Año Nuevo Con Bts

CAPITULO 17

El aroma que comenzó a filtrarse desde la cocina era indescriptible. No era el olor a pastel convencional, ni a galletas, ni a ningún postre que ninguno de los siete pudiera identificar. Era algo más primitivo, más antiguo, como si la Tía Soo-kyung hubiera encontrado la manera de hornear recuerdos.

— ¿Qué está haciendo? — preguntó Jungkook, estirando el cuello hacia la cocina como un perro que huele algo irresistible.

— No lo sé — respondió Jin, con una sonrisa que mezclaba nostalgia y misterio.

— Pero lo he olido antes. Hace mucho, mucho tiempo. Cuando era niño y me quedaba en su casa —

— Huele a... ¿canela? — aventuró Jimin, cerrando los ojos para concentrarse mejor.

— Canela sí — confirmó Hoseok, que se había levantado y caminaba en círculos alrededor de la sala, incapaz de estarse quieto.

— Pero también algo más. Como a miel. Y a... ¿a arroz? —

— A arroz glutinoso — corrigió Yoongi, que había levantado la cabeza de su manta y ahora olfateaba el aire con una seriedad inusual.

— Y a jengibre. Y a algo que no sé nombrar. Algo que me recuerda a... —

— A la infancia — completó Taehyung, en un susurro.

— Huele a la infancia. A cuando el tiempo no importaba y las preocupaciones eran otras —

La Tía Soo-kyung apareció en el marco de la puerta de la cocina, con las mejillas sonrosadas por el calor del horno y una expresión de satisfacción que iluminaba todo su rostro. En sus manos, una bandeja humeante cubierta con un paño de cocina que apenas contenía lo que había debajo.

— Necesito un plato grande — anunció.

— Y espacio en la mesa. Esto no se sirve en tazones. Esto se sirve en comunidad.

Siete hombres se movilizaron con una eficiencia que no habían desplegado en ningún otro momento del día. Jungkook encontró la bandeja más grande que tenían, la que usaban para las ocasiones especiales (y que llevaba tanto tiempo sin usarse que tenía una fina capa de polvo que Jimin eliminó con un soplido dramático). Namjoon apartó la Monstera para hacer espacio, aunque Taehyung protestó suavemente. Hoseok corrió las cortinas para que entrara más luz de la luna. Yoongi, por primera vez en todo el día, se levantó del sofá y se acercó a la mesa.

Cuando la Tía destapó la bandeja, un suspiro colectivo recorrió la habitación.

No era un pastel. No eran galletas. Era algo que ninguno había visto antes, pero que todos reconocieron en el fondo de sus almas: pequeños discos dorados, ligeramente crujientes por fuera, espolvoreados con una mezcla de canela y azúcar que brillaba bajo la luz, y con un centro que parecía suave, casi líquido, como si contuviera algo derretido en su interior.

— Esto — dijo la Tía, con una voz que parecía venir de otro tiempo.

— Se llama hobak-ssal donut. Pero no los donuts que conocen. Estos son los que hacía mi abuela. Y su abuela antes que ella. La receta se pierde en el tiempo, pero el sabor... el sabor se queda. Siempre se queda —

— ¿Calabaza? — preguntó Namjoon, confundido.

— ¿Y arroz? ¿Y eso es... miel? —

— Miel de acacia — confirmó ella.

— La única que sirve. La de castaña es demasiado fuerte, la de azahar demasiado dulce. La de acacia es justo lo que necesita: suave, cálida, que no compite con los demás sabores sino que los abraza —

Jin, que había estado en silencio desde que su Tía apareció con la bandeja, dio un paso adelante y tomó uno de los discos con manos temblorosas. No era hambre lo que sentía. Era algo más parecido a la sed de algo que había perdido y que de repente volvía.

— Tía — dijo, y su voz era apenas un susurro.

— No sabía que todavía hacías estos —

— No los hacía — respondió ella, con una sonrisa triste.

— Desde que se fue tu abuela, no los hacía. Me dolía demasiado. Pero hoy... hoy sentí que era el momento. Que había personas que merecían probarlos. Que había que compartir la receta antes de que se perdiera para siempre —

— ¿Antes de que se perdiera? — preguntó Jungkook, alarmado.

— ¿Se va a perder, Tía? —

— Todo se pierde, hijo — dijo ella, con una calma que dolía.

— Las personas, las recetas, los recuerdos. Pero también se recuperan. Si alguien las aprende. Si alguien las cocina. Si alguien las comparte —

Miró a su alrededor, a esos siete hombres que la observaban con los ojos brillantes y las manos extendidas, y supo que había encontrado a las personas adecuadas.

— Quiero enseñarles — dijo, y su voz tembló ligeramente.

— Quiero enseñarles a hacer estos donuts. No todos a la vez, porque la cocina es pequeña y ustedes son muchos. Pero quiero que al menos uno aprenda. Para que la receta no se muera conmigo —

El silencio que siguió fue de esos que solo ocurren una vez en la vida. Un silencio en el que el tiempo se detiene y las decisiones importantes se toman sin palabras.

— Yo — dijo Jungkook, y su voz era firme.

— Yo quiero aprender, Tía. No soy el mejor cocinero, pero sé escuchar. Y sé que esto es importante. No solo por la receta. Por lo que representa —



#465 en Fanfic

En el texto hay: caos, divertido, comida

Editado: 25.04.2026

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