10 de diciembre de 2021
Las luces del restaurante se reflejaban sobre los platos de porcelana y las copas alineadas en cada mesa. El murmullo de conversaciones ajenas llenaba el ambiente junto al sonido de cubiertos chocando y meseros caminando de un lado a otro.
Removí distraídamente la comida en mi plato mientras observaba a través del enorme ventanal que daba hacia la calle. Afuera comenzaba a oscurecer y las luces de los autos se difuminaban sobre el cristal como pequeñas manchas brillantes.
Frente a mí, Ethan hablaba.
Hablaba de la universidad, de un profesor insoportable, de un examen que probablemente había reprobado y del cumpleaños de Austin la noche anterior en la feria. Austin era uno de nuestros compañeros de universidad, con quien habíamos creado una amistad en común. Ayer fue su cumpleaños y fuimos en grupo a la feria central para celebrar.
Yo asentía de vez en cuando, aunque en realidad apenas lograba seguirle el hilo de la conversación.
Últimamente todo entre nosotros se sentía extraño.
Nunca volvimos a hablar de lo ocurrido el día de mi cumpleaños, él solo actuó como que eso no había pasado.
No había ocurrido una pelea lo suficientemente grande como para rompernos, pero sí demasiados pequeños momentos incómodos acumulándose uno encima del otro. Silencios más largos. Comentarios innecesarios. Miradas tensas.
Era como caminar sobre vidrio sin saber exactamente en qué momento iba a romperse bajo mis pies.
- Y entonces Austin casi sale disparado de la montaña rusa cuando intentó levantar las manos. —dijo Ethan con una pequeña risa seca.— Aunque creo que lo que más disfrutó fue hacerte reír.
Levante lentamente la vista.
La escena volvió a mi mente de inmediato.
Austin caminando hacia atrás frente al grupo mientras dramatizaba la anécdota con movimientos exagerados. La manera en que fingió el grito que soltó antes de bajar del juego. Las carcajadas de todos alrededor.
Yo incluida. Porque honestamente había sido gracioso.
- Todos nos estábamos riendo.— respondí finalmente.
Ethan se encogió de hombros mientras cortaba un pedazo de carne.
- Sí, pero tú parecías demasiado entretenida.
Ah. Allí estaba otra vez.
Suspiré para mis adentros.
Maravilloso. Próximamente: prohibido disfrutar actividades recreativas si eso incluye al sexo opuesto.
Tomé un sorbo de limonada.
- Ethan... estábamos en una feria celebrando el cumpleaños de Austin junto a los demás, no en una cita romántica clandestina.
- No tienes que actuar como si no te hubieras dado cuenta.
Dejé el brazo sobre la mesa.
- ¿Darme cuenta de qué?
- De cómo te miraba.
Solté una risa incrédula.
- Austin miraba a todos.
- Pero te miraba más a ti.
Perfecto, la próxima vez me pondré una bolsa en la cabeza.
Lo observé con cansancio.
- ¿Y exactamente qué querías que hiciera? ¿Quedarme seria mientras él contaba algo gracioso?
La mandíbula de Ethan se tensó apenas.
- Sabes a lo que me refiero.
Opté por mirarlo seriamente, ahí entendí que no ganaría ese debate.
Continué mi comida, en silencio.
El trayecto hasta mi casa transcurrió en silencio.
No uno incómodo exactamente, pero sí pesado. De esos silencios que parecen llenos de cosas que ninguno quiere decir primero.
Las luces de la ciudad atravesaban las ventanillas del auto mientras observaba distraída las calles pasar frente a nosotros. Ethan llevaba una mano sobre el volante y la otra descansando cerca de la palanca de cambios, concentrado en conducir. Tarareaba la canción que él había colocado, una donde a veces necesitaba taparme los oídos porque no aguantaba lo vulgar de la letra.
Yo intentaba concentrarme en otra cosa.
Cuando finalmente se estacionó frente a mí casa, el motor permaneció encendido unos segundos antes de apagarse por completo.
El interior del auto quedó envuelto en una quietud extraña.
Solté lentamente el cinturón de seguridad, pero antes de poder moverme, sentí la mano de Ethan deslizarse sobre mi muslo desnudo.
Mi vestido color terracota se había subido ligeramente mientras estaba sentada, dejando parte de mis piernas descubiertas.
Bajé la mirada hacia su mano y luego miré sus ojos negros.
Encontré sus ojos fijos exactamente en el lugar donde me tocaba. No dije nada. Ethan no es que fuera desagradable, pero no me parecía tan guapo en un principio. Siempre vestía bien, olía limpio y parecía tener todo bajo control la mayor parte del tiempo. Pero si era completamente honesta conmigo misma...no era exactamente mi tipo.
Nunca lo había sido.
Al principio, lo que me atrapó de Ethan no fue su apariencia. Fue la forma en que me trataba.
Las atenciones. La facilidad con la que me hacía reír. Fue la forma tan vulnerable en la que me contó su historia y lo que había sufrido de pequeño. Con él, al inicio, todo parecía sencillo.
O quizá yo quería que lo fuera.
Su mano subió apenas unos centímetros por mi pierna.
- ¿Sigues molesta? — preguntó en voz baja.
Lo observé unos segundos antes de negar suavemente con la cabeza.
Mentirosa.
Claro que seguía molesta, pero alguien debía ceder.
Ethan suspiró y acarició mi pierna con su dedo. No me encanta ese toque, por alguna razón se siente incorrecto.
- Solo no me gusta sentir que puedo perderte. — se acercó casi rozando mis labios — siento lo del restaurante, solo me importas demasiado.
Había algo extraño en su mirada esa noche. Algo insistente. Como si estuviera intentando recuperar el control de una conversación que sentía que se le estaba escapando hacía semanas.
Pero lo conozco demasiado bien, se coloca vulnerable para acercarse y una vez cerca, revela sus intenciones.
Bajé la vista hacia mis manos.
- No quiero pelear más.
- Entonces no peleemos.
Su voz salió más suave esta vez.
Sentí como se inclinaba aún más cerca de mi.
- Últimamente te siento distante, Ade.
Odiaba cuando usaba ese tono. Porque hacía que todo sonara razonable. Dulce, incluso.
- Solo he estado pensando mucho.
- ¿En qué? - depositó un beso en mi mejilla de repente. Lo miré.
En si debemos continuar o no.
Pero no dije eso, claramente.
Ethan inclinó la cabeza intentando buscar mi mirada.
- A veces siento que ya no te gusto.
Mi pecho se tensó.
Allí estaba el verdadero tema.
No Austin. No la feria. Esto.
- No es eso...— sí, lo es.
- Entonces mírame y dime que no te alejas cada vez más de mí.
Lo miré finalmente.
- Somos novios, Adeline. — dijo metiendo esta vez su mano debajo de mi vestido, la sostuve al instante reacia a que continuara. — se supone que podamos conectar de esa manera también.
Dios mío, ayúdame a salir de aquí.
Mi garganta se sintió seca. Porque no era una exigencia, era peor. Era la forma cuidadosa de hacerme sentir responsable de la distancia entre nosotros. Como si decir "no" confirmara todos sus miedos.
Como si poner límites me convirtiera automáticamente en la culpable de todo.
- Ethan...
- A veces siento que soy el único esforzándose en esta relación.
Soltó una risa amarga y se alejó.
Ah, allí venía.
- Claro que no.
- ¿No? Porque honestamente, Adeline, cualquier otro chico habría perdido la paciencia hace tiempo.
Me tensé.
- No sé cuánto tiempo pueda seguir sintiéndome rechazado por mi propia novia.
Me reí amargamente en mi interior.
Que detalle tan encantador convertir mis límites en un ataque personal.
Aparté la mirada hacia la calle.
- No voy a hacer algo solo porque te sientes frustrado.
Entonces Ethan habló otra vez, mirando hacia el parabrisas.
- Supongo que no debería sorprenderme. Siempre hay alguien más dispuesto a darle a uno lo que necesita.
Sentí el estómago caerme.
Porque por primera vez entendí que Ethan no estaba intentando acercarse a mí.
Estaba intentando hacerme sentir miedo de perderlo.
- ¿Qué se supone que significa eso?
- Que me estoy cansando. — dijo finalmente. - Te quiero, pero necesito más.
- ¿Más qué?
Sabes la respuesta.
Baja su mirada por un segundo y duda, pero termina por mirarme a los ojos.
- Si tú no estás lista para ciertas cosas...quizá podríamos encontrar otra manera.
Fruncí el ceño lentamente.
- ¿Otra manera?
Ethan dudó apenas un segundo.
- No sé...experimentar.
Mi estómago se apretó de inmediato.
- ¿Experimentar cómo? — Él evitó mi mirada por primera vez en toda la noche.
- Con otras personas quizá.
Parpadeé segura de haber escuchado mal.
- No lo puedo creer.
- No estoy diciendo que quiera reemplazarte. — se apresuró a decir.— solo liberar tensión o algo así. Sin sentimientos. Solo físico.
Lo observé en completo silencio.
Porque sinceramente no sabía que expresión poner.
- ¿Estás hablando de estar con otras mujeres?
Mi voz interior quedó muda completamente.
Vaya.
Eso sí no lo vi venir.
- ¿Y se supone que eso me haga sentir mejor?
- No quiero perderte, Adeline. — dijo rápidamente. — Estoy intentando encontrar una solución.
La forma tan tranquila en que lo decía hizo que un escalofrío me recorriera el cuerpo.
- Estoy cansada, Ethan. Nos vemos luego.
Abrí la puerta del auto y no le di oportunidad de despedirse siquiera. Cerré la puerta y caminé hacia mi casa.
31 de diciembre de 2021
Las festividades de navidad habían pasado entre familia, comida caliente y risas que se sentían más ligeras de lo habitual. Había descansado bastante, aprovechando que la universidad me había dado un respiro entre semestres. Hoy era el último día de este año.
Por primera vez en semanas, no tenía prisas.
Me despertaba sin alarmas, ayudaba en casa, salía a hacer compras pequeñas con mi madre, había leído varias porciones bíblicas, orado y también me perdía un rato en pensamientos que no exigían decisiones inmediatas. Incluso había considerado seriamente la idea de conseguir un empleo cuando retomara los estudios en enero. Algo sencillo, quizá de medio tiempo.
Y aunque me duela admitirlo, había dejado de asistir a la iglesia de mis padres últimamente. Iba de vez en cuando. Mi relación con Dios en intimidad continúa siendo la misma, pero algo en mi interior me hace sentir fuera de lugar.
Quisiera visitar iglesias y tal vez encuentre mi lugar. Quisiera sentirme parte de algo finalmente.
Esa es otra de mis oraciones.
En cuanto a Ethan, no había hablado con él durante estos días.
Y, en realidad, tampoco me había sorprendido.
En vacaciones él solía irse fuera de la ciudad con su familia. Y yo no era bien recibida por su madre y hermana, aunque tampoco me molestaba no estar invitada. Era como una pausa natural entre nosotros, una especie de silencio acordado que no necesitaba explicación.
Me sentía aliviada.
Cuando Ethan no estaba, mi mente dejaba de estar en alerta constante.
Me apoyé en la mesa de la cocina mientras el café se enfriaba un poco.
Tal vez esto era lo normal.
Tal vez las cosas se sentían así cuando uno tenía distancia suficiente para pensar con claridad.
De repente, mi celular vibró sobre la mesa. Me dirigí a la mesa con la taza en mano.
Solicitud de seguimiento
@karen_barrera2
Tardé un segundo en ubicar el nombre, pero entonces lo recordé: una chica que había conocido recientemente en uno de mis últimos cursos en la universidad. No habíamos hablado mucho, solo lo suficiente como para intercambiar algunas palabras y sonrisas en los pasillos.
Deslicé el dedo sobre la notificación.
Al entrar, se abrió la sección de solicitudes en espera... y ahí estaba otra vez.
La solicitud de Asael.
Mi respiración se detuvo apenas un instante.
No era nuevo. Llevaba ahí, quieta, como si el tiempo no lo hubiera tocado. Hice el cálculo rápido en mi mente: unas siete semanas. Siete semanas desde que él había enviado esa solicitud y yo no había hecho nada con ella.
El pecho se me apretó sin una razón clara.
Me quedé mirándola.
Mi dedo se movió antes de que yo misma lo pensara y entré a su perfil.
Nuevamente.
Tenía publicaciones recientes, historias destacadas... y un video que llamó mi atención de inmediato.
Un concierto al aire libre.
Asael estaba ahí, en el escenario.
Las luces lo envolvían de una forma irreal, como si no perteneciera del todo a la misma vida que yo estaba viviendo en ese momento. Sostenía su instrumento con mucha seguridad.
Le di play al video.
El sonido llenó el ambiente de mi cocina. Era bueno, demasiado bueno. La música fluía con una naturalidad que no parecía esfuerzo, sino algo vivido, algo suyo.
Tragué saliva sin darme cuenta.
No sabía cuánto tiempo estuve viendo el video, pero cuando terminó, me quedé con el teléfono en la mano, la pantalla aún encendida, como si apagarla significara volver demasiado rápido a mi misma.
Salí del video y subí al inicio de su perfil.
Sin pensarlo dos veces, presioné "aceptar solicitud".
Tranquila, seguro ni se dará cuenta. Seguro tiene demasiadas notificaciones pendientes.
Editado: 20.06.2026