Año Nuevo Con Bts

CAPITULO 16

La cena había terminado, pero la mesa seguía siendo el centro del universo. Los platos, ahora vacíos o con restos que nadie quería dejar, contaban la historia de un banquete que había sido más que comida: había sido comunión. La Tía Soo-kyung, con su taza de té entre las manos, miraba los restos con la satisfacción de quien ha alimentado no solo estómagos, sino algo más profundo.

— Nunca he visto a nadie comer tanto tofu — comentó, con una sonrisa.

— Y eso que en mis años he alimentado a varios ejércitos de sobrinos —

— Es que estaba delicioso — dijo Jungkook, con la sinceridad de quien no sabe mentir sobre comida.

— El mejor dubu jorim que he probado fuera de Busan —

— Fuera de Busan — repitió ella, saboreando el cumplido.

— Eso es un halago. En Busan se come bien, ¿eh? —

— Se come muy bien — confirmó Jimin, asintiendo con fervor.

— Pero esto... esto sabía a Busan y a Seúl al mismo tiempo. Como si las dos ciudades se hubieran dado la mano en mi plato —

La Tía soltó una carcajada, esa carcajada suya que ya se había vuelto familiar, reconfortante, como el ruido de las olas en una playa conocida.

— Este muchacho — dijo, señalando a Jimin con el dedo.

— Tiene alma de poeta. Lo sabía desde que lo vi —

Jimin sonrió, ruborizándose ligeramente. No estaba acostumbrado a que lo vieran con tanta claridad, a que señalaran algo que él mismo apenas se atrevía a reconocer. Pero allí, bajo la mirada de aquella mujer menuda, se sentía visto. Y no dolía. Al contrario, reconfortaba.

El ambiente se había vuelto lento, pausado, como esos atardeceres de domingo en los que nadie quiere que acabe el día. La luz de la sala era ahora solo la de las lámparas, que Taehyung había regulado a una intensidad cálida, casi íntima. Las velas, que habían estado encendidas desde la llegada de la Tía, parpadeaban suavemente, como si también ellas estuvieran cansadas pero felices.

— Tía — dijo Namjoon, rompiendo el silencio cómodo.

— ¿Puedo hacerle una pregunta? Un poco personal, quizás —

Ella asintió, sin dejar de sonreír.

— Las preguntas personales son las únicas que valen la pena, hijo. Las otras son solo conversación de ascensor —

Namjoon respiró hondo, como si fuera a saltar al vacío.

— ¿Cómo hace? ¿Cómo hace para estar tan... tranquila? ¿Para aceptar las cosas como vienen, para no aferrarse al pasado, para no tener miedo del futuro? Yo paso la vida planeando, escribiendo listas, intentando controlar lo incontrolable. Y usted... usted parece haber encontrado una paz que yo no sé ni por dónde se empieza a buscar.

La pregunta cayó en la sala como una piedra en un estanque. Las ondas se expandieron, tocando a cada uno de los presentes, porque en el fondo, todos se habían hecho esa misma pregunta en algún momento. Todos habían mirado a alguien mayor, alguien que parecía haber resuelto el enigma de la existencia, y habían sentido esa mezcla de admiración y envidia.

La Tía Soo-kyung tardó en responder. No porque no supiera qué decir, sino porque quería hacerlo bien. Se tomó su tiempo, acariciando el borde de su taza de té, mirando a través de la ventana hacia la noche que ya había cubierto Seúl.

— No estoy tranquila todo el tiempo — dijo finalmente.

— Hay noches en las que no duermo, pensando en las cosas que no hice, en las palabras que no dije, en las personas que se fueron y no volvieron. Hay días en los que el cuerpo me duele y me pregunto para qué sigo levantándome. Hay momentos en los que el miedo me agarra del cuello y no me suelta —

Hizo una pausa, y su voz se volvió más suave, más honda.

— Pero aprendí algo, con los años. Aprendí que el miedo no desaparece. No se va. No te abandona. Lo que puedes hacer es aprender a convivir con él. A reconocerlo cuando llega, a decirle "ah, eres tú otra vez", y a seguir caminando igual. El miedo no tiene poder sobre ti si no le das las llaves de tu casa —

— ¿Y cómo se hace eso? — preguntó Jungkook, con una urgencia que delataba su propia lucha interna.

— ¿Cómo se le quitan las llaves al miedo? —

— No se le quitan — respondió ella, con una sonrisa llena de sabiduría cansada.

— Se cambian las cerraduras. Y las nuevas cerraduras se llaman amor, amistad, propósito. Se llaman las personas con las que eliges compartir tu vida. Se llaman los momentos como este, en los que no estás solo. Cuando el miedo llega y encuentra la puerta cerrada porque dentro hay gente que te quiere, pues... se va. No para siempre, pero se va. Y vuelve, claro. Pero cada vez encuentra la puerta un poco más fuerte —

El silencio que siguió fue de esos que pesan, pero no por la incomodidad, sino por la densidad de lo dicho. Namjoon bajó la vista a su libreta, pero no escribió. No podía. Las palabras de la Tía eran demasiado grandes para ser atrapadas en papel, demasiado vivas para ser reducidas a tinta.

Jin, que había estado en silencio durante toda la conversación, sintió que algo se le rompía dentro. Pero no era una rotura dolorosa. Era una rotura liberadora, como cuando una semilla se parte para que pueda nacer la planta. Su Tía, esa mujer que había conocido toda su vida, le estaba mostrando una faceta que nunca había visto. O que quizás nunca había querido ver.



#465 en Fanfic

En el texto hay: caos, divertido, comida

Editado: 25.04.2026

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