Antes de Decir Amor: Lo que Calla Ciro

CAPITULO 18 - DESPUES VEMOS

Bastián intentó convencerse de que pasar apuntes era algo normal.

Lo era.

En la facultad todos pedían apuntes. Todos mandaban fotos de carpetas, archivos, resúmenes, audios de profesores, trabajos viejos, fechas de parciales y explicaciones improvisadas a último momento.

No había nada extraño en eso.

Nada.

Pero claro.

El que se los había pedido era Ciro.

Y con Ciro, hasta una hoja podía parecer otra cosa.

Después de la clase, Bastián caminó con Brisa por el pasillo de la Universidad Muza con la carpeta apretada contra el pecho. La tarde entraba por las ventanas grandes y dejaba líneas de luz sobre el piso. Algunos estudiantes bajaban las escaleras, otros se quedaban en grupos cerca de las aulas, y Seba reía más adelante con dos compañeros, como si el mundo siempre le diera motivos para hacer un comentario.

Ciro ya se había ido.

O al menos eso parecía.

Bastián miró una vez hacia la puerta del aula.

Brisa lo vio.

  • No está.
  • No lo estoy buscando.
  • Claro.
  • Estoy viendo si quedó alguien.
  • Sí. Alguien llamado Ciro.

Bastián suspiró.

  • Me pidió los apuntes, nada más.

Brisa lo miró de costado.

  • No te pidió los apuntes porque no entendió.
  • ¿Y vos cómo sabés?
  • Porque estaba sentado ahí cuando respondiste. Escuchó todo.
  • Capaz no.
  • Capaz sí.
  • Capaz vos ves novelas donde no hay.

Brisa sonrió.

  • Bastián, vos sos la novela.

Él negó con la cabeza, pero no pudo evitar sonreír un poco.

Bajaron las escaleras juntos. En la planta baja, el movimiento era más fuerte: estudiantes saliendo, otros entrando, algunos parados cerca de la puerta con mate o café, motos pasando afuera, el ruido de la ciudad mezclándose con el de la universidad.

Bastián sacó el celular.

No tenía mensajes nuevos.

Eso le dio bronca.

Y después le dio bronca que le diera bronca.

  • ¿Le vas a mandar los apuntes? —preguntó Brisa.
  • Después.

Ella se detuvo.

  • No.
  • ¿Qué?
  • No uses “después”.

Bastián la miró confundido.

Brisa levantó un dedo.

  • Esa palabra ya está contaminada.
  • Es una palabra normal.
  • No desde que Ciro la usa como arma emocional.
  • Sos exagerada.
  • Soy precisa.

Bastián guardó el celular en el bolsillo.

  • Cuando llegue a casa se los mando.
  • ¿Y qué vas a poner?
  • Los apuntes.
  • ¿Solo eso?
  • Sí.

Brisa lo miró como si estuviera decepcionada de su falta de creatividad.

  • Tenés una oportunidad de seguir la conversación y vas a mandar una foto muda.
  • No es una estrategia, Brisa. Son apuntes.
  • Exacto. Una excusa perfecta.
  • No quiero parecer intenso.
  • Bastián, sacale una foto a una hoja. No le estás mandando una canción con dedicatoria.

Él se rió.

  • Todavía.

Brisa abrió los ojos.

  • Ah, mirá. Te salió un chiste con futuro.
  • No empieces.
  • Ya empecé hace capítulos.

Bastián la empujó suavemente con el hombro y salieron de la universidad.

Afuera, la tarde estaba clara. El aire tenía ese calor suave de final del día, con autos pasando, estudiantes cruzando hacia la esquina y algunos grupos quedándose en la vereda para seguir hablando como si no hubieran pasado horas dentro de un aula.

Caminaron un tramo juntos.

Bastián intentó hablar de otra cosa.

No le salió.

Cada vez que la conversación se iba hacia una materia, un trabajo o un profesor, su cabeza volvía a lo mismo.

Ciro al lado de su banco.

La campera negra.

La mirada seria. La frase:

Capaz necesito que me lo expliques vos.

No era necesario decir algo así para pedir apuntes.




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