Anita

Capitulo 46.Preparando un Sueño.

Preparando un Sueño

Los días siguientes estuvieron llenos de una emoción nueva.

Ana todavía no podía creer que aquella hermosa casa les perteneciera. Cada mañana recorría sus habitaciones con una sonrisa distinta, imaginando cómo sería la vida allí dentro. Sin embargo, había una habitación que atraía su atención más que cualquier otra.

La habitación del bebé.

Por ahora seguía vacía.

Cada vez que Ana se detenía frente a la puerta, sentía una mezcla de ilusión y nervios.

Una tarde, mientras observaba el espacio en silencio, Jack apareció detrás de ella.

—¿En qué pensás?

Ana sonrió.

—En que esta habitación necesita mucho trabajo.

—Entonces será mejor que empecemos.

Aquella misma semana comenzaron los preparativos.

Frank fue el primero en ofrecer ayuda.

—No pienso perderme esto —declaró con firmeza.

—Papá, todavía faltan meses.

—Precisamente. Tenemos tiempo para hacerlo perfecto.

Ana no pudo evitar reír.

Durante los días siguientes, los tres trabajaron juntos.

Eligieron cortinas claras para que la luz de la mañana llenara la habitación. Jack se encargó de colocar nuevas estanterías mientras Frank supervisaba todo como si dirigiera una importante obra de construcción.

—Esa estantería está torcida.

—Está perfectamente recta —protestó Jack.

—No para mí.

—Papá...

—Torcida.

Ana terminó riéndose tanto que tuvo que sentarse para recuperar el aliento.

Una mañana llegaron varios muebles.

Entre ellos una pequeña cuna de madera clara.

Ana se quedó observándola durante varios segundos.

Era la primera vez que veía algo tan real y tangible.

Hasta ese momento el embarazo había sido una noticia, una ilusión, una promesa.

Pero aquella cuna...

Aquella cuna significaba que un día habría un pequeño bebé durmiendo allí.

Sus ojos comenzaron a humedecerse.

Jack se acercó enseguida.

—¿Qué sucede?

—Nada —respondió sonriendo entre lágrimas—. Solo... me parece increíble.

Jack rodeó suavemente su cintura.

—A mí también.

Esa tarde colocaron la cuna junto a una ventana desde donde podía verse el jardín.

Frank permaneció observando la escena durante varios minutos.

—¿Sabés algo? —dijo finalmente.

—¿Qué cosa? —preguntó Ana.

—Cuando naciste, tu madre pasó días enteros preparando tu habitación.

Ana levantó la mirada.

Frank sonrió con nostalgia.

—Decía que quería que fuera el lugar más hermoso del mundo para vos.

El silencio llenó la habitación.

Ana tomó la mano de su padre.

—Creo que lo logró.

Frank besó su frente con cariño.

—Y vos vas a lograrlo también.

Al caer la noche, la habitación estaba casi terminada.

Las cortinas se movían suavemente con la brisa.

La cuna ocupaba su lugar junto a la ventana.

Los estantes esperaban futuros cuentos y aventuras.

Y un cómodo sillón descansaba en una esquina para las largas noches que algún día llegarían.

Ana se quedó observando todo desde la puerta.

Jack apareció a su lado y tomó su mano.

—¿Qué opinás?

Ella apoyó la cabeza sobre su hombro.

—Creo que ya lo estamos esperando.

Jack sonrió.

—Yo también.

Por un instante permanecieron en silencio contemplando la habitación.

No había juguetes todavía.

No había risas.

No había pequeños pasos corriendo por el suelo.

Pero ambos podían imaginarlos.

Y por primera vez, aquella habitación vacía dejó de parecer un espacio sin ocupar.

Porque ya estaba llena.

Llena de amor.

Llena de esperanza.

Y llena de sueños que muy pronto comenzarían a hacerse realidad.




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