Bastián durmió poco esa noche.
No porque la fiesta hubiera terminado tarde, aunque también. No porque la música siguiera golpeándole en la cabeza cuando cerraba los ojos, aunque todavía podía sentir el eco del bajo en el pecho. No porque le dolieran las piernas de tanto bailar, ni porque hubiera tomado más de lo que debería.
Durmió poco porque cada vez que estaba a punto de quedarse dormido, la escena volvía.
Ciro apareciendo desde atrás.
El brazo rodeándole el cuello.
El cuerpo demasiado cerca.
El beso en el cachete.
El casi.
Ese casi que parecía una exageración suya y, al mismo tiempo, lo único en lo que podía pensar.
Bastián se había repetido varias veces que no era para tanto. Que un beso en el cachete no significaba nada. Que en una fiesta la gente hacía cosas más sueltas, más impulsivas, más confusas. Que Ciro tal vez era así con todo el mundo.
Pero no podía convencerse del todo.
Porque Ciro no era así con él.
Al menos no en la facultad.
En la Universidad Muza, Ciro casi no le hablaba. Pasaba cerca, se sentaba adelante, escuchaba las clases, hacía alguna broma con sus amigos y seguía su vida como si Bastián fuera una persona más dentro del aula. Durante todo primer año, había sido eso: una presencia tranquila, un recuerdo con cuerpo, alguien que no hacía nada para merecer tanta atención.
Y de pronto, en una fiesta, lo había agarrado desde atrás como si existiera una confianza que nunca habían construido.
Eso era lo que Bastián no podía acomodar.
La confianza.
El gesto.
La naturalidad.
Como si Ciro hubiera hecho algo que para él era simple, pero que en Bastián abría una puerta entera.
A la mañana siguiente, el celular vibró antes de que pudiera levantarse.
Era Brisa.
Buen día.
Después:
Estoy esperando.
Y enseguida:
No te hagas el dormido porque sé que estás despierto pensando en el beso.
Bastián miró la pantalla desde la cama y soltó una risa ronca, todavía con sueño.
Le respondió:
No estoy pensando en nada.
Brisa contestó casi al instante:
Mentiroso.
Bastián dejó el celular sobre el pecho y miró el techo.
No había forma de escapar.
Brisa ya estaba adentro del tema. Y cuando Brisa entraba en un tema, no salía hasta haberlo investigado, exagerado, opinado y convertido en material de análisis.
A los pocos minutos volvió a escribir.
Hoy me contás todo. Pero todo. No versión resumida.
Bastián suspiró.
Fue un beso en el cachete.
Fue El beso en el cachete, respondió ella.
Él se tapó la cara con una mano.
No sabía si le daba vergüenza, risa o miedo que Brisa lo entendiera tan rápido.
Ese día tenían cursada más tarde. Bastián llegó a la universidad con una sensación extraña, como si todos pudieran verle en la cara lo que había pasado. Lo cual era ridículo, porque nadie sabía nada. Nadie, salvo sus amigas de la fiesta y Brisa por mensaje.
Pero a veces bastaba con que uno supiera algo para sentirse expuesto.
Entró a la Universidad Muza mirando hacia los costados sin querer. El hall estaba lleno de estudiantes, como siempre. Gente entrando, saliendo, sentada en los bancos, apoyada contra las paredes, tomando mate, revisando apuntes, saludándose con besos rápidos y mochilas golpeando sillas.
Todo era normal.
Demasiado normal.
Y eso le molestaba.
Porque para él algo había cambiado.
Buscó a Brisa con la mirada y la encontró cerca de la cartelera, parada con una carpeta contra el pecho y una expresión que mezclaba ansiedad, diversión y peligro.
Cuando lo vio, levantó las cejas.
Bastián negó con la cabeza antes de llegar.
Brisa abrió la boca, indignada.
Bastián miró alrededor, incómodo.