Animaladas

Capítulo 4: La sala RIP

 

 

 

Arranca Selene Urcullu

 

 

El Conde Espátula se encaminó hacia la puerta de la Luz Nera con seguridad y un poco de chulería. Al menos eso era lo que parecía si lo mirabas desde atrás. De frente, una gota de sudor caía por su frente.

Bermúdez lo había retado horas atrás. No podía quedar en ridículo frente a ese pequeño ratón, por muy hijo de la realeza que fuera. 

Las motocicletas aparcadas frente al local, y los lobos que había encima de ellas, no eran la bienvenida más tranquilizadora, pero, claro, qué podía esperar de ese sitio.

     —Mira, Wulf, este se ha perdido —bramó el más cercano.

Todos los presentes gruñeron y por un momento pareció que eran las motos las que rugían. Las alas de Espátula empezaron a temblar, pero no se detuvo.

Bermúdez, desde la distancia, observaba la escena agazapado tras unos arbustos. Él únicamente le había dicho a Espátula que aquel lugar daba miedo y cuando el Conde casi se atraganta carcajeándose de él y llamándole cobarde, el ratón había respondido diciéndole que ni tan siquiera él se atrevería a entrar allí.

     —Ahora verás, ah… —Había sido su contestación.

Y allí estaba Smuzi, traspasando la entrada y desapareciendo de la vista del ratón.

     —Hata ziempre, amigoh…

 

Lauu Lladora entrecerró los ojos con curiosidad al ver a ese murciélago entrar en su local. Se relamió y al observar cómo uno de sus matones se dirigía hacia él, lo detuvo con un golpe seco de su pata en el pecho y avisó:

     —Ese es mío.

El lobo, de nombre Feroz, acató la orden de su jefa sin rechistar. Nadie se atrevía a llevarle la contraria. Aunque no entendía qué era lo que había visto en ese escuálido murciélago de pinta extraña.

Smuzi, por su parte, que aún no se había percatado del interés suscitado por su presencia, miraba alrededor intentando ocultar el pavor que sentía bajo una capa de fingida despreocupación. Al notar cómo una de sus patas se enganchaba en el suelo, no pudo evitar una mueca de asco.

     —¿No te gusta mi local? —preguntó Lauu frente a él.

Un escalofrío recorrió al Conde mientras se fijaba en la loba, de pelaje blanco y chaleco de cuero, que tenía ante él.

 

 

 

Responde Víctor Fernández García

 

 

     —Toda discusión debería desarrollarse de esta misma manera. ¡Frente a un señor copón de batido de fresa! Sluurrrppp... 

Smuzi arrimó su morro al par de pajitas que emergían de una enorme jarra repleta de su brebaje preferido. 

Se había calmado ostensiblemente por un par de sólidos factores.

Uno, que Lauu Lladora parecía disfrutar de invitarle a una barra libre de batidos.

Y dos, que la recién fundada amistad con la dueña del local estaba alejando las miradas hostiles.

     —Quiero que disfrutes de la velada, querido. Recuerda, todo el pub es tuyo, puedes campar a tus anchas por cualquier parte mientras no entres en la zona RIP.

La mirada de Smuzi se enrojeció, como si un reflejo de su enorme copa hubiese refulgido en sus ojos medio entrecerrados.

     —¿Qué hay en esa zona RIP?

Fue el turno de Lauu para entrecerrar la vista. Sonriente, la loba blanca se acomodó en su alto taburete, haciendo crujir los huesos de su cuello al masajearlo, dispuesta a todas luces a contar algo.

     —La Luz Nera no siempre fue la espléndida discoteca que es hoy en día... —Lauu abarcó con sus patas todo el local, ante un Smuzi con expresión incrédula. —Hubo en tiempo en que aquí se enterraba a la gente, cuando las plagas arrasaban con todo y todos. La sala RIP es la primera de una serie de catacumbas en las que cae todo desdichado que ose aventurarse ahí...

 

La luna asomó entonces, llena, a través de los grandes ventanales de la primera planta del pub.

Cuando Smuzi desvió la vista, unos nubarrones amarillentos la surcaban.

Iba Lauu Lladora a desear suerte y felicidad al murciélago cuando este la agarró por sorpresa.

     —¡Vamos! A ripear un poco, ah...

Dicho eso, Smuzi repeló los restos de su batido y se adentró si pensárselo dos veces en la temida zona RIP.

 

Las puertas se cerraron tras él y los segundos transcurrieron.

Varios minutos pasaron hasta dar con horas enteras, unas tras otras.

     —¿Crees que estará bien? Es la sala de la peor chusma, Lauu. De la calaña más conflictiva. —Feroz tragó saliva. Aquel murciélago bien podría estar en serios problemas, si es que aún vivía.



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En el texto hay: fantasia, reinos, animales

Editado: 03.09.2023

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