Durante los años siguientes hice todo lo que pude para mantener mi problema con la bebida a raya; y debo decir, que lo hice medianamente bien.
William y yo fuimos reorganizados en otro departamento junto con otros colegas; lo que ocasionó dejar los teléfonos a un lado, al menos por un tiempo, y pasar al horario de día por un período indefinido. El departamento de recepción de documentos era bastante aburrido, pero, la ventaja era que al no tener que estar siempre al teléfono, nos quedaba tiempo para conversar.
William se me acercó en algún momento durante esa época para mencionarme que la idea de formar un grupo de investigación paranormal le interesaba mucho, y que, estaba dispuesto a por lo menos dar el primer paso para ver si funcionaba, incluso si no lográbamos sacar alguna recompensa monetaria de ello.
Debo admitir que la idea me venía dando vueltas por la cabeza desde hacía unos años; le advertí a mi compañero que, aunque pudiera ser un buen pasatiempo, requeriría de muchos recursos, buena organización y paciencia para comenzar. Además, debíamos pensar en clientes potenciales, o, por lo menos, iniciar con un portafolio de investigaciones propias.
No le mencioné nada a William sobre la relación de mi madre biológica con el ocultismo, sin embargo, no dejaba de pensar en lo de Bruno. Sabía por esa experiencia y varias otras más que yo tenía un talento de comunicación con el otro mundo; Caim me lo había dejado en claro. Él podía ver en mí la capacidad para crear, abrir y cruzar esas puertas.
Ni qué decir de Joseph, de vez en cuando me mencionaba como había visto cierta cosa o persona que se veía así y asá, y eso no siempre significaba que yo pudiera verlos; era obvio que tenía una percepción aún más clara que la mía respecto a manifestaciones paranormales.
Me reuní con William y con Joseph un día para hablarles a ambos sobre todo esto, sobre porqué lo había ocultado tanto tiempo y por qué aún me generaba ansiedad el pensar en lo que había pasado con Bruno.
Ambos entendieron el porqué de mis inseguridades, pero, me hicieron ver que mi resignación no era más que un obstáculo en mi vida, y que, el utilizar lo que había aprendido me serviría para que, alguna forma, encontrara la redención ayudando a otros como en algún momento quise hacerlo con mis amigos.
—Ahora tienes algo que no tenías en ese momento, tienes a Joseph. Y, si es correcto lo que dices sobre él, no veo por qué no pueda ser parte del grupo. Además, le prometiste a tus amigos que resolverías lo que alguna vez iniciaste. Este puede ser un buen momento.
Ese mismo año formamos el grupo junto con otras dos personas de la oficina, contacté a Dorothy para que pudiera enviarme cualquier libro o material que hubiera quedado en mi vieja casa en Sontra; también le indiqué que era posible que tuviera que volver a Alemania en algún momento, ya que consideraba que había mucha investigación de por medio con respecto al paradero de mi “padre” biológico, según las palabras que me había dictado Caim. El envío tardó unos meses en llegar, y la caja contenía todo tipo de libros, artículos varios y documentos que solían ser de Allison.
En ese tiempo descubrí, debido al estudio que les había dedicado a los libros de Alice, que Joseph era lo que conocían en el ocultismo como un demonio de segundo orden.
Existía una jerarquía de demonios que se dividía en dos grupos principales; los demonios de primer orden, que eran seres oscuros tan antiguos como la civilización misma y que mantenían contacto con los seres humanos, especialmente con quienes habían heredado los dones de visión y comunicación, y con los practicantes del ocultismo.
Los demonios de segundo orden eran como híbridos entre demonios de primer orden y seres humanos; a simple vista eran como cualquier persona, pero, conforme uno iba indagando en sus conductas y origen, era común encontrar talentos o habilidades especiales que no eran ni mencionables entre los mortales.
Los individuos de este grupo suelen tener padrinos designados desde su nacimiento, quienes, en este caso, son demonios de primer orden. Estos padrinos se encargan de velar por su existencia en este plano y les brindan orientación y apoyo cuando lo requieren. Además, los demonios padrinos son los responsables de transmitir dones o habilidades a los demonios de segundo orden.
Si no lo hubiera averiguado por medio de esos libros, posiblemente no lo hubiera notado después de mucho tiempo; no es como que Joseph anduviera por toda la casa caminando sobre las paredes o algo por el estilo. No sabía mucho sobre las habilidades de Joseph, tampoco sabía cuál demonio era su padrino, jamás lo había visto. Esto hasta una ocasión en la que encontré dibujos de un sigilo en uno de sus cuadernos, que, me indicaron después de una rápida investigación que era Aim o Haborym, el “duque” del infierno de 3 cabezas que mandaba sobre 26 legiones y que muchos demonólogos creían como consejero del mismo Lucifer.
En ciertas ocasiones, me vi en la necesidad de intervenir para calmar a Joseph, aplicando los conocimientos que tenía sobre expulsiones y exorcismos. Siempre consideraba que era un buen momento para explorar nuevas técnicas cuando su comportamiento se tornaba agitado. Aunque no siempre comprendía las razones detrás de su alteración, mi enfoque se centraba en tranquilizarlo y protegerlo de la atención de los demás cuando lo consideraba pertinente.
Respecto al grupo, nos hicimos de varias investigaciones con ciertos conocidos, así como algunos casos que decidimos investigar por cuenta propia en lugares mayormente abandonados.
El grupo se llama Psicofonías I.P y consta de 5 miembros; William, Natalia, Charlie y yo, todos compañeros de la oficina, y luego estaba Joseph, que usualmente nos daba el primer veredicto al llegar al lugar, según lo que pudiera ver de buenas a primeras.
Para esos meses, sentí que poco a poco recobraba el control en mi vida.