Lucía vio que la expresión de Samuel había cambiado, ahora se mostraba asustado y no entendía la razón. Sofía también había notado ese cambio de expresión, pero pensó que se estaba equivocando, sin embargo, al ver a Lucía que también lo miraba desconcertada, entendió que algo no estaba bien. Él comenzó a respirar de forma agitada, sus manos estaban sudorosas y su piel era como el de una gallina.
—¿Qué está pasando? ¿Te pasa algo? —ella lo miró confundida y quiso ver detalles en la foto, solo veía un abrazo y que el eclipse se veía hermoso.
—Pregunta Lucía...¿Cada cuánto tiempo sucede este fenómeno?
—Cada 100 años, ¿por qué? —Samuel entonces lo recordó, ese fenómeno había nacido porque sucedió la primera traición a Dios...y solo los ángeles pueden ver lo negativo de ese eclipse...lo que observaba Samuel es que el eclipse reflejaba fuego y sangre a su alrededor, además de ver que el cielo se tornaba de nubes negras. Ese fenómeno solo lo podía observar un ángel, y Samuel entendió lo que significaba.
—Lucía, debemos irnos ahora.
—¿Ahora? Pero...el eclipse no termina…
—Lo siento, yo..no puedo explicarte… —Samuel tomó la mano de Lucía y comenzó a correr y abrirse paso entre la multitud. Sofía y Víctor al ver que ellos se iban, deciden seguirles para saber qué pasaba —chicos, deben saber algo sobre mí y es muy importante…
—¿Más importante que yo? —preguntó un hombre encapuchado que levantó a Samuel y lo lanzó hacía los botes de basura que habían cerca, aquel estaba rodeado de un aura negra y lo esparció en el lugar para así paralizar el tiempo y que nadie viera lo que estaba pasando excepto los tres chicos.
—¡Samuel! —Lucía intentó ayudarlo, pero su cuerpo no le obedecía. Los otros dos, también intentaron moverse, pero se habían quedado congelados y comenzaron a quejarse de dolor, ya que ese hombre había puesto el ambiente muy caluroso y las pieles de ellos empezaron a sentir un ardor que iba en aumento.
—¡Ustedes quédense allí! Me gustaría que sepan lo que Samuel debía contarles —exclamó aquel que solo sonreía y caminó hacía Samuel. Él se incorporó e intentó ayudar a los chicos, pero el hombre lo volvió a atrapar y le cogió el cuello para alzarlo y así desorientarlo—oye, tu atención debe centrarse en mí, no hagas que me enoje más contigo…
—Déjalos ir…¡No te hicieron nada! —gritó Samuel en un intento de que ese hombre entrara en razón, pero comenzó a apretar más su cuello y la respiración se le iba cada vez más —No…hagas..esto…por favor..déjalos…ir…
—Que lástima me das Samuel, pero ahora quiero ver la reacción de tu humana, para ver si le gustará lo que mostraré a continuación —Lucía y los demás pudieron moverse, pero cayeron al suelo de golpe. Mientras que aquel con su otra mano libre tocó el pecho de Samuel y éste gritó de dolor. Poco a poco éste perdía su apariencia humana, de su espalda salieron alas gigantes y su ropa cambió a una túnica blanca, su rostro e incluso su voz volvieron a lo que era antes: el ángel de la guarda llamado Sebastian.
—¿Sebastian? —Lucía al verlo de pies a cabeza comenzó a llorar, mientras que él cayó como un trapo hacia el suelo en tanto a rastras se acercó a ella—se supone que tú...¡¿Cómo pudiste?!
—Lucía, yo quería...protegerte...no tuve...opciones, era mi vida o verte sufrir...elegí quedarme a tu lado sin importar que...pero…todo se complicó y...—su mirada mostraba sinceridad, pero los de ella mostraba furia y decepción —te juro que...no quería llegar a esto...solo quería que…fueras feliz…
—¡Yo…no te..pedí que te quedarás a mi lado! ¡Me engañaste!
—Lucía, mi pequeña y dulce ángel…no hagas esto…
—Samuel, o mejor dicho, Sebastian, debes pagar una deuda..así que…— el demonio sonriendo levantó a Lucía del cuello y mostró sus alas de murciélago, allí fue que emprendió el vuelo lejos del lugar —tomaré a esta humana como pago.
—¡Lucía! —exclamó Sofía muy asustada que había visto la escena junto a Victor.
—¡Noooo! —Sebastian, corrió tras el demonio y notó que Arturo también estaba en el lugar. Sin embargo, eso no le importó y fue cuando abrió sus alas para seguir al demonio —¡Déjala!
—¡Atrapen al ángel Sebastian! ¡No dejen que se escape! —exclamó Arturo que había llegado junto a Martin y otros ángeles de menor rango al lugar. Al ver que Sebastian había recuperado su forma de ángel y que intentaba escapar, mando la orden de que lo atraparan vivo. Los demás ángeles obedecieron y comenzaron a seguirlo y con sus látigos intentaban atrapar a Sebastian que volaba cerca del demonio y éste podía ver que Lucía iba perdiendo el conocimiento. Tanto Sebastian como el demonio volaban entre edificios y realizaban giros cerrados con el objetivo de perderlos de vista, pero era en vano.
—¡Lucíaaaaaa! —. Ella vió que Sebastian estaba detrás de ella y luego vio al demonio que sonreía de forma diabólica. Comenzó a recordar cómo es que había iniciado todo, desde su infancia, los momentos que pasó con Sebastian y luego con Samuel y cómo es que poco a poco ella empezó a recuperar la fe en los demás y en ella misma; todo ello ahora le causa rabia y decepción de que se haya dejado influenciar por Sebastian, aquel que ángel que le había cambiado la vida…
—¡Basta de juegos! ¡Es hora de acabar con esto! —el demonio muy enfadado, decide abrir el portal que conduce al inframundo, y estuvo a punto de arrojar a Lucía allí para que él pudiera escapar. No obstante, no contó con que Sebastian con su látigo celeste que irradiaba una luz blanca pudo atraparla y llevársela lejos de él. El demonio”A” intentó seguirlos, pero fue impactado por uno de las flechas blancas de los ángeles que seguían a Arturo y eso hizo que se desmayara; luego lo cargaron y lo llevaron al portal del Limbo para poder seguir el protocolo que se hace en casos en donde demonios tienen luchas con los ángeles.
—Martín, debes venir conmigo y capturar a Sebastian, ¿esta vez puedes seguir su energía verdad? —preguntó Arturo un poco ansioso por todo lo que acababa de ocurrir, y Martin asintió y haciendo que sus ojos brillaran como la luz de un rayo, pudo ver a través de un visión la ubicación de Sebastian.