Año Nuevo Con Bts

CAPITULO 19

La mañana del 4 de Enero llegó con una luz distinta. No era solo el sol, que se filtraba entre las cortinas con una intensidad nueva, sino algo en el ambiente, en la forma en que el aire se movía, en la manera en que los sonidos de la ciudad parecían más lejanos, más respetuosos. Como si el propio tiempo hubiera decidido darles una tregua.

Jungkook fue el primero en despertar, aunque no por insomnio ni por obligación. Despertó porque su cuerpo así lo decidió, con una calma que no recordaba haber sentido en mucho tiempo. Se quedó un rato mirando el techo, procesando los eventos del día anterior, y una sonrisa lenta se fue dibujando en su rostro. La receta. Los donuts. Las manos de la Tía Soo-kyung guiando las suyas. La masa entre sus dedos, caliente y viva, como un corazón que late.

Se levantó en silencio, con el sigilo de quien no quiere romper un hechizo, y se dirigió a la cocina. No para comer. Para mirar. Para recordar. Abrió el armario donde habían guardado los ingredientes sobrantes: la bolsa de harina de arroz glutinoso, el frasco de miel de acacia, el trozo de calabaza que aún esperaba. Los tocó con la punta de los dedos, como si pudiera sentir a través de ellos la presencia de la Tía, su paciencia infinita, su manera de decir "así, hijo, así" mientras sus manos moldeaban la masa.

— Vas a practicar, ¿verdad? —

La voz de Yoongi lo sobresaltó. Estaba apoyado en el marco de la puerta, con los brazos cruzados y el pelo todavía revuelto por el sueño, pero con los ojos muy abiertos, muy presentes.

— Quiero — respondió Jungkook.

— Pero no sé si podré solo —

— No vas a estar solo — dijo Yoongi, y era una promesa.

— Estamos todos. Aunque algunos solo sepamos mirar y aprobar con la cabeza —

Jungkook sonrió, y en esa sonrisa había algo nuevo. Algo que se parecía a la confianza.

Uno a uno, los demás fueron apareciendo, atraídos por el aroma del café que Jin había preparado (esta vez sin quemarlo, un pequeño milagro matutino). La mesa estaba llena de restos del día anterior: migas de canela, una servilleta con una mancha de miel, el lazo rojo de la Monstera que Taehyung había dejado olvidado junto a un plato. Nadie se molestó en limpiar. Era como si quisieran conservar las huellas de la visita, como si cada miga fuera un recuerdo que aún no estaban listos para barrer.

— He estado pensando — dijo Namjoon, mientras servía el café en las tazas.

— En la lista. En los propósitos —

— ¿Ya los cambiaste? — preguntó Hoseok, con una ceja levantada.

— Llevamos solo cuatro días —

— No cambiarlos — respondió Namjoon, sentándose en la cabecera de la mesa con una expresión seria.

— Repensarlos. La Tía Soo-kyung dijo algo ayer. Sobre el miedo y las cerraduras. Sobre cómo el amor hace que la puerta esté más fuerte. Y me di cuenta de que mi lista... mi lista es solo una lista de cosas que quiero hacer. No de cosas que quiero ser —

— ¿Y eso es malo? — preguntó Jimin, acercándose con su taza entre las manos.

— No es malo — dijo Namjoon.

— Es incompleto. Porque puedo leer cincuenta libros, puedo aprender botánica, puedo escribir un diario de gratitud... pero si no cambio por dentro, si no aprendo a ser más amable conmigo mismo, si no dejo de medirme con reglas que no existen... entonces todo eso será solo ruido. Actividad. No evolución —

El silencio que siguió fue de esos en los que las palabras no son necesarias. Todos entendían de qué hablaba Namjoon. Todos habían sentido, en algún momento, la presión de hacer, de lograr, de demostrar. Y todos habían sospechado, en el fondo, que eso no era suficiente.

— Yo quiero aprender a silbar como los pájaros — dijo Taehyung, rompiendo el hielo con su voz soñadora.

— Pero no para demostrar nada. Porque me gusta la idea de comunicarme con ellos. De entender su idioma. De que un gorrión se pose en mi ventana y yo pueda decirle "buenos días" en su propia lengua.

— Eso no es un propósito — dijo Yoongi.

— Es un deseo —

— ¿Y cuál es la diferencia? — preguntó Taehyung, con genuina curiosidad.

— El propósito es algo que te propones hacer. El deseo es algo que te propones sentir —respondió Yoongi, y aunque nunca había pensado en eso antes, las palabras salieron como si las hubiera estado guardando durante años.

— Los propósitos se cumplen o no. Los deseos... los deseos se viven. O no. Pero no se pueden tachar en una lista —

Jin, que había estado escuchando en silencio mientras terminaba su café, dejó la taza en la mesa con un gesto que captó la atención de todos.

— ¿Sabéis qué creo? — dijo, y su voz tenía una gravedad inusual.

— Creo que este año no deberíamos tener propósitos. Creo que deberíamos tener preguntas —

— ¿Preguntas? — repitió Jungkook, confundido.

— Sí. Preguntas. En lugar de decir "voy a leer cincuenta libros", preguntarnos "¿qué quiero aprender de lo que leo?". En lugar de decir "voy a hacer ejercicio", preguntarnos "¿cómo quiero sentirme en mi cuerpo?". En lugar de decir "voy a ser mejor persona", preguntarnos "¿qué significa ser mejor para mí?". Porque las preguntas no se terminan. Las preguntas te acompañan. Te hacen crecer. Te obligan a pensar, a dudar, a cambiar de opinión. Los propósitos son jaulas. Las preguntas son horizontes.



#465 en Fanfic

En el texto hay: caos, divertido, comida

Editado: 25.04.2026

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