Año Nuevo Con Bts

CAPITULO 4

La tarde del primer día se arrastraba perezosamente, teñida por esa luz plomiza y horizontal propia del invierno. El ímpetu de la mañana había cedido a un ritmo más contemplativo. Namjoon, sin embargo, sentía el peso silencioso de uno de sus propósitos: el diario de gratitud. La hoja en blanco de su nueva libreta (de papel reciclado, con una portada de un bosque nebuloso) le resultaba tan intimidante como una página en un idioma desconocido. ¿Por qué era tan difícil traducir el sentimiento en palabras sencillas?

Se instaló en el rincón más iluminado, junto a la ventana, con la libreta abierta y un bolígrafo que parecía más pesado de lo normal. Día 1 de Enero, escribió. Y se quedó ahí, paralizado. ¿Debía escribir “Estoy agradecido por la sopa de algas de Jin”? Parecía trivial. ¿”Por no haberme reñido por la Monstera”? Suena a alivio, no a gratitud. Suspiró, mirando cómo los demás ocupaban su espacio.

En el centro de la sala, Hoseok había iniciado lo que él llamaba “Proyecto Cromático: Reorganización de Vida”. No se limitaba a los libros. Ahora había sacado toda su ropa del armario y había comenzado una meticulosa clasificación por color, creando un arcoíris textil en el suelo. Los verdes botella junto a los esmeralda, los azules marino junto a los celestes, los rojos escarlata junto a los granates. Era un ejercicio de orden que, para él, era una forma de meditación activa, de traer armonía al caos visual de la existencia.

— Hyung — dijo Jimin, observando desde el sofá, con las piernas recogidas.

— ¿No es un poco extremo? Al final del día vas a tener que doblarlo todo otra vez —

— ¡Esa es la belleza! — exclamó Hoseok, sosteniendo una sudadera amarilla como si fuera un trofeo.

— El proceso es la recompensa. Al tocarlo, al ordenarlo, le estoy dando las gracias a cada prenda por su servicio. Es gratitud práctica, Jimin-ah. Mira, este suéter… me abrigó en la entrevista en Londres. ¡Gracias, suéter!

Jin, que pasaba por ahí con una taza de té, se detuvo.

— Si le vas a dar las gracias a la ropa, entonces yo le debo una disculpa a estos pantalones por lo que les hice sufrir en el buffet del hotel en Bangkok —

Mientras, en la cocina, Jungkook había encontrado un nuevo campo de batalla: su teléfono. Con los auriculares puestos, miraba con feroz concentración un tutorial de beatbox avanzado. Sus mejillas se inflaban y desinflaban en silencio, sus labios vibraban intentando imitar el sonido de una caja de ritmos. Era una gratitud expresada a través del dominio de un arte, del deseo de mejorar, de aportar algo nuevo al coro del grupo.

Taehyung, de vuelta del balcón y con las orejas coloradas por el frío, se acercó a Hoseok y su arcoíris. Se sentó en el suelo, cruzando las piernas, y tomó un suéter de un azul profundo.

— Este color — dijo, su voz un susurro ronco.

— Es el color del mar en Busan, justo antes del amanecer, cuando el cielo y el agua no se saben diferenciar. No es solo azul. Es… nostalgia tranquila —

Hoseok lo miró, sorprendido. Luego asintió, serio.

— Exacto. Tú lo entiendes. No es ropa. Es memoria. Es estado de ánimo —

Namjoon, observando esta escena desde su rincón, sintió que algo se desbloqueaba en su mente. No se trataba de enumerar grandes eventos. La gratitud estaba en los detalles, en la percepción. Bajó la vista a la página en blanco y, con una calma nueva, escribió:

Día 1 de enero.

Estoy agradecido por:

1. La paciencia de la madera del suelo, que aguanta nuestros pasos y nuestros tropiezos.

2. El arcoíris imperfecto que Hobi está creando en el suelo, porque me recuerda que el orden puede ser creativo.

3. El sonido del viento contra la ventana, que acompaña mi silencio sin exigir nada.

4. El color azul marino de Taehyung, que ahora sé que es el mar de Busan antes del amanecer.

5. La concentración de Jungkook, que es una forma de amor por lo que hacemos.

No era poesía grandilocuente. Era un inventario sencillo, un mapa de pequeños hallazgos. Al terminar, una oleada de calor le recorrió el pecho. No era euforia, era paz. Había nombrado al mundo a su alrededor, y al hacerlo, lo había hecho suyo de una manera nueva.

En ese momento, Yoongi, que parecía haberse fundido con el sofá, habló sin abrir los ojos.

— Joon-ah —

— ¿Sí, hyung? —

— Añade “por los silencios que no pesan”. Eso también cuenta —

Namjoon sonrió. Y añadió un sexto punto a su lista.

6. Por los silencios que no pesan.

La evolución individual del líder, ese día, no fue un descubrimiento explosivo. Fue aprender a ver. A registrar el color de un suéter, la textura de un silencio, la devoción en unos labios que practican un ritmo en silencio. Mientras Hoseok continuaba su misión cromática y el apartamento se llenaba de un orden temporal pero vibrante, Namjoon cerró su libreta. El primer día estaba documentado. No por lo que habían logrado, sino por lo que habían sabido notar. Y eso, sintió, era el cimiento más firme para cualquier cosa que quisieran construir.



#358 en Fanfic

En el texto hay: caos, divertido, comida

Editado: 16.03.2026

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