El crepúsculo empezaba a teñir de azul oscuro el cielo sobre Seúl cuando la paz doméstica se quebró. No por un conflicto interno, sino por un sonido estridente y familiar: el tono de video llamada personalizado de Jin. No era el tono genérico, era el clip de audio de él mismo gritando ¡Super Junior, fighting! en un programa de variedades años atrás, un sonido que siempre provocaba una mezcla de risas y sobresaltos.
Jin, que estaba en medio de discutir filosóficamente con Yoongi sobre la mejor forma de doblar los calcetines (¡En bolitas es un crimen contra la eficiencia del espacio!, alegaba), se sobresaltó. Miró la pantalla y su expresión cambió de la indignación a una sorpresa genuina y un poco pálida.
— Es… mi madre — anunció, como si hubiera dicho que era el presidente llamando.
Un silencio respetuoso y ligeramente nervioso cayó sobre la sala. La familia de cada uno era un territorio sagrado y, a veces, un campo minado de expectativas. Jin se aclaró la garganta, enderezó la postura aunque ella no pudiera verlo, y deslizó el dedo para aceptar la video llamada, activando el video.
— ¡Eomoni! ¡Feliz Año Nuevo! — dijo con su voz más brillante y televisiva, una sonrisa perfecta estampada en el rostro.
La voz cálida y un poco aguda de la Sra. Kim salió del altavoz.
— ¡Jin-ah, Feliz Año Nuevo! ¿Estás comiendo bien? ¿Estás con los chicos? —
—Sí, sí, están todos aquí — respondió Jin, barriendo la cámara por la sala en un movimiento rápido, capturando flashes: Hoseok congelado en el acto de sostener una camiseta naranja, Jimin saludando con una sonrisa tímida, Jungkook quitándose los auriculares a la velocidad de la luz, Taehyung haciendo una V de la paz con los dedos desde el suelo, Yoongi asintiendo con solemnidad desde su manta, y Namjoon con la libreta de gratitud aún en la mano, sonriendo con calma.
— Me alegra —dijo su madre.
— No quiero molestarte. Solo quería recordarte que mañana es el día de visitar a tu tía. Prometiste llevarle esos fideos caseros especiales, ¿recuerdas? Los que le sentaban tan bien el año pasado.
La sonrisa de Jin se congeló por una fracción de segundo. Un microespasmo de pánico cruzó sus ojos. Los fideos caseros especiales eran, en realidad, un ramen premium de una marca lujosa que Jin había recalentado con unas hierbas frescas y presentado en una olla de barro para que pareciera artesanal. El año pasado, su tía, con paladar debilitado pero corazón afectuoso, lo había elogiado como el mejor plato de su vida.
— ¡Claro, Eomoni! ¡Cómo podría olvidarlo! — exclamó Jin, la voz un octavo más aguda de lo normal.
— Los… los estoy preparando justo ahora. Con mucho cariño —
— Ah, trabajando incluso en año nuevo. Eres un buen chico. Bueno, no te entretengo más. Cuídate, come sopa, y dale mis saludos a los chicos —
La video llamada terminó. Jin bajó el teléfono lentamente y se quedó mirando al espacio. El peso de la mentira piadosa, multiplicada por la expectativa familiar, cayó sobre sus hombros como un manto de plomo.
— Hyung — dijo Jungkook, con los ojos como platos.
— No tienes fideos caseros —
— Lo sé, Kook-ah — suspiró Jin, desplomándose en una silla.
— Lo sé. Soy un fraude. Un fraude filial —
— Pero tienes ramen — señaló Taehyung, práctico.
— Mucho ramen —
— ¡No es lo mismo! — gimió Jin.
— ¡La tía espera la experiencia especial! ¡El sabor a hogar! ¡No a paquete instantáneo número tres!
Fue entonces cuando Hoseok dejó caer la camiseta naranja. Su rostro se iluminó con una idea. Una idea peligrosa.
— ¡Pero podemos hacerlo especial! ¡Podemos transformarlo! Esto no es una crisis, es… ¡un proyecto de equipo!
Todos lo miraron. Incluso Yoongi despegó un ojo de su manta.
— ¿Un proyecto de equipo para engañar a una adorable anciana? — preguntó Namjoon, alzando una ceja.
— ¡No para engañar! — corrigió Hoseok, animado.
— ¡Para mejorar! Para añadir amor. ¡Gratitud práctica, versión culinaria! Jin-hyung quiere agradecer a su tía su cariño, ¿no? ¿Qué mejor manera que… crear una obra maestra a partir de la humildad? —
Una chispa se encendió en el ambiente. La desesperación de Jin se transformó en una curiosidad cautelosa. Jimin se levantó del sofá.
— Podemos añadir verduras frescas. Cortadas finamente, con mucho estilo —
— Yo puedo hacer un caldo de huesos — dijo Jungkook, súbitamente inspirado.
— Mi abuela me enseñó. Lleva tiempo, pero… —
— ¡El tiempo es lo que tenemos! — declaró Hoseok.
— La tía lo recibe mañana por la tarde. Tenemos toda la noche y la mañana —
— Puedo buscar música ambiental para la cocina — ofreció Taehyung, completamente serio.
— Algo que inspire a los fideos a ser más que fideos —
— Yo… puedo no estorbar — dijo Yoongi.
Editado: 16.03.2026