El embarazo había avanzado sin grandes complicaciones. La habitación estaba lista, el bebé se movía con frecuencia y Ana intentaba continuar con sus actividades habituales.
El problema era que seguía comportándose como si nada hubiera cambiado.
Una mañana decidió reorganizar parte de la biblioteca de la casa. Horas después, Jack la encontró sentada en una silla, pálida y agotada.
—Ana...
—Estoy bien.
—Eso dijiste hace dos horas.
—Porque estoy bien.
Justo al ponerse de pie sintió un mareo.
Jack llegó a sostenerla antes de que perdiera el equilibrio.
Aquella misma tarde llamaron al médico.
Tras examinarla cuidadosamente, el hombre fue muy claro.
—El bebé está bien.
Los tres soltaron el aire al mismo tiempo.
—Pero —continuó el médico— su esposa necesita reposo.
Ana hizo una mueca.
—¿Reposo?
—Reposo.
—¿Completo?
—Lo más cercano posible.
Ana miró a Jack.
Jack sonrió.
Demasiado.
—No te atrevas a sonreír.
—No estoy sonriendo.
—Sí estás sonriendo.
—Un poco.
Desde ese día comenzó una auténtica batalla.
Frank y Jack parecían haberse aliado.
Si Ana intentaba levantar una caja:
—No.
Si quería alcanzar un libro de un estante alto:
—No.
Si intentaba subir una escalera:
—Definitivamente no.
—¡No soy una inválida! —protestó una tarde.
—Nadie dijo eso —respondió Frank.
—Entonces dejen de vigilarme.
—No te vigilamos.
—Me siguen a todas partes.
—Coincidencias.
—¡Papá!
Aunque se quejaba constantemente, en el fondo Ana sabía que ambos actuaban por amor.
Una noche, mientras descansaba en la cama, apoyó una mano sobre su vientre.
El bebé se movió.
Jack estaba sentado a su lado leyendo.
—¿Sabés qué es lo peor? —preguntó Ana.
—¿Qué cosa?
—Que tienen razón.
Jack soltó una carcajada.
—Jamás pensé que escucharía eso.
Ana le dio un suave golpe con una almohada.
—No te acostumbres.
Él tomó su mano y la besó.
—Solo quiero que lleguen bien los dos.
La sonrisa de Ana se suavizó.
—Lo sé.
Jack apoyó una mano sobre su vientre.
—Ya falta menos.
Y por primera vez desde que el médico había pronunciado la palabra reposo, Ana dejó de verlo como una limitación.
Porque cada día de descanso la acercaba un poco más al momento de conocer a la pequeña vida que tanto esperaban.