Annie de las Estrellas

38. LAKE Y ANNIE (I)

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LAKE Y ANNIE (I)

Lake pasó prácticamente toda la mañana del miércoles en su cama. Incluso cuando ya se encontraban más cerca del mediodía, ella seguía ahí, envuelta en sus tendidos, ataviada en su pijama color fucsia. No dormía; en realidad, apenas y había pegado el ojo durante la noche. Simplemente permanecía ahí recostada, la mitad del tiempo mirando a la nada entre las sombras de su cuarto y los rayos del sol que se filtraban por la persiana cerrada, y la otra intentando distraerse en su teléfono, sin mucho éxito.

Ambas opciones parecían de momento mucho mejores que levantarse de esa cama y enfrentar lo que el mundo le tenía preparado allá afuera.

La noche anterior había sido una verdadera “montaña rusa de emociones”. Lake antes creía que entendía lo que esa frase significaba, pero solo hasta ese momento sentía en verdad haber pasado por tal estado.

Lo de Annie y su mágica, y hermosísima, canción ya había sido suficiente para revolver la cabeza de Lake como una licuadora. Pero ahora, además, estaba lo de Maya… ¿Qué había sido aquel fugaz momento entre ellas? ¿Qué habría pasado exactamente si Clarisa no se hubiera aparecido de repente?

Y Clarisa, claro; ese era otro tema que igual no ayudaba ni un poco en calmar su maremoto emocional. ¿Cómo era eso de que Clarisa y Maya habían sido pareja? ¿En qué momento había ocurrido que nunca se enteró?

Todo eso era demasiado… Lake tenía ganas de solo quedarse ahí, encerrada en su cuarto, escondida del mundo entero por el resto del verano, y luego huir a la primera oportunidad a Ciudad Mirage. Si tan solo alguna parte de esa inverosímil fantasía pudiera cumplirse, pero no pudo siquiera quedarse un solo día escondida antes de que alguien fuera a reclamar su presencia en el mundo de los vivos.

Faltando media hora para el mediodía, su madre llamó a la puerta, aguardó unos segundos, pero al no recibir respuesta, se animó a abrir y asomar su rostro al interior de aquella oscura caverna.

—¿Puedo pasar? —dijo su madre como un susurro.

—Adelante —respondió Lake desde la cama, sin siquiera cambiar de posición.

Su madre aceptó la invitación e ingresó al cuarto, cerrando detrás de sí la puerta. Avanzó hacia la cama y se sentó a la orilla de esta. Su peso alteró la forma del colchón, pero Lake apenas reparó en ello.

—Es raro que sigas en la cama a esta hora, ¿te sientes mal? —susurró la Sra. Morrison con preocupación, y acercó su mano hacia su hija, tocando su frente. No se percibía caliente.

—No, estoy bien —respondió Lake, incorporándose al fin, aunque solo lo suficiente para sentarse en la cama—. Nada más que hoy estoy de ánimos para solamente estar aquí recostada y descansar.

—¿Pasó algo en el concierto al que fuiste? —cuestionó su madre, observándola de forma inquisitiva.

Lake se estremeció nerviosa, casi como si aquellas palabras fueran algún tipo de acusación, y lo ocurrido el día anterior hubiera sido algún tipo de crimen…

—No, solo… han sido días de demasiado ajetreo —explicó Lake, intentando simular normalidad en su voz—. Se supone que las vacaciones deberían ser para descansar, así que eso es lo que me apetece hacer hoy.

Si acaso su madre notó algo sospechoso en su respuesta, lo ocultó muy bien con la sonrisa de confianza que se dibujó en sus labios justo en ese momento.

—Bueno, eso está bien, pero…

Vaciló un momento, y Lake, por supuesto, lo notó.

—¿Qué? ¿Qué pasa?

Su madre suspiró, y entonces volvió a hablar:

—Bueno, hoy es la fiesta de jardín de la alcaldesa, a la que le prometiste a tu padre que nos acompañarías.

—¿Es hoy? —exclamó Lake con asombro. Su madre respondió con un asentimiento, y Lake con un chasquido con molestia de su lengua.

Su padre le había comentado sobre esa fiesta en la casa de campo de la alcaldesa desde el viernes en que llegó. En su momento, Lake no le vio nada de malo, pues lo había considerado una oportunidad de ver a viejos conocidos y ponerse al día. Pero bajo las circunstancias actuales, ponerse al día con viejos conocidos era lo último que quería; o, en realidad, verle a cara a conocidos y extraños por igual.

—¿Crees que sea muy necesario que vaya? —preguntó Lake con voz cansada, cargada por el deseo de pegar la cabeza a la almohada y volver a dormir.

Su madre vaciló su respuesta.

—Bueno… —comenzó a balbucear, pero alguien más se le adelantó.

La puerta del cuarto se abrió en ese momento, y su padre entró con bastante soltura al cuarto, incluso tomándose el permiso de encender las luces.

—¿Aún no te levantas, cariño? —exclamó su padre con voz risueña, avanzando hacia la cama—. Vamos, si no te arreglas pronto, se nos hará tarde.

—Papá… —pronunció Lake con un muy delgado hilo de voz.

—Mira el vestido nuevo que te compré —anunció su padre con emoción, colocando al frente de él lo que cargaba consigo: un bonito vestido casual rosa salmón de tirantes; más que ideal para una fiesta de jardín, ciertamente—. Para que luzcas radiante. La alcaldesa y todos sus amigos quieren conocer a nuestra futura abogada. Van a ir personas importantes, según he oído. ¿Quién sabe? Quizás puedas ir haciendo algunos contactos políticos.




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