Querido Dios:
Sé que creaste el universo en seis días y descansaste el séptimo, pero hoy vengo a darte una tarea un poco más específica. No es urgente...aunque tampoco me molestaría que te apresuraras un poquito.
Es solo una lista pequeña.
Bueno...relativamente pequeña.
Prometo no pedir imposibles... solo uno o dos detalles que Tú sabes que necesito.
Y antes de que levantes una ceja celestial y pongas esa mirada de "hija mía, otra vez tú", quiero aclarar algo: esto no es una exigencia. Es una...¿sugerencia? Cuidadosamente organizada.
Una guía espiritual, por decirlo así, para cuando decidas presentarme al hombre que — con suerte — no salga corriendo cuando descubra que llevo prácticamente toda mi vida — desde que tengo uso de razón — orando por esto y...por absolutamente todas las decisiones importantes de mi vida.
Concéntrate.
Okay, okay...aquí vamos.
— Primero que todo, Dios, necesito que sea un hombre que te ame a Ti más que a cualquier otra cosa. Más que al trabajo, más que al teléfono, más que a su coche... y definitivamente más que a sí mismo. Porque si no sabe amarte a Ti, ¿cómo se supone que va a saber amar bien a alguien más?
Que tenga una relación contigo de verdad. No de esas que aparecen solo los domingos o cuando la vida se pone difícil. Quiero un hombre que ore incluso cuando todo vaya bien. Que te busque porque te ama, no solo porque necesita un milagro urgente.
Y si ya estamos aquí...bueno...tampoco estaría mal que fuera amoroso. Atento. Detallista. De esos que recuerdan cosas pequeñas. Como mi café favorito o que lloro viendo Marley & Me como si fuera la primera vez y no la quinta.
Ah, y guapo.
Muy guapo.
O sea, no es que quiera sonar superficial, Dios, porque la belleza interior importa y todo eso...pero Tú inventaste los ojos. Claramente era para usarlos.
Que sea más alto que yo, pero no tan alto que cuando caminemos juntos parezca que estoy cruzando el Times Square al lado de un poste de luz humano. Algo razonable. Proporcional. Tú entiendes.
Y por favor, que tenga talentos. No tiene que saber hacer malabares o hablar francés — aunque sí sabe francés tampoco me voy a quejar —, pero sí que tenga pasión por algo. Que tenga metas. Sueños. Que haga algo con amor.
Tal vez...¡músico!
Como mi papá.
Porque si algún día me caso, quisiera un hombre que se parezca un poco a él. Un hombre bueno. Presente. Que ame a su familia. Que trate bien a su mamá. Que no vea ser esposo y papá como una carga, sino como un privilegio.
El que ame a sus padres es un gran plus, eso dice mucho de una persona. Bueno...mientras sus padres no estén emocionalmente obsesionados con él, porque tampoco quiero competir con una suegra por su atención. Dame sabiduría para ese tema desde ahora, Padre.
Que sea paciente conmigo cuando sobrepiense las cosas. Porque Tú y yo sabemos que eso va a pasar.
Que tenga sentido del humor. Importantísimo. Necesito a alguien que se ría conmigo y no de mí. Bueno...a veces de mí también, porque honestamente doy material.
Que tenga una voz linda.
Y manos bonitas.
Uff, las manos. No sé porque las manos importan tanto, pero importan.
Creo que ya es to...¡ah!
El nombre...Dios, por favor. Un nombre bonito. Que su apellido combine con el mío. Porque imagínate enamorarme profundamente y que nuestros nombres juntos suenen como una firma de abogados o una compañía de plomería.
Adeline, concéntrate — nuevamente — por favor.
Realmente eso no importa cuando es amor verdadero.
Que tenga un carácter firme, pero un corazón suave. Que no se quiebre fácil, pero tampoco se endurezca con el mundo.
Que tenga paz, de esa que viene de Ti y no depende de nada más.
Que sea paciente conmigo cuando me enrede en mis pensamientos, y sabio cuando yo no lo sea.
Y si no es mucho pedir...que cuando Tú lo formes, lo hagas con cuidado, sin prisas.
Yo esperaré.
Bueno, lo intentaré.
Amén.
Editado: 19.06.2026