Y entonces llegó el día
Que en mi vida más temía
Aquel en que nuestra despedida por fin llegaría
Y aunque mil cosas hacer yo quería
No tuve el valor ni la valentía
Así que solo tuve que conformarme con observar
Observar tus ojos bellos
Y perderme por última vez en ellos
Observar tus pestañas tan largas
Y por última vez contarlas
Observar tu mirada
Aquella que en clase siempre me hipnotizaba
Observar tu espalda recta
Y tú silueta tan perfecta
Observar tu sonrisa traviesa
Que desde hace meses no sale de mi cabeza
Tuve que confirmarme con escuchar tu voz una vez más
Aún sabiendo que no la escucharía jamás
Escuchar tus bromas sin sentido
Que tenían la capacidad de volver mi día más lindo
Escuchar tu risa que se volvió la mejor melodía
Y la inspiración de mi poesía
Tuve que conformarme con guardar cada detalle en mi memoria,
como quien intenta conservar su parte favorita de una historia.
Y guardé aquel instante como una fotografía,
con cada gesto tuyo y todo lo que en silencio sentía,
porque sabía que después de aquel día
solo podría volver a verte en los recuerdos y en mi poesía.