Luego de algunas semanas, Lucía terminó de revisar sus cosas y decidió clasificar lo que no necesitaba para venderlas o donarlas a algún orfanato, ya que tenía algunos juguetes y prendas que no usaba, pero se encontraban en buen estado. Mientras tanto, hablaba por celular con Sofía sobre cómo le había ido en las terapias y cómo la ayudó a enfrentar su pasado.
—Te escucho mucho mejor ahora Lucía —dijo Sofía muy alegre en tanto comía un pedazo de cheesecake de fresa que le habría preparado Lolita.
—¿Tanto así? —preguntó Lucía incrédula, no pensaba que, para ese momento, ya se le notara el cambio.
—¡Claro! De hecho, antes escuchaba un tono más serio y melancólico y, ¡ahora estás más animada! —exclamó emocionada, luego vio que Víctor había llegado a su casa, en señas le dijo que estaba hablando con Lucía y puso su celular en altavoz para que ambos la pudieran escuchar.
—Creo que hacer más actividad física e ir con mi tutora me ayudó mucho a despejar mi mente y a controlar mis emociones —respondió muy animada.
—Es verdad, por cierto ¿qué haces ahora?
—Estoy clasificando las cosas que ya no uso y las que estén en buen estado, donarlo o venderlo —respondió Lucía con un poco de esfuerzo, pues cargaba algunas cosas para ponerlo en las cajas y tenía el celular en altavoz y hablaba más alto que de costumbre.
—¿Quieres que vaya a ayudarte?
—No, no te preocupes, ya empaqué la mayoría de cosas y ahora son pocas las que me quedan arreglar, así que no demoraré mucho.
—¿Estás segura?
—Si, así es —luego Lucía se quedó muda por unos segundos y escuchó algo que le hizo sonreír y hablo con un tono más pícaro —aparte, creo que Víctor está al lado tuyo.
—¡¿Cómo lo supiste?! —exclamó Sofía asombrada, en tanto Víctor se puso colorado de la vergüenza.
—Digamos que tu “prometido” no sabe disimular su respiración —dijo Lucía mientras reía y mostraba su sonrisa pícara.
—Perdón Lucía, no quise escuchar su conversación al propósito —contestó Víctor apenado, pues no quería en principio escuchar su conversación, pero al ver que Sofía se mostraba feliz, le ganó la curiosidad de saber qué estaba pasando.
—Sí, es que acaba de regresar del voluntariado y vino a visitarme y me encontró hablando contigo —respondió Sofía con un tono pícaro.
—¡Oh! Por cierto, ¿cómo te está yendo Víctor? Supe que estuviste en capacitación de primeros auxilios y ayudando en el orfanato.
—Bien Lucía, el orfanato está cada día mejorando gracias a las donaciones de la familia Brown, gracias por preguntar, y tú ¿cómo has estado? —preguntó con un tono más amigable y sereno.
—Un poco ocupada, pero mucho mejor, pronto iré a visitarlos y charlar un poco.
—De acuerdo, te esperamos —dijo Víctor y se fue a ver al señor Puka para coordinar temas de la boda.
—Sofía, lo siento pero debo colgar para acabar pronto —Sofía puso su puchero y se quedó en silencio por unos momentos y luego, con una sonrisa, respondió.
—Oh es verdad, entonces nos estamos comunicando, ¡cuidate!
—Tu también cuidate, ¡te quiero! —ambas colgaron al mismo tiempo y Sofía se sintió más aliviada. Fue a ver a Víctor y le contó que Lucía se le escuchaba mucho mejor y más amigable. Él estuvo de acuerdo y se sintió aliviado de que pudiera buscar ayuda a tiempo. Ambos sonrieron y siguieron con los planes de su boda y salieron a buscar opciones para comprar el diseño de las invitaciones.
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Después de empacar cuatro medianas cajas llenas de cosas para donar, Lucía se percató que ya no tenía comida para la semana y buscó en su celular los supermercados que se encontraban abiertos a las seis de la tarde, pues ese día se conmemoraba el aniversario de los 20 años de creación del distrito y en dicho lugar se acostumbraba a cerrar a las cinco de la tarde. Luego de un rato, encontró un supermercado que estaba abierto y se alistó rápido para ir cuanto antes porque cerraba en media hora y no iba a poder llegar a tiempo. Al salir, vio que la Señora Fela estaba frente a su puerta y le interrumpió el paso.
—Lucía, antes de que te vayas necesito que me hagas un gran favor —dijo un poco apenada, al inicio iba a negarse, pero al ver su mirada triste no pudo decirle que no.
—Diga usted…
—Sé que es difícil para ti, pero necesito que dejes este paquete en la habitación de Samuel, solo te pido eso —al escuchar Lucía ese nombre, palideció por unos momentos.
—Lo siento, pero…no tengo la llave para entrar…—respondió intentando excusarse, pero la señora Fela sacó de su bolsillo una llave.
—Yo si, me la dio en caso de emergencia —dijo con una sonrisa triste.
—Yo…no…no sabía eso…—contestó nerviosa y tomó la caja con suavidad sin mirarla, pues no quería que se diera cuenta que su mirada también estaba triste.
—Ten, debes dejarla en su escritorio junto a su cama, y con mucha delicadeza —Lucía obedeció y abrió la puerta de Samuel. Vio que su cuarto era mucho más sencillo que el de ella, pero al entrar a su habitación fue cuando encontró encima de su cama un pequeño cofre. Al inicio, no quiso invadir el espacio de Samuel, pero el aroma que desprendía aquel cofre le resultaba familiar y decidió abrirlo. Vio que habían fotos de animales y objetos raros que encontró durante toda su vida siendo ángel y humano. También vio que habían cuadernos que contenían flores y hojas que pegó y tenían la fecha, hora y lugar exacto en donde las encontró. Por último, vio que había una pequeña carta escrita con tinta azul y desprendió el aroma que Lucía le pareció tan familiar y al abrirla, decía estas palabras:
Lucía, si lees esta carta, significa que ya no estoy en tu vida. Me hubiera encantado seguir a tu lado y cuidarte como lo estuve haciendo ahora, pero creo que ha llegado la hora de partir. Quiero que sepas que todo lo que has pasado no fue culpa tuya, el destino es incierto, incontrolable e incluso muy cruel. Sin embargo, lo que he aprendido durante todos estos años es que cada persona es resiliente y es capaz de buscar la forma de salir adelante siempre; tú eres de esas personas. A pesar de todo lo que te ha pasado, buscaste la manera de reponerte y seguir viviendo. Al comienzo, te costó y mucho, lo pude notar cuando evadías la mirada y no te relacionabas con los demás y fue muy difícil hacer amigos para ti por las cosas que viviste en tu niñez. Pero, seguiste manteniéndote firme y eso es digno de admirar, los demás notaron esa fortaleza y es momento de que lo notes también. Te deseo lo mejor y lo siento si no pude despedirme de ti ni decirte a donde iba, pero me hubiera sido más difícil irme… cuidate y algun dia volvere a verte, pero de otra manera y espero que puedas reconocerme.