Año Nuevo Con Bts

CAPITULO 20

El desayuno se había prolongado hasta casi el mediodía, no por la cantidad de comida, sino por la lentitud con la que habían ido consumiéndola. Era como si todos hubieran acordado tácitamente que el tiempo ese día debía estirarse, hacerse más elástico, permitir pausas que normalmente no se permitían. Las conversaciones iban y venían, a veces profundas, a veces absurdas, a veces simplemente cómodos silencios en los que no pasaba nada y sin embargo todo seguía sucediendo.

Después de comer, una especie de calma satisfecha se apoderó del apartamento. Algunos se desperdigaron a sus actividades: Jungkook se fue a la cocina a practicar la receta de los donuts (con Yoongi como supervisor crítico pero afectuoso), Jimin se instaló en un rincón con un libro que había empezado días atrás y que apenas avanzaba, Hoseok puso música suave y se dedicó a estirarse en el suelo, una coreografía lenta y fluida que parecía más una meditación que un ejercicio.

Taehyung, por su parte, había sacado una libreta de dibujo y se había sentado frente a la ventana, con la Monstera a un lado y el paisaje invernal de Seúl al otro. Sus trazos eran suaves, casi invisibles, como si estuviera aprendiendo a dibujar el aire antes de atreverse con las formas.

Namjoon los observaba a todos desde el sofá, con su propia libreta en el regazo pero sin escribir. Las preguntas de la mañana seguían resonando en su cabeza, no como un eco molesto, sino como una melodía de fondo que iba encontrando su lugar. La pregunta de Jin sobre el humor como disfraz le había hecho pensar en sus propias máscaras, en los roles que interpretaba sin darse cuenta, en las veces que había dicho "estoy bien" cuando no lo estaba, o "todo está bajo control" cuando sentía que el mundo se desmoronaba.

— ¿En qué piensas? — preguntó Jin, apareciendo a su lado con dos tazas de té humeantes. Le ofreció una y se sentó a su lado en el sofá, con un suspiro que parecía expulsar todas las tensiones acumuladas.

— En las máscaras — respondió Namjoon, aceptando la taza.

— En las que usamos. En las que nos ponen. En las que nos quitamos. En las que ni siquiera sabemos que llevamos puestas —

Jin asintió, con una expresión que mezclaba comprensión y tristeza.

— Lo del humor, ¿verdad? Lo dije sin pensar, pero después me quedé dándole vueltas. Y creo que es cierto. A veces hago reír para que no me pregunten cómo estoy. Para que no me miren demasiado cerca. Para que no vean lo que hay detrás —

— ¿Y qué hay detrás? — preguntó Namjoon, con la suavidad de quien sabe que está entrando en terreno delicado.

Jin tardó en responder. Bebió un sorbo de té, miró por la ventana, observó a Taehyung dibujando, a Jungkook amasando, a Jimin leyendo, a Hoseok estirándose, a Yoongi con los ojos cerrados escuchando la música. Y cuando habló, su voz era tan baja que Namjoon tuvo que inclinarse para escuchar.

— Detrás hay un chico al que le da miedo no ser suficiente. No como artista, sino como persona. Como amigo. Como hijo. Como sobrino. Como todo. Hay un miedo constante a decepcionar, a no estar a la altura, a que un día alguien diga "este no es el Jin que creíamos conocer". Y entonces... entonces me pongo el disfraz. Y hago reír. Y todos se ríen. Y nadie pregunta.

— Yo pregunto — dijo Namjoon.

— Ahora mismo estoy preguntando —

Jin lo miró, y en sus ojos había algo parecido a la gratitud.

— Lo sé. Por eso te estoy contestando —

El silencio que siguió fue de esos que curan. No un silencio incómodo, lleno de cosas no dichas, sino un silencio en el que las cosas dichas tenían espacio para respirar, para asentarse, para convertirse en parte de ellos.

Mientras tanto, en la cocina, Jungkook había logrado hacer una tanda de donuts que, aunque no perfectos, se acercaban peligrosamente a los de la Tía Soo-kyung. Yoongi los probó con la seriedad de un crítico gastronómico y asintió con aprobación.

— La textura está bien — dictaminó.

— El sabor también. Pero falta algo —

— ¿Qué? — preguntó Jungkook, con el corazón en un puño.

— El amor — dijo Yoongi, y aunque parecía una broma, su tono era completamente serio.

— No es suficiente con seguir la receta. Hay que ponerle algo de uno. Algo que haga que los donuts sepan a ti. Porque los de tu abuela sabían a ella. Los de la Tía Soo-kyung saben a ella. ¿A qué quieres que sepan los tuyos?

Jungkook se quedó pensando, con las manos aún manchadas de harina y la mirada perdida en la masa que quedaba.

— A Jungkook — dijo finalmente.

— Quiero que sepan a Jungkook. Pero no sé cómo se hace eso —

— Se hace viviendo — respondió Yoongi, encogiéndose de hombros.

— Probando. Equivocándote. Acercándote. No hay atajos. No hay recetas para eso. Solo tiempo. Y paciencia. Y ganas de intentarlo una y otra vez —

En el rincón de la lectura, Jimin había cerrado el libro y estaba mirando el techo, con los ojos húmedos pero sin lágrimas. Había llegado a un pasaje sobre la soledad, sobre cómo a veces uno puede estar rodeado de gente y sentirse completamente solo, y algo en esas palabras le había resonado de una manera que no esperaba.



#465 en Fanfic

En el texto hay: caos, divertido, comida

Editado: 25.04.2026

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