Año Nuevo Con Bts

CAPITULO 21

La noche del cuarto día cayó sobre Seúl con una quietud inusual, como si la ciudad también necesitara descansar después de tantas emociones. En el apartamento, las luces se habían atenuado hasta un resplandor cálido que apenas iluminaba las siluetas de los siete cuerpos desperdigados por la sala. La cena había terminado, los platos estaban lavados (Jin y Jungkook se habían turnado en la tarea, con una eficiencia que bordeaba lo coreográfico), y ahora solo quedaba la noche. Abierta. Infinita. Llena de posibilidades.

Taehyung había apagado todas las luces artificiales y encendido las velas que tanto le gustaban. La sala se había transformado en un espacio íntimo, casi sagrado, donde las sombras bailaban en las paredes y los rostros de los siete brillaban con esa luz anaranjada que todo lo vuelve más suave, más verdadero.

— ¿Alguien quiere ver las estrellas? — preguntó de repente, como quien ofrece un tesoro.

— ¿Las estrellas? — repitió Hoseok, confundido.

— ¿Desde aquí? Con las luces de la ciudad, no se ve casi nada —

— No las del cielo — respondió Taehyung, con una sonrisa enigmática.

— Las nuestras —

Se levantó y fue hacia su habitación, dejando a los demás en una expectación silenciosa. Cuando volvió, traía consigo una caja de cartón desgastada, de esas que guardan recuerdos importantes. La puso en el centro de la mesa y la abrió con la delicadeza de quien manipula algo frágil y valioso.

— Esto — dijo, sacando un frasco de vidrio lleno de papelitos doblados.

— Es mi mapa de estrellas. Cada vez que algo importante me pasa, algo que quiero recordar, lo escribo en un papel y lo guardo aquí. Llevo años haciéndolo. Y hoy... hoy quiero compartirlo con ustedes —

Los demás se acercaron, atraídos por la curiosidad y por algo más profundo: la intimidad de ese gesto, la confianza que implicaba mostrar sus recuerdos más preciados.

— ¿Puedo leer uno? — preguntó Jimin, con la voz temblorosa.

— Pueden leer todos — respondió Taehyung, con una generosidad que no necesitaba palabras.

— Para eso los he traído —

Jimin tomó un papelito al azar, lo desdobló con cuidado y leyó en voz baja:

"El día que aprendí que los silencios también se abrazan. Taehyung, 2019"

Un murmullo recorrió el círculo. ¿Qué significaría eso? ¿Qué silencios? ¿Cómo se abraza un silencio?

— Fue después de una discusión con mi padre — explicó Taehyung, con la mirada perdida en el recuerdo.

— Estuvimos sin hablarnos una semana. Y un día, sin decir nada, me abrazó. No pidió perdón. No explicó nada. Solo me abrazó. Y yo entendí que a veces las palabras estorban. Que un abrazo puede decirlo todo —

Jungkook tomó otro papelito. Lo desdobló con dedos temblorosos.

"El olor de las flores de cerezo en primavera, mezclado con la risa de Jin-hyung. Taehyung, 2020"

Jin soltó una risa que era mitad sorpresa, mitad ternura.

— ¿Yo aparezco en tu mapa de estrellas? —

— Apareces mucho — admitió Taehyung, con una sonrisa.

— Todos aparecen. No saben la cantidad de veces que han sido mi estrella sin saberlo —

Uno a uno, fueron tomando papelitos. Los leían en voz alta o en silencio, según lo que cada momento pedía. Había recuerdos de viajes, de conciertos, de conversaciones a medianoche. Había momentos de alegría desbordante y momentos de tristeza profunda. Había aprendizajes, descubrimientos, despedidas y reencuentros. Era la vida de Taehyung, condensada en pequeños trozos de papel, como un mapa estelar trazado por su propia mano.

"El sabor del primer donut que hice con mis propias manos. Taehyung, 2023." — leyó Yoongi, y todos supieron que ese donut no era el de la Tía Soo-kyung, sino uno anterior, uno que había marcado el inicio de algo.

— Ese fue un desastre — dijo Taehyung, riendo.

— Quemado por fuera, crudo por dentro. Pero yo estaba tan orgulloso... Nunca había cocinado nada solo. Y aunque saliera mal, me sentí capaz. Como si pudiera hacer cualquier cosa —

— Eso es importante — dijo Namjoon.

— No que salga bien. Sentirse capaz —

Los papelitos seguían apareciendo. Historias de amistad, de familia, de encuentros casuales que se convirtieron en algo más. Había un papel que solo decía "la Monstera", y Taehyung explicó que era el día que la compró, cuando sintió que por fin tenía un hogar que merecía ser adornado con vida verde.

— Yo también quiero hacer un mapa de estrellas — dijo Jungkook, con los ojos brillantes.

— No sé por qué no se me había ocurrido antes —

— Porque a veces necesitamos que alguien nos muestre el camino — respondió Taehyung.

— Yo aprendí de mi abuela. Ella tenía un frasco igual. Cuando murió, lo heredé. Y desde entonces, cada vez que escribo un recuerdo, siento que ella también lo escribe conmigo —

El silencio que siguió fue de esos que pesan, pero no por la tristeza, sino por la densidad de lo compartido. La abuela de Taehyung, la de Jungkook, la de Jimin, todas esas figuras que ya no estaban pero que seguían presentes en las recetas, en los frascos de recuerdos, en las formas de amar que habían heredado.



#465 en Fanfic

En el texto hay: caos, divertido, comida

Editado: 25.04.2026

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