Año Nuevo Con Bts

CAPITULO 6

La cocina, normalmente un territorio neutral de paso rápido y snacks a deshoras, se transformó en un laboratorio de alta tensión culinaria. Las luces principales estaban apagadas, sustituidas por la luz cálida de la campana extractora y varias velas que Taehyung había colocado estratégicamente "para crear el ambiente adecuado para la metamorfosis de los fideos". El apartamento olía ahora a cebolla caramelizada, ajo y algo que prometía ser glorioso.

Jin, recuperado del shock inicial, había asumido el mando de las operaciones con la gravedad de un director de orquesta. Pero era una orquesta donde cada músico tocaba un instrumento diferente y ninguno había ensayado.

— ¡Jungkook! — ordenó, señalando una olla enorme.

— El caldo de huesos. Tú dijiste que sabías. Es tu momento. Que los huesos tiemblen ante tu destreza —

Jungkook asintió, el orgullo brillando en sus ojos. Se acercó a la olla con una bolsa de huesos de ternera que habían encontrado en el congelador, reliquias de un asado olvidado. Los depositó con reverencia, como si ofreciera un sacrificio a los dioses de la sopa.

— Mi abuela decía — murmuró, llenando la olla de agua.

— Que el caldo bueno no se hace, se… convence. Hay que hablarle. Decirle cosas bonitas —

— ¿Hablarle al caldo? — preguntó Yoongi desde la puerta, donde observaba con los brazos cruzados, fiel a su rol de supervisor escéptico.

— Sí — confirmó Jungkook, sin inmutarse.

— Mi abuela le susurraba secretos. Decía que el caldo los guardaba y los devolvía en sabor —

Un silencio breve. Luego, Hoseok se acercó a la olla y, con toda la seriedad del mundo, susurró:

— Gracias, futura sopa, por existir. Por acompañar a Jin-hyung en su misión. Por ser deliciosa. Te queremos —

Jimin soltó una risita nerviosa, pero Taehyung asintió con aprobación.

— La energía se siente diferente — dijo.

— El agua ya no es solo agua. Está… escuchando —

Namjoon, que estaba encargado de picar las verduras con una técnica que alternaba entre la precisión quirúrgica y el peligro inminente para sus dedos, levantó la vista.

— ¿Alguien más siente que esto se está volviendo un ritual chamánico? —

— Es una renovación espiritual, Joon-ah — respondió Jin, añadiendo un chorro de aceite de sésamo a una sartén.

— La evolución individual también pasa por aceptar que a veces tienes que hacer cosas absurdas con tus amigos para sentirte mejor —

La frase flotó en el aire, más profunda de lo que Jin había pretendido. Pero nadie la analizó. Simplemente siguieron trabajando, cada uno en su tarea, en una coreografía improvisada de codazos, risas y algún que otro pequeño desastre.

Jimin cortaba las verduras con una delicadeza que parecía esculpir, no picar. Las zanahorias se convertían en finísimas láminas traslúcidas, los champiñones en medias lunas perfectas. Era una gratitud práctica hacia los ingredientes, una forma de honrarlos antes de que cumplieran su destino en el plato.

Taehyung, tras colocar las velas, había encontrado su propia misión: etiquetar los frascos de especias. Con una caligrafía ornamentada que parecía sacada de un manuscrito antiguo, escribía "Polvo de estrella" en el comino, "Lágrimas del sol" en la cúrcuma, y "Suspiro de la tierra" en la pimienta negra.

— Así sabrán a lo que son realmente — explicó cuando Jin lo miró con curiosidad.

— Las palabras también sazonan —

Hoseok, mientras tanto, se había autoproclamado director de energía y ánimo. No cocinaba, pero se movía entre ellos como un colibrí, ajustando una llama aquí, secando un sudor imaginario allá, ofreciendo ánimos y, ocasionalmente, coreografías cortas para celebrar pequeños logros como que el agua hirviera o que una cebolla estuviera bien picada.

— ¡Eso es! — exclamó cuando el caldo de Jungkook comenzó a burbujear con un sonido prometedor.

— ¡El punto de ebullición es el clímax del primer acto! ¡Sigan así, héroes de la cocina! —

Yoongi, desde su puesto de observación, había ido desplazándose gradualmente hacia el interior de la cocina. El aroma era demasiado tentador. Primero fue un pie, luego el otro, y finalmente se encontró apoyado contra la encimera, fingiendo que siempre había estado ahí.

— Necesitas probar el caldo — dijo Jungkook, ofreciéndole una cuchara.

— Eres el catador oficial, ¿no? —

Yoongi tomó la cuchara, sopló con cuidado y probó. Sus ojos, siempre difíciles de leer, se suavizaron por un instante. Asintió lentamente.

— Tu abuela estaría orgullosa. Pero necesita sal. Solo un poco —

Jungkook sonrió como si hubiera recibido el elogio más grande del mundo. Añadió la sal con mano temblorosa y volvió a ofrecer la cuchara. Esta vez, Yoongi asintió con más convicción.

—Ahora sí. El caldo ha guardado suficientes secretos —

La noche avanzaba, y la cocina se convirtió en un microcosmos de su amistad. Las risas se entremezclaban con el chisporroteo de los ingredientes, los consejos culinarios con confesiones personales. Jimin contó que su abuela hacía un tteokguk tan bueno que él lloraba cada año, y Hoseok admitió que una vez intentó cocinar para una cita y casi quema la cocina.



#358 en Fanfic

En el texto hay: caos, divertido, comida

Editado: 16.03.2026

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