Antes de olvidarte

Capítulo 6

La mañana comenzó más temprano de lo habitual en la floristería.

Sofía había llegado antes de que saliera el sol.

El local estaba impregnado del aroma fresco de rosas, peonías y lirios blancos. Sobre la mesa central descansaban varios bocetos florales cuidadosamente organizados. Ese no era un pedido común.

Era el evento más grande que su negocio había recibido en años.

—Todavía no puedo creer que nos hayan contratado —dijo Clara mientras acomodaba unas hortensias en un cubo de agua—. Este tipo de empresas nunca buscan floristerías pequeñas.

Sofía levantó la mirada del diseño que estaba revisando.

—Supongo que tuvimos suerte.

Pero en realidad algo en ese contrato siempre le había parecido extraño.

La solicitud había llegado desde un estudio de arquitectura recién inaugurado llamado Aureo Studio Arquitectura.

Un nombre elegante. Moderno. Desconocido.

Nunca había escuchado hablar de ellos.

El contrato era generoso. Demasiado generoso.

Decoración completa del evento de lanzamiento.

—Centro de mesas, arreglos colgantes y entrada principal —leyó Clara revisando la lista—. Sofía… esto es enorme.

Sofía asintió mientras revisaba nuevamente los bocetos.

—Quieren algo elegante, minimalista… nada exagerado.

—Muy estilo arquitectos —respondió Clara riendo.

Sofía no lo sabía, pero cada detalle de ese evento había sido cuidadosamente elegido.

Por Daniel.

Horas después

El lugar del evento era un edificio moderno en el centro de la ciudad.

Grandes ventanales de cristal, estructuras de acero negro y una terraza abierta que dominaba el skyline.

El ambiente estaba lleno de movimiento.

Meseros caminaban de un lado a otro, técnicos ajustaban luces y los organizadores revisaban cada detalle.

Sofía observaba el salón mientras terminaba de colocar los arreglos florales sobre las mesas.

Había elegido flores blancas con toques verdes: lirios, eucalipto y rosas crema.

Elegantes.

Sobrios.

Perfectos para un evento de arquitectura.

Sofía llevaba un vestido sencillo pero elegante color azul profundo que resaltaba sus ojos. El cabello castaño le caía suelto sobre los hombros en ondas suaves.

No había intentado verse impresionante.

Pero lo era.

Había algo en ella que llamaba la atención sin esfuerzo.

Una mezcla de delicadeza y fortaleza.

Clara apareció detrás de ella.

—El lugar se ve increíble —dijo mirando alrededor—. Si este evento sale bien nos van a recomendar por toda la ciudad.

Sofía sonrió ligeramente.

—Eso espero.

Pero en su pecho había una sensación extraña.

Una inquietud.

Como si algo estuviera a punto de pasar.

En otro lugar del edificio

Daniel observaba todo desde el piso superior.

Las manos apoyadas en la barandilla de vidrio.

El evento todavía no comenzaba oficialmente, pero el salón ya estaba casi listo.

Su mirada recorrió cada detalle de la decoración.

Las flores.

Las mesas.

La iluminación.

Todo estaba exactamente como lo había imaginado.

Porque había elegido personalmente a la floristería.

Porque sabía que Sofía vendría.

Ese encuentro no era casualidad.

Era inevitable.

Daniel llevaba un traje negro perfectamente ajustado que resaltaba su figura alta y atlética. La camisa blanca estaba abierta en el primer botón, sin corbata, dándole un aire elegante pero relajado.

Su cabello oscuro estaba ligeramente despeinado, como si no hubiera dedicado demasiado tiempo a arreglarlo, aunque cada detalle de su apariencia parecía calculado.

Su mandíbula marcada y sus ojos oscuros le daban una presencia imponente.

Fría.

Controlada.

Peligrosa.

Había cambiado en siete años.

Más alto.

Más fuerte.

Más duro.

Pero lo que más había cambiado era su mirada.

Ya no había calidez en ella.

Solo una profundidad oscura que intimidaba.

Álvaro apareció a su lado.

—Entonces era verdad.

Daniel no apartó la mirada del salón.

—¿Qué cosa?

Álvaro cruzó los brazos.

—Que todo esto era para verla.

Daniel sonrió levemente.

Pero no fue una sonrisa amable.

—No.

Hizo una pausa.

—Es para que me vea.

Minutos antes del evento

Sofía caminaba entre las mesas revisando los últimos detalles.

Ajustó un ramo.

Enderezó una cinta.

Respiró profundo.

—Todo está perfecto —dijo Clara.

Sofía asintió.

Pero su corazón estaba acelerado.

No sabía por qué.

De repente escuchó el murmullo del público entrando al salón.

Invitados.

Arquitectos.

Empresarios.

Periodistas.

El evento estaba por comenzar.

Clara se inclinó hacia ella.

—Ven. Vamos a ver la presentación.

Sofía levantó la mirada hacia el escenario.

Las luces bajaron ligeramente.

Un presentador subió al escenario.

—Buenas noches a todos —anunció—. Gracias por acompañarnos en el lanzamiento oficial de Aureo Studio Arquitectura.

Los aplausos llenaron el salón.

Sofía observaba distraída.

Entonces el presentador continuó.

—Y ahora quiero invitar al fundador del estudio a subir al escenario.

El corazón de Sofía se detuvo por un segundo.

—El arquitecto Daniel de la Rivas.

El mundo dejó de moverse.

Literalmente.

Sofía sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.

Su cuerpo se quedó completamente inmóvil.

Las personas comenzaron a aplaudir.

Pero ella no escuchaba nada.

Solo veía la figura que caminaba hacia el escenario.

Daniel.

Más alto.

Más imponente.

Más distante.

Su traje negro contrastaba con la luz del escenario mientras avanzaba con paso seguro.

Cada paso era como un golpe contra el pecho de Sofía.

Su mente no podía procesarlo.




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