Ángel Caído

Capítulo I - Desaparecido

Dentro de dos días sería sábado, nadie más parecía alterado, además de Karen y yo claro está. Los últimos días pasaron volando entre preparativos, y ahora no quedaba más que esperar nerviosos el gran día ¿Por qué el sábado era un gran día? Simple, porque era el cumpleaños de Karen.

Todo el mundo creerá que exageramos al vernos así, pero la mayoría de ellos no entiende nada. El cumpleaños de Karen me llenaba de felicidad y me hacia agradecer, pues hace dieciocho años había nacido mi alma gemela… Pero por otro lado nos tenia de los pelos a todos (sus padres, ella y yo).

¿Por qué? Era simple: la familia de Karen. Por extraño que parezca, la alocada imaginación y personalidad de la madre de Karen salió de una integra y estricta italiana, perteneciente a una imponente e histórica familia que se seguía guiando por absurdas formalidades.

La madre de Karen, la señora Lauren Sforza, era una mujer creativa y maravillosa, que viajó a Latinoamérica huyendo de su asfixiante y agobiante familia, con la excusa de querer estudiar un poco la cultura del país dentro de una costosísima y exclusiva universidad de artes. Aquí conoció a Ricardo Pope, un importante diseñador que fue invitado a la eminente universidad en la que ella estudiaba… Luego de la graduación ellos dos se casaron, aun contra la opinión de la familia Sforza. Ella no se dejó intimidar por las múltiples amenazas de su familia, dándole un toque final a su rebeldía cambiando su apellido legalmente de “Sforza” a “Pope”.

Luego de eso el por venir de su matrimonio fue un montón de subidas y bajadas. Muchas de las discusiones de los padres de Karen tenían que ver con la familia de Lauren Pope (anteriormente Sforza), aunque lograron sobrevivir los años más difíciles. Ahora todos vivíamos una tensa calma (Sí. Todos. Me incluyo, porque lo viví a través de mi mejor amiga y lo sentí como una experiencia propia… Y por si no se lo habían planteado, esa guerra duró el suficiente tiempo como para que yo pudiera llegar a la vida de Karen y ser parte de ella, es decir, muchos años).

Las familias habían llegado a un acuerdo, ellos no molestarían más a los Pope con la condición de que se realizara la respectiva fiesta con carácter “social exclusivo” todos los cumpleaños de mi mejor amiga, y esos serian los días donde TODA la familia se reuniría.

Tenía varias teorías al respecto, y la más lógica era que ellos querían mantener una mano encima sobre la descendencia que heredaría siglos y siglos de riquezas acumuladas bajo el apellido “Sforza” (aunque las riquezas que posee dicha familia sea producto de un sinfín de derramamiento de sangre).

Los primeros años ellos organizaban las fiestas y nosotros simplemente asistíamos… Pero, el evento era tan estirado y monótono que cada uno de los cumpleaños de mi mejor amiga se habían convertido en un martirio. Por eso, los padres de Karen y yo decidimos tomar cartas en el asunto y encargarnos nosotros personalmente de la organización de sus cumpleaños.

Como los padres de Karen eran personas ocupadas a veces dejaban a otras personas al mando de la organización, aunque ellos intentaban participar todo lo que podían, y yo era el único factor que no variaba dentro de la operación. Excepto el año pasado, que por primera vez en años me desentendí de todo aquello.

Ahora que el tiempo ha pasado y puedo respirar algo más tranquila sobre mi vida y lo ocurrido con mi hermana, decidí colocarle todo el empeño del mundo a la organización del cumpleaños de este año.

No se confundan, no todo es una pesadilla, la verdad es que lo disfrutábamos mucho, es solo que la tensión de la espera y el saber que todas las tías abuelas de Karen vendrían con sus horribles perros de pedigree francés nos hacía pensar en la posibilidad de arrancarnos el cabello… Al menos, solo un poco.

-¿Me estás ignorando? – Preguntó Leon desde su lugar mientras arqueaba una de sus cejas.

-No… - Mentí descaradamente, consiguiendo que él sonriera abiertamente y me hipnotizara por un momento.

-Cariño – acomodó mi cabello detrás de mi oreja – A veces debes ceder con la verdad – Se levantó utilizando los codos de apoyo contra la pequeña y circular mesa (nos encontrábamos en un pequeño café ubicado dentro de la biblioteca del Colegio), luego acercó sus labios a los míos uniéndolos en un profundo pero corto beso, para terminar cortando el contacto depositando un leve beso en la punta de mi nariz y volviendo a lo suyo.

-Es difícil – dije luego de salir de mi estupor – creo que tengo un problema – Miré detenidamente a Leon, quien escribía algo en su libro de historia – Culpo a Karen por eso, ella me enseñó a mentir y desde entonces no he dejado de hacerlo – rió levemente mientras que negaba divertido con su cabeza.

-¿Qué sería de mi si no te hubiera conocido? - Preguntó a nadie en particular. Lo miré con curiosidad sin saber a qué se refería exactamente.

-Seguirías siendo un Guardián – Contesté con simpleza.

-Sí, pero ¿Qué tipo de Guardián sería? – Se encogió de hombros – Estoy seguro de que sería muy diferente a la persona que soy ahora.

-Tienes razón – lo pensé por un momento – No serias el híbrido más extraño de la historia de los híbridos.

-Creí que esa eras tú – Respondió rápidamente de forma burlona.

-Y – Lo ignoré – Tampoco tendrías tanto trabajo porque estoy segura que pocos Raheas tienen una mejor amiga como Karen.




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