Año Nuevo Con Bts

CAPITULO 10

La euforia del éxito del ramen había sedimentado en una calma satisfecha, como el poso de un buen té después de la primera infusión. La tarde del segundo día se deslizaba plácida cuando Jin, que había estado mirando su teléfono con una expresión cada vez más concentrada, levantó la vista y soltó la bomba.

— Mi tía quiere venir mañana —

Siete reacciones simultáneas, siete grados diferentes de pánico.

— ¿Aquí? — preguntó Hoseok, con la voz aguda.

— ¿Mañana? ¿Como en... veinticuatro horas? —

— Quiere conocerlos —confirmó Jin, y aunque su tono intentaba ser casual, sus ojos delataban un nerviosismo profundo.

— Quiere dar las gracias en persona a los que hicieron posible "los fideos más especiales de su vida"

El peso de esas comillas recayó sobre el apartamento como una manta mojada. De repente, la victoria se transformaba en una nueva misión, más compleja y aterradora que la anterior. Ya no se trataba de engañar a una tía con ramen mejorado. Se trataba de recibir a una figura familiar en su espacio más íntimo, ese caos doméstico que ellos llamaban hogar.

— ¿Y qué le vamos a decir? — preguntó Jimin, llevándose una mano al pecho.

— ¿Que somos exactamente iguales a como nos ve en la tele pero en pijama y con el pelo revuelto? —

— Peor — dijo Yoongi, sin abandonar su manta.

— Vamos a ser exactamente iguales a como nos ve en la tele pero en pijama, con el pelo revuelto, y además discutiendo sobre quién dejó los calcetines en la mesa del comedor —

Jungkook, que hasta ese momento había permanecido en silencio, soltó una risa nerviosa.

— Mi abuela siempre decía que la primera impresión es la que cuenta. Pero nosotros ya no tenemos primera impresión. Ella ya nos conoce. O cree que nos conoce —

— Exacto — intervino Namjoon, que había estado procesando la información con su mente estratégica.

— Ese es el problema. Ella tiene una imagen de nosotros. Probablemente la imagen oficial, la de los escenarios, las entrevistas, las fotos perfectas. Y nosotros tenemos que recibirla siendo... esto —

Un gesto amplio abarcó la sala:

La Monstera en su maceta provisional, los restos de la batalla culinaria aún no completamente limpiados, la colección de mantas de Yoongi en el sofá, las zapatillas dispersas, la libreta de gratitud de Namjoon abierta sobre la mesa, el arcoíris de ropa de Hoseok aún sin doblar del todo, las velas de Taehyung en posiciones estratégicas, y un ambient general de caos controlado pero caos al fin.

— Esto — repitió Taehyung, con una sonrisa.

— Esto es lo que somos. ¿No debería ser suficiente? —

La pregunta flotó en el aire, cargada de una verdad incómoda. ¿Era suficiente? ¿Podían presentarse ante una figura familiar, una tía que representaba la tradición, las expectativas, el "deber ser", con toda su desordenada humanidad?

Jin se levantó y comenzó a pasear, un hábito que tenía cuando algo le preocupaba profundamente.

— Mi tía no es una persona superficial — dijo, más para sí mismo que para los demás.

— Es la que siempre me preguntaba si comía bien, si descansaba, si era feliz. Nunca me preguntó por el éxito, por los premios, por el dinero. Siempre por lo básico. Por lo humano —

Se detuvo y los miró.

— Quizás... quizás esto es justo lo que ella quiere ver. No a los artistas. A las personas que cuidan de mí. A los que convirtieron un ramen en un plato con alma —

Un silencio reflexivo siguió a sus palabras. Hoseok, que había comenzado a doblar frenéticamente su ropa, se detuvo a mitad de gesto.

— ¿Entonces... no hace falta que finjamos? —

— No — dijo Jin, y su voz ganó seguridad.

— No hace falta. Solo hace falta que seamos nosotros. Con nuestros desórdenes, nuestras rarezas, nuestras manías. Y con nuestro... cariño. Porque eso fue lo que ella probó en los fideos. Eso fue lo que la hizo llorar —

La tensión en la habitación se aflojó varios grados. Pero aún quedaba un desafío logístico: la visita era mañana, y el apartamento necesitaba, si no una transformación completa, al menos un nivel de orden que no fuera ofensivo para una señora mayor.

— Propongo un plan — dijo Namjoon, activando su modo líder.

— Limpieza express pero sin perder la esencia. No vamos a convertir esto en un museo, pero tampoco podemos recibirla con los calcetines de Yoongi en la lámpara —

— ¡Eso pasó una vez! — protestó Yoongi.

— Y no fueron mis calcetines, fueron de Jungkook —

— Fueron tuyos — confirmó Jungkook, con una sonrisa inocente.

— Yo los reconocí por el agujero en el dedo gordo —

La discusión que siguió fue absurda, ruidosa y catártica. Discutieron sobre los calcetines, sobre quién era el más desordenado, sobre si las mantas de Yoongi constituían una decoración o un problema de salud pública. Pero en medio de la discusión, había algo más: la certeza de que, fuera cual fuera el resultado de la visita, lo enfrentarían juntos.



#433 en Fanfic

En el texto hay: caos, divertido, comida

Editado: 06.04.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.