Año Nuevo Con Bts

CAPITULO 12

La mañana del 3 de Enero amaneció con una claridad cruelmente hermosa. El sol se derramaba sobre Seúl como si nada extraordinario fuera a suceder, como si en un apartamento del distrito de Yongsan no hubiera siete corazones latiendo a un ritmo frenético, cada uno a su propia velocidad, pero todos igualmente acelerados.

Jin fue el primero en levantarse, algo inusual en él. Había dormido mal, con sueños entrecortados donde su tía aparecía en versiones imposibles: una tía gigante que ocupaba toda la sala, una tía que hablaba en lenguas, una tía que sacaba fotos de su infancia y las proyectaba en la pared. Se frotó los ojos, se miró al espejo del baño y suspiró.

— Pase lo que pase — murmuró a su reflejo.

— Esto es mejor que esa pesadilla o eso espero —

Cuando salió, se encontró con que no era el único. Jungkook ya estaba en la cocina, preparando un nuevo lote de caldo, aunque esta vez sin la presión creativa de la noche del ramen. Lo hacía por rutina, por mantener las manos ocupadas, por no pensar.

— Hyung — dijo sin volverse.

— ¿Crees que le gustará el té que elegimos? —

— Le encantará — respondió Jin, apoyándose en el marco de la puerta.

— Sobre todo porque lo serviremos en las tazas bonitas, las que casi nunca usamos —

— ¿Y si prefiere café? —

— También tenemos. Y si prefiere agua, también. Y si prefiere no beber nada, respetaremos su elección existencial —

Jungkook sonrió, pero era una sonrisa nerviosa, de esas que no llegan del todo a los ojos.

Uno a uno, los demás fueron apareciendo, arrastrando los pies, con el pelo en todas direcciones y esa expresión de quienes han dormido poco y mal. Hoseok intentaba sonreír, pero su sonrisa se desvanecía tan pronto como la creaba, como un fuego artificial mojado. Jimin había intentado arreglarse, pero su cabello perfectamente peinado contrastaba con sus ojeras profundas. Taehyung llevaba puesto un jersey de colores imposibles, como si hubiera querido compensar la tensión con un estallido cromático. Yoongi, fiel a su estilo, se había envuelto en su manta y observaba desde el sofá, pero esta vez su mirada no era de sueño, sino de alerta. Namjoon, con su libreta en la mano, escribía y borraba, escribía y borraba, en un ciclo infinito de intentos de capturar el momento.

— Faltan 3 horas — anunció Jin, consultando su teléfono.

— 3 horas para que mi tía atraviese esa puerta y nos juzgue para la eternidad —

— No va a juzgarnos — lo corrigió Namjoon, levantando la vista de su libreta.

— Va a conocernos. Son cosas diferentes —

— Para ti tal vez — murmuró Jimin, ajustándose el cuello de la camisa por enésima vez.

— Para mí, cualquier persona nueva es un juez hasta que demuestre lo contrario. Es un mecanismo de defensa —

— Pues yo voy a recibirla con los brazos abiertos — declaró Hoseok, con una determinación que sonaba ligeramente forzada.

— Literalmente. Voy a abrazarla en cuanto entre. El contacto físico rompe el hielo —

— ¿Y si no es de abrazos? — preguntó Yoongi, desde su manta.

— ¿Y si es de esas personas que necesitan su espacio? —

Hoseok se quedó pensando, con el abrazo congelado a medio camino.

— Entonces... le pregunto antes. "Señora, ¿puedo abrazarla o prefiere un apretón de manos formal pero cálido?"

La imagen de Hoseok haciendo esa pregunta con su sonrisa radiante fue tan absurda que provocó la primera risa auténtica de la mañana. Fue breve, pero suficiente para aflojar un poco la tensión.

Las horas siguientes transcurrieron en una mezcla de preparativos frenéticos y momentos de parálisis absoluta. Limpiaron lo que ya estaba limpio, reorganizaron lo que ya estaba ordenado, y discutieron sobre tonterías: si las galletas debían estar en un plato plano o en uno con ondulaciones, si las flores que Taehyung había comprado (unas margaritas blancas preciosas) debían ir en el centro de la mesa o en la entrada, si la Monstera estaba presentable o necesitaba un pañuelo alrededor de la maceta.

— Le pondremos un lazo — decidió Taehyung.

— La Monstera es parte de la familia. Debe estar guapa —

— Es una planta, Tae — dijo Yoongi.

— No va a saludar —

— Pero va a ser vista. Y las plantas también tienen dignidad —

No hubo discusión posible. La Monstera recibió un lazo rojo alrededor de su maceta provisional, y Taehyung le susurró unas palabras de ánimo que nadie más pudo escuchar.

Cuando faltaban 15 minutos, la tensión alcanzó su punto máximo. Siete hombres ocupaban la sala, pero ninguno parecía saber qué hacer con su cuerpo. Jungkook se balanceaba sobre los talones. Jimin se retorcía las manos. Hoseok sonreía y fruncía el ceño alternativamente. Taehyung acariciaba a la Monstera como si fuera un gato nervioso. Yoongi se había erguido en el sofá, su manta ahora doblada a un lado, en un gesto de respeto que no pasó desapercibido. Namjoon sostenía su libreta como un escudo. Jin miraba fijamente la puerta, como si pudiera atravesarla con la mirada y acelerar la llegada.



#433 en Fanfic

En el texto hay: caos, divertido, comida

Editado: 06.04.2026

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