Antes de Decir Amor: Lo que Calla Ciro

CAPITULO 14 - EL EMOJI DEL MATE

Bastián no respondió enseguida.

No porque no quisiera.

Quería.

Ese era el problema.

Se quedó en la mitad de la escalera de la Universidad Muza con el celular en la mano, mirando la reacción de Ciro como si fuera un mensaje imposible de descifrar.

Un emoji de mate.

Nada más.

Un dibujito mínimo.

Una reacción rápida.

Una pavada.

Pero venía de Ciro.

Y cuando algo venía de Ciro, Bastián ya había aprendido que su cabeza podía convertirlo en una escena completa.

Brisa estaba a su lado, inclinada hacia la pantalla, con los ojos abiertos y una sonrisa que intentaba contener.

  • No —dijo ella, casi en susurro.

Bastián bloqueó el celular de golpe.

  • No pasó nada.

Brisa lo miró.

  • Acaba de reaccionarte la historia.
  • Con un emoji.
  • Con un mate.
  • Sí. Un mate.
  • Después de que todo el capítulo de tu vida gira alrededor de él con un mate en la mano.

Bastián la miró mal.

  • No digas “capítulo de mi vida”.
  • Perdón. Temporada.
  • Sos insoportable.

Brisa se rió, pero bajó un poco la voz cuando pasaron dos compañeras cerca. La escalera estaba llena de movimiento: estudiantes subiendo, otros bajando, mochilas golpeando piernas, voces mezcladas con risas y el eco típico de la universidad al final de una clase.

Bastián guardó el celular en el bolsillo como si eso pudiera cortar la ansiedad.

No la cortó.

La notificación seguía ahí.

Aunque ya no la viera.

  • ¿Le vas a responder? —preguntó Brisa.
  • No sé.
  • Sí sabes.
  • No sé, Brisa.
  • Bueno, no te presiono.

Bastián la miró con desconfianza.

  • Eso fue presión disfrazada.
  • Estoy madurando.
  • Estás actuando.
  • También.

Siguieron bajando las escaleras. Al llegar al último escalón, Bastián se detuvo cerca de una ventana. Afuera, el sol de la tarde caía sobre la vereda y hacía que todo se viera más tranquilo de lo que estaba dentro de él.

Sacó el celular otra vez.

Brisa se quedó a su lado, en silencio.

Eso era raro.

Bastián abrió Instagram.

La reacción seguía ahí:

ciro.ferreyra reaccionó a tu historia: 🧉

La miró.

El chat estaba vacío antes de eso.

No había conversación previa. No había mensajes viejos. No había una historia compartida en palabras. Solo señales dispersas que habían ido cayendo una encima de otra hasta formar algo que Bastián no sabía nombrar.

La fiesta.

La tortita.

La ventana.

El “seguís en falta”.

El seguimiento.

El birome.

El emoji.

Todo parecía poco si se miraba por separado.

Pero junto era demasiado.

  • Podes responder algo simple —dijo Brisa.

Bastián no levantó la vista.

  • ¿Como qué?
  • No sé. “Jajaja”. “Te acordaste del mate”. “Siempre con el mate”. Algo así.
  • Eso suena horrible.
  • Bueno, perdón, Shakespeare.
  • No quiero quedar desesperado.

Brisa apoyó la espalda contra la pared.

  • Responder un emoji no es estar desesperado.
  • Depende.
  • No depende.
  • Sí depende.
  • Bastián, te dejó una reacción. Es una puerta abierta. No estás entrando por la ventana de su casa.

Él la miró.

—No uses la palabra ventana.

Brisa sonrió.

  • Perdón. Tema sensible.

Bastián volvió al chat.

El teclado apareció.

Escribió:

Jajaja

Lo miró.

Lo borró.

Escribió:




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