Año Nuevo Con Bts

CAPITULO 3

Después del desayuno, una especie de letargo satisfecho se apoderó del apartamento. Era la calma que sigue a una confesión colectiva, un momento en el que el alma se estira, vulnerable pero aliviada. Jin y Jungkook se dedicaron a la tarea silenciosa de lavar los platos, un ritual doméstico que tenía su propia cadencia tranquila. Hoseok, fiel a su palabra de activar energías, había puesto una lista de reproducción suave pero rítmica y se dedicaba a reorganizar los libros en una estantería, moviéndose al compás con una eficiencia alegre.

Namjoon observaba la escena, su lista de propósitos ahora enriquecida con la adición de Taehyung. El “Aprender a silbar como los pájaros (con Taehyung)” parecía desentonar entre sus metas más serias, pero al mismo tiempo, era la que más le hacía querer sonreír. Se levantó, decidido a dar el primer paso práctico hacia su propia evolución. Se acercó al pequeño piano de cola que habitaba un rincón de la sala, como un mueble elegante y callado. Sentarse frente a él siempre le producía una mezcla de reverencia y desafío.

— Un acorde nuevo al día — murmuró para sí, abriendo la tapa del teclado y dejando al descubierto las teclas, blancas y negras, esperando.

— Algo que no haya usado antes. Algo que suene a… principio —

Sus dedos, más habituados a escribir letras en una libreta o a manipular controles de estudio, se posaron sobre las teclas con cierta torpeza. Presionó un Fa sostenido menor. El sonido fue profundo, melancólico. No sonaba a nuevo, sonaba a despedida. Frunció el ceño.

Mientras Namjoon libraba su batalla silenciosa con la armonía, Taehyung había salido al pequeño balcón, cerrando la puerta vidriada tras de sí. El aire frío de enero le golpeó el rostro, despejando cualquier resto de sopa y sueño. Metió las manos en los bolsillos de su suéter ancho y, mirando hacia el cielo grisáceo, infló las mejillas.

Intentó un silbido. Salió un sonido agudo, delgado y común, el mismo que cualquiera podría hacer para llamar un taxi. No era eso. Cerró los ojos, tratando de recordar el gorjeo complejo de un herrerillo que había escuchado una vez en un parque. Intentó modular el aire con la lengua, los dientes, los labios. El resultado fue un chirrido desigual, más cercano a una puerta oxidada que a un pájaro. Una risa ahogada escapó de sus propios labios. La tarea era absurda. Y, sin embargo, maravillosa.

Dentro, Jimin, que había estado meditando brevemente en su rincón, abrió los ojos al escuchar el extraño sonido que venía del balcón. Vio la silueta concentrada de Taehyung contra el cielo y la figura inclinada de Namjoon frente al piano. Dos intentos de expresión, uno hacia la naturaleza, otro hacia el arte, ambos torpes, ambos sinceros. Se levantó y se acercó a Yoongi, que había vuelto a su estado de burrito en el sofá, pero con los ojos abiertos, observando.

— Hay algo bonito en verlos, ¿no? — dijo Jimin en voz baja, sentándose en el brazo del sofá.

— Como cachorros tratando de usar sus patas por primera vez —

Yoongi asintió casi imperceptiblemente. Desde su posición, tenía la vista perfecta del cuadro completo: Jin secando un plato con esmero exagerado, Jungkook mirando con admiración los movimientos de baile de Hoseok mientras este clasificaba libros por color, Namjoon frunciendo el ceño ante el piano, Taehyung en el balcón en su lucha cómica y épica contra la física del silbido, y Jimin, a su lado, observándolo todo con una dulzura serena.

— Es menos caótico que anoche — murmuró Yoongi.

— Pero el caos sigue ahí. Solo que… más ordenado. Como un caos doméstico —

De repente, del piano surgió un sonido diferente. Namjoon, tras varios intentos, había unido un Re mayor séptima con un Sol suspendido. No era un acorde revolucionario, pero tenía una cualidad de apertura, de pregunta que espera respuesta. Un destello de comprensión iluminó su rostro. Lo tocó de nuevo, más seguro.

Como si hubiera sido convocado por esa nueva vibración, Taehyung, en el balcón, logró producir un trino corto, un sonido quebrado pero inconfundiblemente más melódico que sus intentos anteriores. No era el canto de un herrerillo, pero tampoco era el silbido de un humano. Era algo intermedio, algo naciente.

Los dos sonidos, el acorde inquisitivo del piano y el trino imperfecto del balcón, se encontraron en el aire del apartamento, filtrándose a través de la puerta de vidrio. No se mezclaron en una melodía, coexistieron. Eran los primeros balbuceos del año nuevo.

Jin, al escucharlos, dejó de secar el último tazón y sonrió hacia ninguna parte en particular.

— Parece que el año viene con banda sonora — comentó, secándose las manos en el delantal.

— Un poco extraña, pero original —

La evolución individual, en su tercer día, no se parecía a una epifanía dramática. Se parecía a esto: a la persistencia callada frente a un teclado, a la risa propia en un balcón frío, a la capacidad de notar y nombrar la belleza de ese esfuerzo. Era el sonido de las raíces buscando, con torpeza y esperanza, un nuevo tipo de suelo.



#358 en Fanfic

En el texto hay: caos, divertido, comida

Editado: 16.03.2026

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