Año Nuevo Con Bts

CAPITULO 22

La madrugada del quinto día de enero trajo consigo una quietud tan absoluta que parecía irreal. En el apartamento, el silencio era denso, apenas roto por el leve zumbido del refrigerador y la respiración profunda de los cuerpos dormidos. Pero no todos dormían.

Jungkook estaba despierto. No por insomnio, sino por esa clase de vigilia que a veces visita a quienes han vivido demasiado en muy poco tiempo. Permanecía tumbado en su lugar habitual en el suelo, con los brazos cruzados sobre el pecho y los ojos abiertos mirando el techo, donde las sombras de las cortinas bailaban al ritmo de una brisa invisible. Su mente no estaba en caos, sino en una especie de procesamiento lento, como si estuviera archivando uno por uno los recuerdos de los últimos días para asegurarse de que no se perdieran.

A su lado, a pocos centímetros, Jimin también estaba despierto. Lo supo por el cambio en su respiración, por esa cualidad distinta que tiene el aire cuando alguien está consciente. No dijo nada. No hizo falta. En la oscuridad, su mano buscó la de Jungkook y la encontró. Un simple roce de dedos. Un "estoy aquí" silencioso que no necesitaba palabras.

— ¿Tú también piensas en lo de Tae? — susurró Jungkook, con una voz tan baja que apenas era un pensamiento hecho sonido.

— En lo de las estrellas — respondió Jimin.

— En el frasco. En cómo algo tan pequeño puede contener tanto —

— Yo no tengo un frasco — dijo Jungkook.

— Pero quiero tenerlo. Quiero empezar a guardar cosas. Para no olvidarlas —

— Las cosas importantes no se olvidan — dijo Jimin.

— Se quedan. Aunque no las guardes en un frasco —

— ¿Tú crees? —

— Lo sé. Porque todavía recuerdo la primera vez que te vi. Y no lo tengo escrito en ningún lado —

Jungkook sonrió en la oscuridad. Era una sonrisa que nadie podía ver, pero que Jimin sintió en el modo en que sus dedos se tensaron ligeramente, en la calidez que se transmitía a través de ese pequeño contacto.

En el sofá, Yoongi también estaba despierto. Él siempre estaba despierto en la madrugada, era su hora favorita, la única en la que el mundo se detenía lo suficiente para que sus pensamientos pudieran ordenarse. Pero esa noche no estaba pensando en música, ni en letras, ni en arreglos. Estaba pensando en la Tía Soo-kyung. En cómo lo había mirado. En cómo le había dicho "tú eres de los que callan, pero no de los que no sienten". Era como si lo hubiera visto. Realmente visto. No al productor, no al artista, no al miembro del grupo. A él. A Min Yoongi. A ese chico al que a veces le costaba tanto hablar que prefería directamente no hacerlo.

— Hyung — susurró Taehyung desde el suelo, y Yoongi se sobresaltó.

— ¿Tú también estás despierto? —

— Siempre — respondió Yoongi, con un deje de resignación.

— ¿En qué piensas? —

— En tu Tía — dijo Yoongi, y luego se corrigió.

— En la Tía de Jin. En cómo nos vio. En cómo nos miraba. Como si pudiéramos ser mejores de lo que somos —

— O como si ya fuéramos mejores — dijo Taehyung.

— Y solo nos faltara darnos cuenta —

Esa posibilidad, tan simple y tan revolucionaria, se quedó flotando en el aire de la madrugada. ¿Y si no necesitaban ser mejores? ¿Y si solo necesitaban darse cuenta de que ya lo eran?

En el sillón individual, Jin dormía. O fingía dormir. Era difícil saberlo porque su rostro, incluso en reposo, tenía esa cualidad teatral que lo hacía parecer siempre en escena. Pero sus párpados temblaban ligeramente, y sus labios se movían como si estuviera teniendo una conversación silenciosa con alguien. Quizás con su Tía. Quizás con su abuela. Quizás con la versión de sí mismo que había sido antes de que la fama, las expectativas y las máscaras lo hubieran vuelto más complicado.

Hoseok, en cambio, sí dormía profundamente. Su cuerpo estaba completamente relajado, su respiración era rítmica y pausada, y su rostro tenía esa expresión de paz que solo alcanzan quienes han aprendido a soltar el día antes de dormir. Pero incluso en sueños, su mano derecha se movía ligeramente, como si estuviera trazando una coreografía invisible, un baile que solo él podía ver y oír.

Namjoon estaba sentado en la cocina, a oscuras, con una taza de té ya frío entre las manos. No había encendido la luz porque no quería despertar a nadie, pero también porque la oscuridad le ayudaba a pensar. Tenía la libreta abierta sobre la mesa, pero no escribía. Solo miraba las páginas en blanco, como si esperara que las palabras aparecieran solas, como si el papel pudiera hablarle sin necesidad de tinta.

Lo que estaba pensando era demasiado grande para escribirlo. Era sobre el tiempo. Sobre cómo estos cinco días se habían sentido más largos que algunos años enteros. Sobre cómo una visita inesperada, una receta de donuts, un frasco de recuerdos y unas cuantas conversaciones a medianoche habían cambiado algo que ni siquiera sabía que necesitaba cambiar.

— ¿No puedes dormir? — preguntó una voz a sus espaldas.

Era Jin. Había dejado de fingir y ahora estaba apoyado en el marco de la puerta, con los brazos cruzados y el pelo en todas direcciones.



#465 en Fanfic

En el texto hay: caos, divertido, comida

Editado: 25.04.2026

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