Nos encontramos en la Plaza de Armas, ibamos a caminar y recorrer juntos las calles empedradas de la ciudad, después. Comeríamos unos sánguches.
—¿Cómo te fue en el colegio, papá?
—Los jóvenes prepararon un lindo programa literario, lastimosamente tuve que bailar en uno de ellos.
—Con lo mucho que te fascina.
Reí sin tapujos, mi hija mayor había heredado mi sentido del humor, aunque cuando le llegaban a contestar, su novel corazón aún no estaba preparado para contrarrespuestas, por ende, en ocasiones terminaba contrariada.
—¿Cómo te has sentido hoy por tu cumpleaños?
— Hasta ahora bastante bien, salí con Melody al mall en la mañana, nos vimos después de mucho tiempo, nos pusimos al día.
Melody es la mejor amiga de mi hija, una muchacha excéntrica, un año mayor, ingresó a la facultad de Artes, se conocen desde la primaria. Pensé que cuando ella terminase el colegio, también, su amistad; pero me equivoqué. Puedo decir con certeza que mi hija tiene una amiga en la vida, en su sentido más profundo.
Veo en la escuela, a diario, amistades destruídas por una diferencia de opinión, aunque estas suelen ser las menos comunes. En su mayoría las rupturas de amistades se dan por las envidias de grupos y estás tienen una subdivisión tan extensa como la Biblia. Otra causa suelen ser los celos de amistad, que no te juntes con él, aquel, ella, fulana, sutana, está quizás sea la más difícil de llevar, ya que ellos aún no tienen la suficiente madurez para darse cuenta que soltar es la mejor opción. Finalmente, la que menos entiendo y detesto son las calumnias entre ellos, esto por moral me cae como una patada en el estómago.
Los adolescentes suelen ser crueles; es su aprendizaje algo doloroso, algunos no llegan a aprender, y cómo lo sé, ja! Solo miren la sociedad en la que vivimos.
—Me alegra que conserves tu amistad con Melody, una verdadera amiga es algo invaluable. Eres afortunada, hija mía.