Lucía seguía con bajo ánimo y tardó tres días en recuperarse por completo. Aquellos días en los que se encontró convaleciente, no paró de llover e incluso la población se encontraba confundida por el cambio radical de clima. Esos días grises no la ayudaban a levantarle el ánimo y le recordaba al clima que vivió cuando era niña y se encontraba en el hospital esperando a que su tía se recupere. Después de recibir una llamada de Sofía, por la tarde, y con un paraguas, botas negras, caffarena y pantalones negros, y un abrigo color beige de lana y algodon elegante con doble botonadura y solapa con cinturón, fue rumbo al restaurante “Glorioza Sazón” para encontrarse con ella para resolver algunos pendientes.
—¡Hola! —exclamó Lucía fingiendo que estaba animada para no preocuparla, pero luego al ver a su amiga con la bata de trabajo y con su cabello muy desordenado, se sorprendió —¿Sofía? ¿eres tú?
—¡Hola! ¡Dame un momento! —dijo casi con la voz agitada, el lugar estaba casi repleto y estaban los músicos tocando un poco de jazz clásico. El lugar era agradable y acogedor, y habían muchos cuadros de artistas famosos y el aroma de la comida era deliciosa. Lucía recordó cómo estaba el lugar antes y le entró mucha nostalgia, no obstante, al estar rodeada de mucha gente, sintió mucha ansiedad y quiso salir del lugar hasta que estuviese vacío.
—Si quieres, regreso más tarde…—. Lucía se paró y fue rumbo a la puerta, pero Sofía obstruyó la puerta y no permitió que se fuera.
—¡Claro que no! —dijo ella enérgicamente, luego tomó su mano y la llevó a una zona VIP que estaba inaugurada y era para clientes que querían pasar un rato a solas —Quédate sentada allí y no te muevas para nada, ¿me oíste?
—¿De acuerdo? —. Lucía esta vez se quedó quieta y respiró más tranquila. Vio que la decoración era sencilla, pero elegante. En la pared, se encontraba un cuadro de una figura solitaria, vestida con una túnica larga de color rojizo-marrón, de pie en un paisaje desértico bajo un cielo nocturno estrellado. Lo destacaba era la enorme luna creciente que ocupaba una gran parte del cielo, iluminando el paisaje con una luz suave y cálida. Aquella figura parecía contemplar la luna, con la espalda hacia el espectador. El estilo de esa imagen es surrealista y evocaba una sensación de soledad, contemplación y misterio. La paleta de colores era predominantemente oscura, con tonos azules y marrones profundos, contrastando con los tonos dorados de la luz de la luna en el suelo. La textura de la imagen parecía imitar una pintura al óleo, con pinceladas visibles en el paisaje y la figura. Después de un rato de espera, Sofía se asomó y estaba un poco más arreglada, sin el mandil y con su cabello recogido con una cola de caballo.
—Disculpa la espera, habían muchos clientes y la señora Marcela me pidió de favor que los atendiera y a cambio me iba a pagar y lo que pidiese saldría por su cuenta, la verdad no creí que este lugar se volviera tan popular…
—Está bien, y muchas gracias por traerme a esta parte del restaurante.
—De nada, noté que habías entrado en ansiedad y por eso te traje aquí —dijo Sofía sonriendo y luego le mostró este lugar muy contenta y señalaba la decoración de la mesa —esta zona es más tranquila y la carta es exclusiva porque son platillos de una vieja receta que encontró la dueña mientras revisaba sus cosas.
—¿En serio?
—Si, así lo quiso ella y solo acceden quienes consumen por tres meses seguidos aquí y es con reserva, pero no recibimos hoy ninguna a esta hora, la mayoría le gusta reservar a las 7 de la noche —Sofía aunque estaba un poco cansada, aún tenía ese brillo que resaltaba entre los demás, y de fondo se escuchaba una melodía de jazz.
—Vaya, no vengo aquí y cambia hasta la música…—dijo Lucía suspirando profundamente y con un tono nostálgico.
—Hoy es día de “toca, canta y gana”, los que participan deben recibir aplausos fuertes del público y se ganan un postre gratis, ¿interesante no?
—Vaya, eso si es una buena oferta.
—¿Verdad que sí? A Víctor le dieron un cheesecake por cantar una canción romántica —respondió emocionada y sus ojos azules de ella brillaron aún más por ello.
—¿Sabe cantar? —preguntó Lucía sin poder creerlo.
—Uuff, quedé sorprendida por su voz tan profunda que tiene, suena como el mar cuando está en calma y te relaja…¡todos quedaron encantados de oírlo!
—Me hubiera gustado escucharlo…
—Por cierto, me tomé la libertad de pedir por nosotras algo ligero y calientito, no quiero que te enfermes por mi culpa.
—Está bien, no sabía que elegir y me facilitaste el trabajo de pedir —ambas se miraron y Lucía empezó a sentirse incómoda y no supo cómo iniciar con su disculpa, se sentía muy avergonzada y sus manos empezaron a sudar, sin embargo, no dejó que sus nervios la vencieran y esta vez tomó una postura erguida y habló con un tono claro y directo —Sofía, quiero disculparme contigo, por mi actitud de ese día. Yo no actúe de forma correcta y te herí mucho. Mi intención nunca fue lastimarte, solo dejé que me dominaran las emociones y solo pensaba en huir sin mirar atrás…
—Oye, está bien, pero…quiero entenderte, ¿qué pasó ese día?
—De acuerdo, mereces una explicación —. Lucía tomó un sorbo de agua que le habían servido para esperar y se mentalizó para poder contar con la mayor claridad posible su pasado que por mucho tiempo decidió ocultar y enterrar para siempre.
—Te escucho.
—Yo también soy huérfana, perdí a mi tía que me quedaba y me mandaron a un orfanato cuando era niña. Pero eso no es todo…
—¿Ok?
—Yo…tenía un don especial…algo que mantuve oculto y fue tal vez mi perdición…—dijo Lucía con un tono más bajo y Sofía comenzó a pensar de todo y hasta ella misma se asustó de los pensamientos que se le venían a la cabeza.
—Lucía, no me asustes, porque pensaré que perteneces a una mafia y que tu papá es un criminal o que eres una científica que desea conquistar el mundo…—contestó Sofia muy nerviosa y Lucía negó con la cabeza, algo que la tranquilizó — entonces, ¿por qué estás nerviosa?