Un Hogar Propio
Las semanas posteriores al regreso a Aria transcurrieron con tranquilidad. Ana descansaba más de lo habitual y comenzaba a acostumbrarse a los cambios que traía el embarazo. Algunas mañanas seguían siendo difíciles, pero la felicidad que sentía cada vez que apoyaba una mano sobre su vientre hacía que todo valiera la pena.
Una tarde, mientras leía uno de los libros que había traído de la luna de miel, notó que Jack parecía distraído.
—¿Sucede algo? —preguntó ella.
—Nada importante —respondió él demasiado rápido.
Ana entrecerró los ojos.
—Jack...
—Te prometo que pronto lo sabrás.
Aquella respuesta solo despertó más curiosidad.
Durante varios días Jack desaparecía algunas horas. Frank parecía saber algo, porque cada vez que Ana le preguntaba, ambos intercambiaban miradas sospechosas.
—Papá, ustedes están ocultando algo.
—Yo jamás haría semejante cosa —respondió Frank con una seriedad tan exagerada que terminó delatándose.
Ana soltó una carcajada.
Una mañana soleada, Jack apareció con una sonrisa imposible de ignorar.
—Necesito que vengas conmigo.
—¿A dónde?
—Es una sorpresa.
—Eso no responde mi pregunta.
—Precisamente.
Ana suspiró resignada.
—Bien, ganaste.
Jack la ayudó a subir al carruaje y durante todo el trayecto se negó a revelar el destino.
Finalmente se detuvieron frente a una propiedad rodeada de árboles y jardines.
Ana observó la casa en silencio.
Era hermosa.
Tenía grandes ventanas, un jardín lleno de flores silvestres y una galería cubierta por enredaderas.
—Jack... —susurró.
Él bajó primero y le ofreció la mano.
—Ven.
Recorrieron lentamente el lugar.
Había una cocina amplia, habitaciones luminosas y una sala principal donde la luz del sol entraba por enormes ventanales.
Ana estaba maravillada.
—Es preciosa.
Jack sonrió.
—Todavía no viste lo mejor.
La condujo hasta una habitación llena de estanterías vacías.
Ana abrió los ojos sorprendida.
—¿Una biblioteca?
—Sabía que era indispensable.
Ella soltó una risa emocionada.
—Te amo.
—Yo también te amo.
Continuaron caminando hasta llegar a una habitación más pequeña.
A diferencia del resto, estaba completamente vacía.
Ana observó el espacio confundida.
—¿Y esta?
Jack la miró durante unos segundos antes de responder.
—Pensé que podría ser la habitación de nuestro bebé.
El silencio se apoderó del lugar.
Ana llevó una mano a su boca.
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
—Jack...
—Quería darte algo nuestro. Un lugar donde formar una familia. Y está lo suficientemente cerca para visitar a Frank siempre que quieras.
Ana ya no pudo contener las lágrimas.
Se lanzó a sus brazos y lo abrazó con fuerza.
—Es el regalo más hermoso que me hicieron en toda mi vida.
Jack besó suavemente su frente.
—Bienvenida a casa, Ana.
Ella apoyó una mano sobre su vientre y observó aquella habitación vacía.
Por primera vez pudo imaginar una cuna junto a la ventana, libros en los estantes y pequeñas risas llenando cada rincón.
Y comprendió que aquel lugar aún estaba vacío.
Pero no por mucho tiempo.
Porque allí, entre aquellas paredes iluminadas por el sol, estaba comenzando el futuro de su familia.