Año Nuevo Con Bts

CAPITULO 24

La noche del quinto día cayó sobre el apartamento con una densidad distinta. No era la densidad del miedo o de la incertidumbre, sino la de la despedida inminente. Porque al día siguiente, el mundo los reclamaría. Había compromisos, grabaciones, reuniones, la maquinaria implacable de una vida que no podía detenerse para siempre. Pero esa noche, la última de este paréntesis de año nuevo, aún les pertenecía.

Nadie lo había dicho explícitamente, pero todos lo sabían. Se notaba en la forma en que se miraban, en la lentitud con la que realizaban cada gesto, en la manera en que las palabras parecían pesar más de lo normal, como si quisieran quedarse en el aire el mayor tiempo posible.

Taehyung había encendido todas las velas que encontró. La sala brillaba con una luz cálida y parpadeante que hacía que las sombras bailaran en las paredes como recuerdos que se negaban a desaparecer. La Monstera había sido trasladada al centro de la mesa, como una especie de altar verde, y a su alrededor se habían reunido los frascos: el de Taehyung, lleno de estrellas, y el nuevo, el colectivo, que ya contenía las siete estrellas de aquella primera noche.

— No quiero que esto termine — dijo Jungkook, con una honestidad que a veces dolía.

— No quiero volver a la normalidad. A los horarios, a las obligaciones, a tener que ser siempre el que todos esperan —

— No termina — respondió Namjoon, con una calma que no sentía del todo.

— Esto no es un paréntesis. Es una parte de nosotros ahora. Algo que llevaremos con nosotros cuando nos vayamos —

— ¿Y si se olvida? — preguntó Jimin, con la voz quebrada.

— ¿Y si volvemos a ser los de antes, los que no se decían estas cosas, los que guardaban los miedos en cajones cerrados? —

— No volveremos — dijo Yoongi, y su voz tenía una certeza que parecía tallada en piedra.

— Porque ahora sabemos que los cajones se pueden abrir. Que las palabras se pueden decir. Que los miedos compartidos pesan menos. Eso no se olvida. Eso se queda —

Jin, que había estado en silencio durante toda la conversación, se levantó de repente y fue hacia su habitación. Cuando volvió, traía algo entre las manos: un objeto pequeño, envuelto en un paño de seda azul. Lo desdobló con cuidado, con la reverencia de quien manipula algo sagrado, y reveló un calendario antiguo, de esos de pared que ya casi nadie usa. Era del año anterior, y todas las páginas estaban intactas excepto la última, que había sido arrancada.

— Esto me lo regaló mi abuela el año antes de morir — dijo, con la voz apenas un susurro.

— Me dijo: "Cada día es una hoja. Puedes dejarla en blanco o puedes escribir algo en ella. Pero no la arranques. Porque aunque el día pase, la hoja sigue ahí. Y lo que escribiste también". Yo nunca entendí del todo lo que quiso decir. Pero creo que empiezo a entenderlo ahora —

Pasó el calendario a sus compañeros, y ellos lo miraron como si fuera un mapa del tesoro. Las hojas estaban en blanco, pero no vacías. Porque cada una contenía la posibilidad de ser escrita, de ser recordada, de ser algo más que un día que pasa y se olvida.

— ¿Y la última hoja? — preguntó Hoseok.

— La que está arrancada. ¿Qué había? —

— No lo sé — respondió Jin.

— Mi abuela la arrancó antes de regalármelo. Nunca me dijo por qué. Pero a veces pienso que era su forma de decirme que el final no está escrito. Que cada uno puede escribir su propia última hoja. O no escribirla. O arrancarla también. Que la vida es así: un calendario al que le falta la última página —

El silencio que siguió fue de esos que tocan el alma. Porque todos, en algún momento, se habían preguntado por su propia última hoja. Por cómo querían ser recordados. Por lo que querían dejar escrito antes de que el calendario se acabara.

— Yo quiero escribir algo ahora — dijo Jungkook, pidiendo el calendario.

— Algo para este día. Para esta noche. Para que no se olvide —

Tomó un bolígrafo y escribió en la hoja correspondiente al 5 de Enero. Su letra era grande, casi infantil, como si quisiera que las palabras ocuparan todo el espacio disponible. Luego leyó en voz alta:

“5 de Enero. Noche de velas. Aprendí que los donuts saben a Jungkook cuando los hago con amor. Aprendí que mi abuela no se ha ido. Que está en cada masa que amaso, en cada caldo que cocino, en cada vez que elijo ser amable en lugar de ser fuerte. Gracias por enseñarme que cocinar es una forma de querer. Y que querer es una forma de vivir”

Pasó el calendario a Jimin, que escribió con una letra cuidada, casi caligráfica:

"5 de Enero. Aprendí que no necesito ser perfecto. Que la perfección es una jaula y yo nací para volar. Aprendí que el miedo se puede nombrar, y que al nombrarlo se vuelve más pequeño. Aprendí que el amor no se demuestra con grandes gestos, sino con pequeños detalles: una mano en la oscuridad, un té caliente sin pedirlo, un abrazo que no esperabas. Gracias por ser mis detalles."

Le siguió Hoseok, que escribió con una mezcla de letra cursiva y dibujos:

"5 de Enero. Aprendí que no tengo que ser el sol todo el tiempo. Que a veces está bien ser la luna, o una estrella, o simplemente la oscuridad. Aprendí que mi energía no es un disfraz, sino una forma de habitar el mundo. Y que a veces, las personas más brillantes también necesitan apagarse para recargarse. Gracias por dejarme apagarme sin juzgarme."



#465 en Fanfic

En el texto hay: caos, divertido, comida

Editado: 25.04.2026

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