgitando el pañuelo de tela que había puesto en su boca— ¡Mandaré a que te maten! Voy a descubrir quién eres.

—No tienes que ir lejos —mencioné bajando las gradas.

—Esa voz... Tú, tú eres… ¡ROTH! ¡El hijo de los Müller! Roth, ¿qué haces aquí? ¿vienes con alguien? Escucho a alguien más contigo ¿¡qué viniste a buscar!? Yo no te he hecho nada para que me hagas esto, es decir —replicaba nervioso.

—Termina.

Hombre Sombra estaba posado casi sobre Ernst, como envolviéndolo en un manto de oscuridad. La tenue iluminación de la oficina era incapaz de penetrar en aquella masa bajo astral llena de enojo.

—Roth, recuerda que yo te ayude aquel día que estabas solo… Yo no permití que murieras de frío y te dejé dormir aquí.

—Ernst. Tú nunca me preguntaste qué era lo que yo prefería… tú nunca le has preguntado eso a ningún niño, ¿o me equivoco?

Hubo un silencio profundo, el único ruido marcado era el del radio.

Ernst abrió la boca.

—¿Vas a matarme, Roth? —preguntó casi con un susurro.

—Afortunadamente, cadáveres como el tuyo no se esconden, se exhiben.

—Mírate Roth, míranos. ¿En qué te convirtió la gente?, no cometas el mismo error, no caigas tan bajo como tus padres.

—Escucha quién lo dice…Podré caer tan bajo como digas, siempre habrá alguien más abajo que yo.

—Roth, yo no soy una persona mala. Soy impulsivo, perdón si te lastimé, no pensé en lo que estaba haciendo yo… yo me vencí a mí mismo con el deseo y…

Dejé a Ernst bajo la guardia del hombre sombra y me moví a la cocina, comencé a buscar objetos puntiagudos, algo que me fuera útil. En una de las puertas de la alacena encontré un destornillador.

—Ahora que pienso en lo que me dices, tal vez nos parecemos en algo Ernst.

—¿En serio? ¿Lo recapacitaste Roth? Te lo dije, podemos arreglar esto.

— De hecho, no. Estaba por decir que yo también me dejo llevar por instintos muy bajos de vez en cuando.

—¿Qu…

Le clavé el destornillador en cada ojo, haciéndolo soltar alaridos que le bajarían por la columna con un escalofrío a cualquiera que los escuchara. Fue cuestión de unos 10 minutos para que escucháramos gente afuera de la casa tocando la puerta y otros gritando que llamarán a la policía, me llevé el destornillador a la bolsa del pantalón y tomé la palanca en mis manos de nuevo.

—Roth. Tenemos que irnos. —Exclamó Hombre Sombra.

—¡Haz silencio maldito infeliz! —le gritaba a Ernst golpeándolo con la palanca—¡están pateando la puerta por tus gritos!

—Roth, apresúrate por favor.

—¡Están pateando la puerta por ti! Este hoyo de hipócritas; pero, cuando yo estaba llorando nadie me ayudó, ¡cuando estaba gritando de dolor me ignoraron! Cuando Alice me insultaba se quedaban callados y cuando papá me encerraba en la bodega decían que sólo así aprendería a comportarme. Quisiera encerrarte en esa bodega para que te comas la mierda que dejé en la alfombra. ¡Pederasta del orto! ¿quién te dijo que mi vida valía la pena? ¿quién te dijo que me estabas haciendo un favor? ¡¡RESPONDE!!



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En el texto hay: demonios, drama, paranormal

Editado: 25.04.2026

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