Antes de Decir Amor: Lo que Calla Ciro

CAPITULO 16 - MIRAME

Bastián pensó que después de esa clase iba a sentirse más tranquilo.

No pasó.

Al contrario.

Desde que Ciro le había escrito “Entonces mírame”, algo había quedado fuera de lugar. No era solo una frase. No era solo un mensaje mandado por debajo del banco mientras el profesor hablaba al frente.

Era una orden pequeña.

Una invitación.

Una provocación.

Y Bastián había obedecido.

Eso era lo que más le pesaba.

No porque hubiera hecho algo malo, sino porque al levantar la vista y encontrarse con los ojos de Ciro, había sentido que la historia cambiaba de idioma. Hasta ese momento todo podía explicarse con excusas: la fiesta, la tortita, la ventana, el mate, Instagram. Todo podía ser juego, casualidad, costumbre, broma.

Pero una mirada sostenida a propósito no se escondía tan fácil.

Y Ciro lo sabía.

Por eso no había dicho mucho al salir del aula. Apenas un “nos vemos”, tranquilo, medido, con esa forma suya de dejar algo prendido y marcharse como si nada.

Bastián guardó el celular en el bolsillo y caminó con Brisa hacia el pasillo.

La clase había terminado, pero el aula todavía estaba llena de ruido. Compañeros cerrando carpetas, bancos moviéndose, mates que cambiaban de mano, risas, mochilas golpeando las sillas. La Universidad Muza tenía esa manera de volverse caótica en los cambios de hora, como si todos necesitaran ocupar el espacio al mismo tiempo.

Brisa caminaba a su lado sin decir nada.

Eso ya era raro.

Bastián la miró de costado.

  • Decilo.
  • ¿Qué cosa?
  • Lo que estás pensando.

Brisa apretó los labios.

  • Estoy pensando muchas cosas.
  • La peor.

Ella respiró hondo.

  • Que ya no es imaginación tuya.

Bastián siguió caminando, pero algo en la frase lo frenó por dentro.

Ya no es imaginación tuya.

No supo si eso lo tranquilizaba o lo asustaba más.

  • Puede seguir siendo un juego —dijo.
  • Sí.
  • Puede estar aburrido.
  • También.
  • Puede ser su forma de joder.
  • Puede.

Bastián la miró.

  • No estás ayudando.

Brisa se detuvo cerca de la puerta del aula, dejando que algunos compañeros pasaran delante.

  • No quiero venderte una historia perfecta, Bastián. No sé qué quiere Ciro. Pero sí sé lo que vi.
  • ¿Y qué viste?

Brisa lo miró con una seriedad suave.

  • Que te buscó. Que te escribió. Que te pidió que lo mires. Y cuando lo miraste, no se hizo el boludo.

Bastián bajó la vista.

Eso era verdad.

Ciro no había mirado hacia otro lado. No había sonreído para convertirlo en chiste. No había actuado como si lo hubiera atrapado por accidente.

Se quedó.

Un segundo.

Dos.

Lo suficiente.

  • No sé qué hacer con eso —admitió.

Brisa le tocó apenas el brazo.

  • Por ahora, nada.
  • ¿Nada?
  • Sí. A veces no hacer nada también es una forma de no salir corriendo.

Bastián soltó una risa baja.

  • Eso sonó profundo.
  • Estoy teniendo un buen día.
  • No te acostumbres.

Brisa sonrió.

Salieron al pasillo. Algunos estudiantes bajaban las escaleras, otros se quedaban hablando cerca de la pared, y más adelante Seba se reía con dos compañeros, vestido con ropa deportiva como siempre, apoyado de costado contra una columna.

Ciro no estaba con él.

Bastián lo notó.

Y se enojó consigo mismo por notarlo tan rápido.

  • ¿Lo estás buscando? —preguntó Brisa.
  • No.
  • Bastián.
  • Estoy observando.

Brisa abrió los ojos y sonrió.

  • Ah, mira. Obediente.
  • Callate.

Bastián empezó a caminar hacia la escalera, pero antes de llegar, escuchó su nombre.

  • Bastian.

No fue fuerte.




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