Ante la duda, el baile

Camino a casa.

Hace días que la lluvia no cesa su chispeante y monótono canto, aunque no me es molesto en realidad, ya que nunca está demás un tema de fondo al final de una caminata como la de hoy.

En un autobús lleno y escandaloso jamás falta el entretenimiento. Una pareja frente a mí, susurrando al oído del otro dulces promesas de amor; o el pequeño cachorro en una caja de cartón, esperando llegar a su nuevo hogar. ¿Cuánto sucede en la ciudad, quedando ahogado en el bullicio que alto y dominante, se extiende mucho más lejos de lo que cualquier bienaventurado podría dilucidar? ¿Cuántas mentiras nos cuenta el día a día?

Imposible negar la insistente melancolía que rompe con las ilusiones nacidas en cada paso hacia casa, todo parece hundirse ante la duda de la indiferencia.

Señales de “ALTO” pasando a los costados de mi transporte, siendo sucesivamente ignoradas por un chofer retador del trafico aparentemente interminable. ¡No piensa seguir esperando al avance lento y enredado del rio motorizado!

Cual caballos en batalla campal, pisando sendos aceleradores ¡Atacad y conseguid abrir camino de vuelta a vuestros hogares, mis valientes caballeros! ¡Regresad a donde siempre debisteis estar!

Y no es sorpresa tropezar, los accidentes son la cosa mas humana alguna vez concebida. Perfecta para un empujón involuntario que, sin querer, inicia una conversación casi de guion, tal vez incluso terminando con un bello vestido blanco ante un altar.

-Tal vez he exagerado- pensé. Aunque de soslayo era evidente un incendio que incluso después de años, seguía brillando intermitente ante el suave desahogo proporcionado por la brisa de verano. No morirá, no ha de hacerlo, al menos no prontamente.

Con esperanza y un apretón firme, me negué a abandonar la pista de baile ante una pieza que esperé pacientemente toda la noche ¿Está mal que un pobre borracho de vida anhele tanto compartir dicha melodía?

Las estaciones pasan al ritmo de las personas que bajan en cada una. Empiezo a arrepentirme de haber subido. -Ojalá la lluvia no fuese impedimento-

Pero ¿Cuándo lo fue? Nunca me pareció incomodo el caer de unas cuantas gotas en mis hombros. Podía seguirle el paso.

¡Basta! No es tiempo de reproches, he guardado la compostura tanto como he podido. Pudo ser demasiado incluso… ¿He obedecido realmente los designios de mi corazón?

Bueno… Allí va mi estación.

Quedo en suspenso por un breve momento, reconsiderando y recordando el fulgor que de mi alma se llenó el día de hoy.

-Lo he decidido, le escribiré, lo haré, tal vez. Mas bien lo dejaré para mañana, que hoy deseo quedarme con su voz en la cabeza para ayudarme a dormir. -



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En el texto hay: reflexion, amor, poesía.

Editado: 16.05.2026

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