Animaladas

Anexo: Los introducidos

 

 

 

 

—Impresionante. No esperaba menos de ti, criatura.

     —Gracias, maestro. 

 

     A esa reunión se le estaban echando muchos tentáculos. Se trataba del ansiado reencuentro entre Cthulhi, un pequeño kraken de gran mal genio, y su glorioso y envidiable antepasado DeLutor. 

 

     Frente a un tablero de ajedrez tallado de la mejor de las maderas, disputaban una partida algo peculiar.

     Sin embargo, lo distendido del momento no parecía aliviar la tensión, casi agobiante, que sentía la criatura de Arkana.

     —Si alguien se entera de que sé escribir tan bien, podrían esclavizarme, oh, tatarabuelito.

     —Tal cosa no acontecerá. Que pille la bruja.

 

     Los ojos de Cthulhi se abrieron como platos.

     —A... Ark... ¿Arkana? ¿Te refieres a Arkana?

     —La misma. Déjale la reputación a ella y, para cuando herede las pestilentes mieles de nuestro trabajo, tú y yo no seremos más que dos desconocidas sombras en el universo. Como debe ser.

     —Sí. Como debe ser...

     DeLutor movió ficha entonces, ahogando la partida al mismo tiempo que había extinguido la ansiedad de su pupilo.

 

 

 

*********************

 

 

—¿Dices que ostentas un superpoder?

     —Varios.

     —¿Cómo dices?

     María se recostó en el gran sillón del salón donde estaba jugando al ajedrez con aquel pulpo borde.

     —Varios superpoderes, pulpillo.

     —¡Me llamo DeLutor! 

 

     En su pecera, el antiquísimo y poderoso Kraken se revolvió hasta salpicar agua sobre el tablero de juego. 

 

     —¿Qué pasa? ¿No me crees, Felputor?

     —¡¡¡DeLutor!!!

     —Como digas. El caso es que mis poderes vienen de la klingonita. Es un líquido que, de donde vengo, se guarda en generosas albercas, pues debe conservarse al aire libre. Albercas en las cuales, dicho sea de paso, me encantaba bañarme de pequeña. 

 

     Un silencio prolongado pareció indicar que DeLutor había quedado de lo más impresionado. 

 

     —A3 a C9. —Con parsimonia, uno de los tentáculos del kraken barrió la reina de María la Klingonesa.

     Andaba el octópodo al borde del ahogo debido a un fortísimo ataque de risa cuando María contraatacó segando su reina.

     Volvió a hacerse el silencio.

—¿Qué pasa, DePlutor? ¿Poco acostumbrado a contrincantes dignos? Mira, me dejo ganar si dejas que participe en «el libro». 

 

     Dicho y hecho, el rey de María cayó al tiempo que DeLutor le facilitaba una libreta donde escribir su capítulo. Su propia aventura. Y ni siquiera había tenido que tirar del poder la klingonita para lograrlo.

 

 

 

 

 

**********************

 

 

 

 

DeLutor era un kraken espacial más que milenario.

     Había visto nacer buena parte del cosmos conocido y gran cantidad de estrellas, que habían acabado por ser engullidas por sus fauces indomables.

     Aunque nunca pensó que el bocado más grande que jamás pegaría sería el de su propio orgullo. 

 

     —Espabila, que es pa' hoy. 

 

     DeLutor, simplemente, no se lo podía creer.

     Era la quinta partida, la QUINTA consecutiva, y su rival esa velada seguía intratable.

     Decía que se llamaba al.i9000.

     Ese pequeño recipiente de hojalata caído de una nave a la deriva.

     Una IA de primera, y justita, generación. Pero que se había sabido buscar las habichuelas para alcanzar cotas de complejidad de lo más asombrosas. 

 

     Sin embargo, iba a ser derrotada. Pues un diminuto pin decoraba el canto de esa lata que contenía a la temible inteligencia.



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En el texto hay: fantasia, reinos, animales

Editado: 03.09.2023

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