Antes de olvidarte

Capítulo 7

El evento continuaba con normalidad.

La música suave llenaba el salón mientras los invitados conversaban animadamente, levantando copas de vino y felicitando a Daniel por el éxito del nuevo estudio de arquitectura.

Pero para Sofía el mundo se había vuelto extraño.

Como si estuviera caminando dentro de un sueño.

O de una pesadilla.

Clara estaba a su lado, observándola con atención.

—Sofía… —dijo en voz baja—. Si quieres nos vamos.

Sofía negó lentamente.

Sus ojos seguían buscando una figura entre la multitud.

Daniel.

Todavía no podía creerlo.

Durante siete años había vivido pensando que él estaba muerto.

Había llorado su ausencia.

Había aprendido a vivir con ese vacío.

Y ahora…

Estaba allí.

Vivo.

Respirando.

Moviéndose entre la gente como si nada hubiera pasado.

Clara siguió su mirada.

—Ese es Daniel… ¿verdad?

Sofía apenas asintió.

Su voz salió apenas como un susurro.

—Sí.

Clara tardó unos segundos en hablar.

—No te miró como alguien que está feliz de verte.

Sofía bajó la mirada.

No.

No lo había hecho.

Daniel la había mirado como si fuera una desconocida.

Peor.

Como si fuera alguien que no le agradaba.

Y eso era lo que más la confundía.

Porque no entendía por qué.

Daniel se apoyó en la barandilla de cristal.

La noche estaba fresca y la ciudad brillaba bajo el cielo oscuro.

Necesitaba aire.

Necesitaba distancia.

Porque verla había sido peor de lo que esperaba.

Mucho peor.

Su mente seguía reproduciendo la imagen de Sofía frente a él.

Sus ojos sorprendidos.

La forma en que había pronunciado su nombre.

Daniel apretó ligeramente la mandíbula.

No debía afectarle.

No después de siete años.

No después de todo lo que había pasado.

—Sabía que te afectaría.

Daniel giró la cabeza.

Álvaro estaba de pie cerca de la puerta de la terraza.

—¿Desde cuándo estás ahí? —preguntó Daniel.

—Un rato.

Álvaro caminó hasta su lado.

Miró la ciudad.

Luego habló.

—Así que esa era Sofía.

Daniel no respondió.

Álvaro continuó:

—No es lo que imaginaba.

Daniel frunció el ceño.

—¿Qué imaginabas?

Álvaro levantó los hombros.

—Alguien más… desagradable.

Daniel soltó una pequeña risa.

Pero no había humor en ella.

—Las apariencias engañan.

El silencio volvió entre ellos.

Álvaro lo observó de reojo.

—Te afectó más de lo que crees.

—No.

—Te conozco.

Daniel no respondió.

Álvaro continuó:

—Siete años sin verla… y la primera vez que aparece es en tu evento.

Daniel volvió la mirada hacia la ciudad.

—Coincidencias.

Álvaro lo miró.

Sabía perfectamente que Daniel no creía en las coincidencias.

Pero decidió no insistir.

—Bueno —dijo finalmente—. Supongo que el pasado siempre vuelve.

Daniel apretó ligeramente los dedos sobre el cristal.

—El pasado no vuelve.

Hizo una pausa.

—Solo se asegura de que no lo olvides.

Sofía había salido unos minutos para tomar aire.

La noche estaba fresca.

Las luces de la ciudad iluminaban la calle mientras algunos invitados llegaban todavía al evento.

Clara caminaba a su lado.

—¿Estás bien?

Sofía tardó en responder.

—No lo sé.

Apoyó las manos sobre la barandilla de la entrada.

—Es… extraño.

Clara frunció el ceño.

—¿Extraño?

—Sí.

Sofía miró hacia el cielo.

—Pensé que si algún día lo volvía a ver… todo sería diferente.

—¿Diferente cómo?

Sofía suspiró.

—No sé.

Tal vez emoción.

Tal vez alegría.

Tal vez preguntas.

Pero no…

Esa frialdad.

Ese muro entre ellos.

Clara habló con cautela.

—Tal vez él también está confundido.

Sofía negó lentamente.

—No parecía confundido.

Parecía…

Le costó encontrar la palabra.

Distante.

Como si ella no fuera importante.

Y eso dolía más de lo que quería admitir.

La mansión estaba en silencio cuando Daniel llegó.

Era tarde.

Las luces del salón estaban apagadas, pero una lámpara tenue iluminaba el pasillo.

Matilde apareció desde la cocina.

—Llegaste.

Daniel dejó las llaves sobre la mesa.

—Sí.

Matilde lo observó con atención.

Había cuidado de esos niños desde que eran pequeños.

Sabía leerlos mejor que nadie.

—La viste —dijo.

No era una pregunta.

Daniel no respondió.

Pero eso fue suficiente.

Matilde suspiró suavemente.

—Siempre supe que ese momento llegaría.

Daniel caminó hacia la escalera.

Pero antes de subir, Matilde volvió a hablar.

—Daniel.

Él se detuvo.

—Esa muchacha…

Matilde dudó unos segundos.

—Nunca me pareció una mala persona.

Daniel se giró lentamente.

Sus ojos se endurecieron.

—No sabes nada de ella.

Matilde sostuvo su mirada.

—Tal vez.

Hizo una pausa.

—Pero a veces las cosas no son exactamente como parecen.

Daniel no respondió.

Solo subió las escaleras.

Pero mientras caminaba hacia su habitación…

Las palabras de Matilde siguieron resonando en su mente.

Y por primera vez en mucho tiempo…

Una pequeña duda apareció.

Muy pequeña.

Pero suficiente para incomodarlo.




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