Angelus

Capítulo 5

Entre en la casa me di un baño para quitarme el sudor. Luego intente convencer a mi padre de bañarse pero no lo logre, parecía muy exhausto y aunque en algunos momentos abrió un poco los ojos estos no me miraban a mí, estaban como desenfocados y volvía a dormirse. Raro, no tenía fiebre, quizás la medicación le habría caído pesada, a veces le pasaba.

Ya estaba anocheciendo y como no tenía hambre me recosté en mi casa y me dormí. Al despertar era medio día. Fui a la habitación continua y encontré una bandeja con arroz en la mesita de luz de mi padre. ¿Por qué Marriot insistía en ello? El aún no comía, parecía seguir con sueño, o a lo mejor solo estaba sumido en sus pensamientos porque mantenía la vista fija en un punto sin sentido.

 Como sea tome mis cosas de pesca porque sabía que ya era tarde y sin perder tiempo salí por la puerta trasera e hice el conocido camino que me llevaba al río. Cuando saque mi primer pez sentí un escalofrío que recorría mi columna. Solo recordar lo que había ocurrido el día anterior me daba pánico. ¿Qué se suponía que había hecho? Le había dicho un trillón de mentiras a un pobre niño sobre su vida. Hasta le había dicho que sus padres volverían. ¿Cómo podía jugar así con sus sentimientos?Está bien, yo estaba desesperada. No sabía qué hacer para que solamente no se disparase. 

Mi padre tenía el suficiente alimento y yo decidí que podría comer más tarde. Asique deje mi equipo de pesca allí y prometí venir por él. Subí la empinada montaña de rocas que me llevaba hasta el puente y lo cruce con un trote tranquilo pero rítmico. Quería asegurarme de que Braian estuviera bien. De que no volviera a por esa arma en aquel desolado descampado.

Después de unas cuantas cuadras me di cuenta de que no sabía dónde quedaba su casa. Asique me detuve. No había personas en la calle y por más que golpease las puertas para preguntar nadie abría, quizás era fecha de festival... Algunas familias se iban desde muy temprano para obtener los mejores lugares. Me sentía como en un pueblo fantasma. ¿Acaso todos decidieron irse a la misma hora el mismo día?

Entonces una figura más adelante llamo mi atención. El sol no me dejaba ver más que una sombra negra asique corrí hacia ella, parecía venir hacia mí.

Cuando estuve lo bastante cerca me detuve en seco. 

-Te estaba esperando, es aquí.- Joel me señalo una casa de rejas negras con un hermoso jardín verde que contrarrestaba con la sequía de la vereda y mas en esta parte de la ciudad donde predominaban los colores tierra. 

Comprendí que se refería a Braian, aunque no me acostumbraba a que el pudiera conocer todo de mí, hasta mis pensamientos. Todo era demasiado misterioso. Pero ahora tenía otra cosa en mente. Asique traspase la reja camine por el hermoso jardín de flores rojas y azules y al llegar a la puerta toque. Esta vez alguien me escuchó porque sentí pasos que corrían.

La sonrisa de Braian fue enorme cuando me vio. Extendió los brazos y me rodeo con ellos. Comencé a llorar y cuando lo mire a la caravi que le brillaban los ojos.

-Sabía que vendrías, lo presentía hace un momento.- Suspiro, hizo una pausa. Me veía con admiración.-Quería agradecerte lo que has hecho por mí. Todo.

No supe que decir. Negué con la cabeza intentando explicarle que no debía agradecerme, que las cosas que le dije no tenían sentido y que me disculpase. Quería explicarle cosas que ni siquiera yo entendía. Pero entonces solo dije.

-No, no me lo agradezcas.

-¿Cómo te llamas?

-Eh…-Tarde un momento en recordar mi nombre.-Annie.

-Annie, mi abuela ha avisado a mis padres y ellos han venido anoche a verme. Por primera vez en mucho tiempo estuvieron uno al lado del otro y no pelearon. Como me prometiste mi abuela estaba preocupada, y me recibió con un abrazo. También dijo que me cambiaria de escuela este mismo año y que hablaría con los padres de los niños que me molestaban. Todo lo que me prometiste se ha cumplido.

Le sonreí y lo agarre de las manos. Amaba tanto a ese niño. El amor me desbordaba el pecho. Lamentaba lo que había tenido que sufrir siendo tan bueno.

-Te quiero mucho Braian. Y prométeme que recordaras quien eres tú en realidad. Recuerda esto tu eres lo que haces. Nunca has estado solo y nunca lo estarás.

-Eres un ángel Annie- Sus ojos eran ilusionados, llenos de vida. Seguro de sí mismo, feliz. Era otro, el rostro que me había topado en la misma persona, hacía apenas un día.

No quería decirle que no y arruinar su ilusión.

-Lo soy para ti.- Besé su frente y me aleje de allí.

A pesar de saber que Joel me seguía no le dije nada. Estaba tan aferrada a mi gozo. Jamás había sentido tal paz. Tal sentimiento de gratitud. Me sentía feliz. Desde hacía mucho tiempo. Después de un rato mire a mi lado. Joel tenía la vista fija en sus zapatillas mientras caminaba. Levanto la cabeza al notar que le observaba.

-Gracias.- Le dije en un susurro.

-Yo no he hecho nada.

Seguimos caminando. Le fui dando vueltas al asunto sin encontrarle un punto coherente al cual aferrarme. ¿Cómo era posible que yo supiera todas esas cosas que iban a pasarle a Braian? Recordé ese momento bajo la sombra del árbol, cuando yo podía sentir perfectamente los dolores y sufrimientos del chico. Me estaban ocurriendo cosas que nunca antes había experimentado. Y no había respuestas, por más que las buscara. Y aunque las encontrara seguramente iban másallá de mi comprensión. Másallá de mi razonamiento. Seguramente Joel, sabía los porque. Y lo tenía a mi lado. Serenamente caminando, como si solo estuviésemos dando un paseo. Me miro de re ojo otra vez como solía hacer cuando me pillaba observándolo.

-¿Tienes alguna pregunta?- Sonrío con una mueca divertida. ¿Se burlaba de mi inquietud acaso? 

-¿Qué es todo esto Joel?

-Tendrás que ser más específica.

-Esto, te apareces, me salvas la vida de una manera misteriosa. Y después me empujas a salvar a un chico que dices es tu amigo, y lo más misterioso de todo es la normalidad con la que te comportas todo el tiempo. Para ti puede ser natural leer a las personas, pero yo creo que me estoy volviendo demencial.




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