Año Nuevo Con Bts

CAPITULO 9

La espera se hizo eterna. O al menos, eso parecía en la burbuja de tiempo distorsionado que se había creado en el apartamento tras la partida de Jin. Los minutos se arrastraban con una lentitud agonizante, y cualquier sonido (el ascensor, un portazo lejano, el graznido de una urraca) provocaba que seis cabezas se giraran hacia la puerta con la esperanza de que fuera él.

Namjoon había intentado leer, pero las palabras bailaban en la página sin fijarse. Jungkook practicaba beatbox en silencio, pero sus mejillas se movían con una ansiedad que delataba su falta de concentración. Hoseok había reorganizado tres veces el mismo estante de libros, buscando un orden que no existía. Jimin meditaba con los ojos abiertos, vigilando la puerta. Taehyung hablaba con la Monstera, actualizándola sobre la situación con un dramatismo digno de un reportaje de guerra. Yoongi, desde su manta, contaba los segundos en su mente, un hábito de cuando producía música y necesitaba medir los silencios.

— Debería haber llamado ya — dijo Jimin, rompiendo el silencio por enésima vez.

— ¿Y si la tía no lo ha comido? ¿Y si ha sospechado? ¿Y si Jin-hyung está en este momento siendo desheredado? —

— Jimin-ah — lo calmó Namjoon.

— Respira. Son fideos, no una declaración jurada. Lo peor que puede pasar es que la tía prefiera el ramen normal —

—¡Pero él dijo que eran especiales! ¡Especiales! — insistió Jimin, llevándose las manos a la cabeza.

— ¡Eso crea expectativas! —

Fue entonces cuando el sonido tan esperado resonó: la llave girando en la cerradura. Seis cuerpos se pusieron en pie de manera instintiva, formando una especie de comité de recepción informal pero extremadamente atento. La puerta se abrió y apareció Jin.

Su expresión era ilegible. Ni sonrisa triunfal, ni mueca de derrota. Simplemente una calma neutra que resultaba más inquietante que cualquier emoción evidente. Entró, cerró la puerta tras de sí, dejó las llaves en el mueble de la entrada con una lentitud deliberada, y solo entonces levantó la vista hacia ellos.

El silencio era tan denso que podía cortarse con un palillo de los que usaban para el ramen.

— Bueno — dijo Jin, finalmente.

— Ha pasado —

— ¿Y? — preguntó Hoseok, incapaz de contenerse.

— ¡Hyung, no nos hagas esto! ¡Cuenta! —

Jin caminó hacia la sala con paso pausado, se dejó caer en el sillón individual (el mismo donde había dormido y sacrificado su cuello), y miró al techo durante lo que pareció una eternidad. Cuando habló, su voz tenía un temblor sospechoso.

— Mi tía… — comenzó, y se interrumpió. Se llevó una mano a los ojos.

El pánico recorrió al grupo como una descarga eléctrica. Jimin se llevó las manos a la boca. Jungkook dio un paso adelante, listo para consolar. Namjoon sintió que el estómago se le hundía.

— Hyung — dijo Taehyung, acercándose con cautela.

— Pase lo que pase, estamos contigo. Incluso si la tía ya no te habla, nosotros… —

— Se echó a llorar — interrumpió Jin, y su voz se rompió.

— Mi tía. Cuando probó los fideos. Se echó a llorar —

Seis pares de ojos se abrieron como platos. Hubo un momento de confusión absoluta, en el que nadie supo si aquello era bueno o malo. ¿Llorar por la comida? ¿Llorar de emoción? ¿Llorar de decepción?

Jin dejó caer las manos y los miró, y entonces vieron que no era tristeza lo que brillaba en sus ojos, sino una emoción desbordada, una gratitud tan inmensa que no cabía en su pecho.

—Dijo —continuó, su voz entrecortada pero firme.

— Que era el mejor plato que había probado en años. Que le recordaba a la comida de su madre, mi bisabuela. Que notaba algo diferente, algo especial, como si los fideos hubieran sido cocinados con un cariño que no se encuentra en ningún restaurante. Me preguntó cuál era mi secreto —

Un suspiro colectivo de alivio recorrió la habitación. Pero Jin no había terminado.

— Y entonces — dijo, y ahora una sonrisa comenzaba a formarse en sus labios.

— Le dije la verdad —

El alivio se congeló. La verdad. Había dicho la verdad. Siete mentes procesaron simultáneamente las posibles consecuencias: el escándalo familiar, la vergüenza, el fin de las comidas familiares para siempre.

— ¿La verdad? — repitió Yoongi, con una calma tensa.

— Sí — dijo Jin, y ahora la sonrisa se había extendido por completo—. Le dije que no los había hecho yo solo. Le dije que mis amigos habían pasado la noche cocinando conmigo, que Jungkook había hecho el caldo con la receta de su abuela, que Jimin había cortado las verdras con una precisión de escultor, que Taehyung había puesto nombres poéticos a las especias, que Hoseok había llenado la cocina de energía positiva, que Yoongi había sido el catador oficial y que Namjoon había coordinado todo mientras escribía en su libreta de gratitud.

El silencio que siguió fue de otro tipo. Era un silencio expectante, emocionado, vulnerable.

— ¿Y qué dijo? — preguntó Jungkook en un susurro.

Jin los miró uno por uno, asegurándose de que todos recibieran su mirada.



#433 en Fanfic

En el texto hay: caos, divertido, comida

Editado: 06.04.2026

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