Año Nuevo Con Bts

CAPITULO 25

El amanecer del sexto día de enero llegó teñido de tonos rosados y dorados, como si el cielo mismo quisiera despedirlos con una paleta de colores especialmente seleccionada. La luz se coló por las ventanas del apartamento con una suavidad que parecía deliberada, respetuosa, como si supiera que esa mañana no era una mañana cualquiera.

Uno a uno, fueron despertando. No hubo prisas. No hubo alarmas que interrumpieran el momento. Cada uno emergió del sueño a su propio ritmo, como quien sale del agua después de un baño largo y reparador, llevándose consigo la calma de las profundidades.

El apartamento estaba en silencio, pero no era un silencio vacío. Era un silencio lleno de lo vivido, de las confesiones, de las risas, de las lágrimas, de los donuts y los frascos de estrellas. Era un silencio que contenía todos los sonidos de los últimos cinco días, comprimidos en una paz que casi se podía tocar.

Jungkook fue el primero en llegar a la cocina. No para cocinar, sino para mirar. Para despedirse de ese espacio que había sido su aula, su laboratorio, su lugar de aprendizaje. Allí había amasado por primera vez con la receta de la Tía Soo-kyung. Allí había entendido que cocinar era una forma de querer. Allí había aprendido que su abuela no se había ido, que seguía viva en cada gesto, en cada ingrediente, en cada vez que elegía poner amor en lo que hacía.

— ¿Triste? — preguntó Yoongi, apareciendo a su espalda con su paso silencioso.

— No — respondió Jungkook, después de pensarlo un momento.

— Agradecido. Muy agradecido —

Yoongi asintió, y en su gesto había algo que parecía una sonrisa. O quizás era solo la luz de la mañana jugando con las sombras de su rostro.

En la sala, los demás fueron reuniéndose poco a poco. Nadie había coordinado nada, pero todos seguían el mismo impulso: estar juntos. Una vez más. Por última vez en ese paréntesis. Antes de que el mundo los reclamara y los volviera a dividir en horarios, compromisos y distancias.

— He estado pensando — dijo Namjoon, rompiendo el silencio mientras todos se acomodaban en sus lugares habituales.

— En la última noche. En el calendario. En lo que escribimos —

— ¿Y? — preguntó Jimin, con curiosidad.

— Y creo que eso es lo importante. No lo que pase de ahora en adelante. Sino que lo escribimos. Que lo nombramos. Que lo guardamos en un frasco. Porque, aunque el tiempo pase, aunque volvamos a nuestras vidas, aunque a veces olvidemos lo que aprendimos... eso va a estar ahí. Escrito. Esperando. Para cuando lo necesitemos —

— Como un mapa — dijo Taehyung.

— Un mapa que trazamos entre todos para no perdernos —

— O como una receta — añadió Jungkook.

— Una receta que siempre podemos volver a cocinar —

— O como una canción — dijo Yoongi.

— Una canción que siempre podemos volver a escuchar —

— O como una coreografía — dijo Hoseok.

— Una coreografía que siempre podemos volver a bailar —

— O como un abrazo — dijo Jimin.

— Un abrazo que siempre podemos volver a dar —

— O como una risa — dijo Jin.

— Una risa que siempre podemos volver a reír —

El silencio que siguió fue de esos que no necesitan palabras. Porque todo lo importante ya había sido dicho. Y lo que no, se lo habían susurrado las brujas buenas en la madrugada, o lo habían escrito en el calendario, o lo habían guardado en el frasco de las estrellas.

— ¿Desayunamos? — propuso Jin, levantándose con un esfuerzo teatral.

— Porque tengo hambre. Y porque no hay reflexión, por profunda que sea, que se resuelva con el estómago vacío —

La risa que siguió fue ligera, cálida, necesaria. Y mientras preparaban el desayuno (huevos, arroz, kimchi, y los últimos donuts de Jungkook, recalentados con cuidado), la mañana fue transcurriendo con esa lentitud especial que tienen las últimas horas de algo que no queremos que termine.

Desayunaron juntos, alrededor de la mesa que tantas conversaciones había albergado. Hablaron de cosas triviales: del clima, de algún programa de televisión, de una canción que habían escuchado y que les gustaba. Pero debajo de esas palabras livianas, había algo más profundo. Había la certeza de que esos momentos triviales eran, en realidad, los más importantes. Porque la vida, al final, está hecha de eso: de desayunos compartidos, de risas sin motivo, de silencios cómodos entre amigos.

Cuando terminaron, comenzaron a recoger. No había prisa, pero tampoco había excusa para seguir posponiendo el regreso al mundo. Los platos se lavaron, la mesa se limpió, las mantas se doblaron. La Monstera fue devuelta a su rincón habitual, aunque Taehyung insistió en dejarle el lazo rojo "para que recordara estos días". El frasco de las estrellas colectivas fue colocado en un estante visible, donde todos pudieran verlo cada vez que entraran a la sala.

— No lo escondamos — dijo Namjoon, cuando alguien sugirió guardarlo en un armario.

— Que esté ahí. Que nos recuerde. Que nos llame cuando nos olvidemos —

— ¿Y si alguien pregunta qué es? — preguntó Hoseok.



#465 en Fanfic

En el texto hay: caos, divertido, comida

Editado: 25.04.2026

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