Año Nuevo Con Bts

CAPITULO 7

La medianoche había pasado hacía rato cuando la cocina, por fin, comenzó a silenciarse. El "Proyecto Renovación del Ramen" había entrado en su fase de reposo: el caldo de huesos burbujeaba a fuego lento con un sonido hipnótico, los vegetales esperaban en sus recipientes como soldados en formación, y los fideos, aún en sus paquetes, descansaban en la despensa, ignorantes del destino glorioso que se avecinaba.

El apartamento había adquirido esa cualidad especial de las noches de insomnio compartido, donde el cansancio se mezcla con una intimidad vulnerable y las conversaciones derivan hacia territorios que la luz del día no permitiría. Estaban desperdigados por la sala, algunos en el sofá, otros en cojines en el suelo, todos con tazas de té humeante entre las manos.

Jin, el más afectado por la tensión de la misión, había comenzado a divagar. No era raro en él, pero esa noche había algo diferente en su mirada, una mezcla de gratitud y culpa que no terminaba de procesarse.

— ¿Sabéis lo peor de todo esto? — dijo de repente, rompiendo un silencio cómodo.

— Lo peor es que no es la primera vez. He mentido a mi familia sobre mi comida en, al menos, cinco ocasiones. Cinco —

Hoseok, que estaba semi-recostado en el suelo con los ojos cerrados, abrió uno.

— ¿Cinco veces? ¿Eres un mentiroso en serie culinario? —

— No es mentira, es… ¡presentación! — se defendió Jin, aunque sin convicción

— Una vez dije que había hecho un bulgogi desde cero y era comprado. Otra vez, que el japchae era receta de la abuela y era de un restaurante al que llamé para que me lo trajeran y lo recalenté en mi propia olla —

Las risas estallaron, suaves pero genuinas. Jimin se incorporó un poco.

— Hyung, eso no es mentira. Es… inteligencia emocional aplicada a la filialidad —

— ¡Exacto! — dijo Jin, señalándolo con el dedo.

— ¡Eso! Inteligencia emocional. Yoongi-yah, ¿tú qué opinas? —

Yoongi, que había permanecido en silencio con la mirada perdida en el vapor de su té, tardó unos segundos en responder. Cuando lo hizo, su voz fue baja, pero capturó la atención de todos.

— Mi madre nunca me pidió que cocinara. Me pedía que tocara el piano para ella. Y yo… muchas veces tocaba canciones que no eran las que ella quería. Le decía que sí, que iba a tocar su favorita, y luego empezaba con algo mío. Algo que había compuesto. Ella nunca se quejó. Creo que… sabía que era mi forma de decirle "te quiero" sin decirlo —

El silencio que siguió fue diferente. Más profundo, más cálido. Taehyung, que había estado acariciando distraídamente una hoja de la Monstera rescatada (ahora en una maceta provisional, pero viva), habló sin levantar la vista.

— Mi abuela no habla mucho. Pero cuando cocina para mí, pone siempre un plato extra. Por si viene alguien conmigo. Aunque sabe que siempre voy solo. Ese plato vacío es su forma de decir "espero que no estés solo"

Jungkook, que había estado luchando contra el sueño apoyado en el hombro de Namjoon, susurró:

— Mi abuela… cuando murió, dejó escrito su secreto del caldo. Pero no era una receta. Era una frase: "Habla con amor mientras cocinas, y el amor se quedará en la comida". Por eso lo del caldo, lo de hablarle. No era broma.

Namjoon sintió un nudo en la garganta. Miró a su alrededor, a estos seis hombres que había visto en los escenarios más grandes del mundo, y los veía ahora como eran: hijos, nietos, personas con raíces profundas y heridas pequeñas que nunca mostraban en las entrevistas. La evolución individual, pensó, también era eso: permitirse ser visto en la vulnerabilidad, en las historias de familia, en los secretos que solo se cuentan cuando el reloj marca las horas pequeñas y el cansancio derriba las defensas.

— Mi madre — dijo de repente, sin planearlo.

— Me escribió una carta cuando debutamos. Me dijo que no importaba si triunfábamos o no, que ella siempre estaría orgullosa. La guardo en mi caja de cosas importantes. A veces la saco solo para leer la última frase: "Recuerda quien eres cuando nadie te mira". Creo que por eso me obsesiono tanto con los propósitos, con la lista, con mejorar. Para asegurarme de que quien soy cuando nadie me mira es alguien que vale la pena —

Jimin se acercó un poco más, apoyando la cabeza en el hombro de Namjoon desde el otro lado.

— Eres esa persona, hyung. Lo eres —

La afirmación fue simple, sin artificios. Y Namjoon sintió que quizás, por primera vez en mucho tiempo, podía creerlo.

El té se fue enfriando en las tazas mientras las conversaciones se volvían más dispersas, más susurradas. Alguien mencionó un sueño raro que había tenido, otro recordó una anécdota de un viaje olvidado. Las risas volvieron, pero más suaves, como acariciando el momento en lugar de romperlo.

Afuera, Seúl dormía. Pero dentro de aquel apartamento, en la hora más profunda de la noche, siete almas compartían el peso y la ligereza de existir juntos. El caldo de huesos seguía su lento burbujeo en la cocina, guardando secretos, absorbiendo el amor de esa noche absurda y hermosa.

Cuando el sueño comenzó a vencerlos, no hubo coordinación para irse a dormir. Simplemente, uno a uno, fueron encontrando su lugar: Jungkook se deslizó completamente sobre el hombro de Namjoon, Jimin se acurrucó a sus pies, Taehyung se tumbó en la alfombra con la Monstera cerca, Hoseok se estiró en el sofá pequeño, Jin ocupó el sillón individual, y Yoongi, el último en rendirse, apagó la luz de la cocina y se envolvió en su manta en un extremo del sofá grande.



#358 en Fanfic

En el texto hay: caos, divertido, comida

Editado: 16.03.2026

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