Angelus

Capítulo 6

Tomamos un taxi que Joel pago hasta el aeropuerto. Luego me llevo a una esquina en un callejón, me miro con su fijeza aguda tan natural para él, pero que en mi interior causaba estragos, una mezcla de alegría y ganas de salir corriendo de los nervios que me estrujaban el estómago. Sin percatarse en lo másmínimo o simulando que no notaba mi reacción dijo:

-Desaparece.

-¿Cómo lo hago?

-Ya lo has hecho antes ¿o no?

-Pero no puedo controlar mis poderes. 

Se echo a reír y tuvo que sujetarse para que las costillas no se le salieran de su cuerpo espiritual.

-No son poderes. Es más natural de lo que crees, no es nada fuera de lo normal, solo hazlo es natural. Para nosotros es más difícil ser vistos que no.

-Realmente no sécómo.

-No tengo idea de cómo explicártelo.- Me miraba un poco decepcionado, ¿De el mismo? ¿De mí?- Es como si… como si tuviera que enseñarte a respirar. Imposible solo hazlo. Desaparece y sígueme tenemos un vuelo que tomar y yo no tengo dinero para el pasaporte ¿Tu?- Volvió a echarme esa mirada. Sus ojos eran tan negros, tan nítidosque me trasladaban a la profundidad del mar, sin poder respirar.

Cruzamos la calle y en la atestada vereda teníamos que traspasar personas y montones de maletas y cajas para poder llegar a la puerta. Una vez dentro caminamos por el pasillo que llevaba a la sala de abordaje, donde unas pantallas plasma indicaban la salida del próximo vuelo. Durante el viaje en taxi Joel me había explicado que yo misma sabría el lugar donde deberíamos ir una vez que estuviera frente a un mapa. Asique saco un mapa del bolsillo y me lo mostro. Pero yo estaba absorta en otra cosa. Una niña parecía estar llorando, sufría a unos cuantos pasos de mí y no entendía cuál sería la terrible injusticia que le hacía padecer tanto. Entonces vi lo que señalaba, un peludo muñeco verde era pisado y pateado por una multitud que lo alejaba cada vez mas de ella, mientras la pobre intentaba soltarse de la mano de su madre que distraída con su teléfono celular no hacía más que gritarle que se callara y se estuviera quieta.

Deje a Joel y corrí en búsqueda del muñeco, el cual halle sin mucha dificultad. Me acerque a los llantos agobiantes de la niña y los gritos histéricos de su madre, no fue difícil encontrarlas. Entonces me agache y le tendí el muñeco. Los ojos de la niña resplandecieron, tomo su muñeco y me miro con ojos brillosos y húmedos. Suspire. Me había afectado tanto verla tan triste. Era una niñita preciosa, y ni siquiera le conocía. ¿Cómo era posible que su madre estuviera tan ocupada como para no notar su sufrimiento? Sufrimiento que podría ser total y fácilmente evitado. La mire, tenía que decirle algo. Explicarle que así como nuestra mente adulta puede preocuparse y sufrir por diferentes asuntos importantes, y que aunque un muñeco puede parecer algo de poca valía, en el mundo de los niños puede significar la perdida de algo muy amado y especial, y su perdida puede ser igual de dolorosa que para nosotros un ser querido. Entonces no es solo un muñeco verde. El mundo de los niños es muy delicado y precioso, y no se debe tener a por menos. Ella podía verme, y podía ver la frustración en mi rostro. Parecía estar absorta en mi mirada. ¿Había algo malo en mí a pesar de mis sentimientos de impotencia?

Joel me tomo de la mano y me jalo hacia un lado, después sonrío a la mujer con simpatía y me alejo de allí.

-¿Qué pensabas hacer? ¿Estás loca?

-¿Por qué? Yo solo…

-No, ¡No puedes andar reprendiendo a las personas! 

-Yo solo iba a decirle…

-¡Se lo que ibas a decirle estaba en tu mente!- Parecía enojado por su tono de voz, pero no sabría decirlo, su rostro era bastante inteligible.

Caminamos entre la gente hasta una salida de emergencia. Entonces nos encontramos frente a unas escaleras que llevaban a la planta baja. No había personas, ni más luz que la de un cartel que alumbraba la palabra “Salida” en verde.

-Annie, eres diferente ahora. Un ser un poco más… Elevado. 

-¿Elevado?

-Si, por eso es que sientes cosas, o entiendes temas que son un poco complicados. Y no puedes andar por ahí reprendiendo a las personas porque cometan errores. 

-Pero ella debería saber…

-Si ella quiere ser una buena madre, se esforzara, leerá libros, hará un curso, ira a una iglesia o pedirá consejos a alguna especialista. No necesita que un ángelintervenga en su vida y le reprenda ¿sí?, no puedes interferir en las decisiones temporales de cada alma sobre la tierra. Esa no es tu misión.

-Está bien, creo que entiendo. Pero no veo nada de malo, de hecho en cualquier otra ocasión hubiera hecho lo mismo, cualquier persona hubiera pensado como yo.

-Si pero cuando cualquier persona habla lo hace como humano. Y la voz humana no afecta a las personas de la misma manera que la voz de un ángel.

-¿Cómo es eso? ¿Y entonces si soy un ángel o no?

-Annie, tienes la voz de un ángel, y si hablas exhortas. Y no puedes exhortar a cualquiera y por lo que sea. Tienes una lista. Apégate a ella.

-¿Exhortar? ¿También hay un idioma de ángeles?

-Exhortar significa animar con mucha fuerza a alguien a hacer algo. 

-Bien, creo que entiendo…- Suspire.- Esto va a ser más difícil de lo que pensé.- “Reglas, siempre las odie.”

-Pues la obediencia es la primera ley de los cielos.

Olvide otra vez que él podía leer mis pensamientos. ¿Por qué no me podía acostumbrar a la idea? ¿Después de todo yo estaba aprendiendo a ser ángel ministrante? Ni siquiera podía gruñir para mis adentros asique me limite a apretar los puños.

Saco un mapa y enojada como estaba le señale la costa sur de chile.

-¿Santiago?

-Si.- Gruñí entre dientes.

-Desaparece otra vez, y no vuelvas a hacernos correr riesgos así.

“No correríamos tantos riesgos si tuviera otro maestro que me enseñara mejor las cosas.” Sabía que me había oído pero por alguna razón me ignoró. Quizásporque una de las reglas era que los ángeles no podían contender. Me reí ante la idea, aunque por otro lado me preocupo haber herido sus sentimientos.




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