Era una tarde cálida en algún lado de las playas de California, el sol estaba dando los últimos rayos de sol, las personas estaban en la playa felices, el color del agua tenía un hermoso azul y se movían de un lado a otro, las palmeras se movían como si estuvieran bailando, el cielo tenía unas bellas nubes que adornaban el cielo, el ambiente estaba siendo acompañado de un sonido muy relajante, el sonido de agua y el canto de las gaviotas acompañado con las risas de las personas que estaban en ese lugar construir un ambiente en el que todos quisieran estar en la arena estaba sentada la típica chica de estados unidos, de unos 1,80, rubia y de ojos verdes tan brillantes que eran del mismo color del mar.
Emma era una chica despreocupada, su único interés en la vida era recorrer la mayor parte del mundo, ella estaba más interesada de recoger experiencias que de estudiar, al fin al cabo su familia tenía mucho dinero, así que no le preocupaba nada tenía tanto dinero como para vivir dos vidas, una de las frases que le gustaba decir a Emma era - vinimos a esta vida para disfrutar de el mundo y sus maravillas, no para enfrascarse en una biblioteca
Emma no creía en el matrimonio, aunque tampoco le intereso, aunque tuvo parejas ninguna de ellas llegó a algo más allá de los placeres, su mayor preocupación era comer el mejor restaurante de la ciudad probar la gastronomía del lugar, comprar ropa bonita y regalar la que no le gustaba, a Emma nunca le gusto viajar en avión, ella decía que era imposible mirar el paisaje desde un avión, ella era de las personas que le gustaba vivir la experiencias, tampoco le gustaba dormir en hoteles, ella tenía una casa rodante muy bien equipada.
Sus padres nunca estuvieron en contra de ella, de hecho la alentaron mucho para que ella cumpliera sus sueños, después de todo ellos eran dueños de una compañía que sabían muy bien que nunca iba a quebrar, Emma tenía un hermano el si estaba interesado en los negocios, su hermano era el único que estaba en contra de el estilo de vida de su hermana pero no podía hacer nada.
Emma había viajado por casi todo el país, recolectando peluches o imanes para el congelador de esos lugares, tambien le gustaba recolectar en un álbum las fotos de los lugares más importantes en los que ella a estado, además de eso tenía una caja pequeña de regalos de personas que marcaron su vida, tenía pocas pero para ella lo era todo.
Ese día de playa era el último día, ese día estaba preparándose para partir hacia su próximo destino, uno de los deseos más grande era mirar caer la nieve en esa ciudad tan conocida, quería salir a ver si de verdad era tan hermoso como le habían comentado sus amigos, Emma tenía una regla, y esa era no visitar ciudades grandes, pero le había hablado tan bien de ese lugar que estaba dispuesta romper esa regla, una de las cosas que le convenció fue cuando le hablaron de la tradicion que tenian para revivir el año nuevo.
Emma en ese momento estaba llevando un ritual que siempre le gustaba, escoger un lugar en donde pudiera ver el atardecer y pensar en las cosas que había aprendido en esa ocasión, por un momento ella había tenido un mal momento, por alguna razón quería estar cerca de alguien, quería tener una pareja, a cada lugar que iba veía a una pareja riendo de todo, por un momento ella quería eso, pero después de pasar un tiempo en las tiendas y yendo a la playa, después de meditar se dio cuenta que no necesitaba otra persona para ser feliz.
Ella estaba sentada con unas gafas para poder ver el horizonte y con una sonrisa en la cara, con un sentimiento de que había terminado una etapa de su vida, estaba sintiendo ese calor que abraza el alma y sientes que te puedes comer todo el mundo, ella sentía que algo mejor venía adelante, Emma estuvo sentada en la arena hasta que el sol se fue y las estrellas iluminaron la playa.
No fue hasta ese momento que se levantó para ir a su casa rodante y emprender su viaje que iba a durar unos seis días, Emma estaba ansiedad de las cosas nuevas que le pararía el gran viaje, después de un baño caliente se prepara para conducir hasta donde su cuerpo lo permitiera, para su fortuna el viaje fue muy calmado, el cielo estaba despejado y las estrellas se podían ver en el cielo.
Emma manejo más o menos por una hora hasta llegar a un lugar en el podía descansar, algo agotada se acostó en la cama hasta el otro día, siendo despertada por el sonido de su celular, era su hermano que la llamaba para tener esa conversación, una de las razones por la que había tenido ese momento de ansiedad.
En apariencia ellos dos se parecían mucho , pero en personalidad eran como dos personas totalmente diferentes, su hermano siempre la llamaba para exigirle que estudiara algo o para que ella se casara con alguien, pero está conversación siempre terminaba entre ellos dos peleando, y esta no era la excepción, su hermano comenzó con el mismo discurso de siempre, pero esta vez más agresivo que las otras veces, empezó diciendo - puede ser que nuestros padres estén de acuerdo con tu estilo de vida pero yo no, y te exijo que si no vas estudiar algo útil, te cases y cuando lo hagas quiero que seas una mujer decente, nada de salir solo en casa y debes en cuando comprarte algo lindo, recuerda que las mujeres son como un asesoría para que los hombres se vean bien, además por nuestro estatus tienes que hacerlo
Emma solo le dice - disculpa Matthew pero no voy a hacer accesorio de nadie, yo no nací para ser ama de casa
Su hermano le dice con arrogancia - entonces si no quieres ser asesoría de nadie tienes que estudiar algo útil
Ella solo le dice - no pienso estudiar, además no tengo necesidad de
Su hermano le dice con algo de rabia - no voy a parar de exigir que te cases, y seas una mujer ideal hasta que lo hagas
Emma desde un tiempo había descubierto la estrategia de Matthew, el sabia que odiaba la idea de mujer tradicional, así que siempre le exigían que se casara, Matthew no era creyente de esa idea al contrario él quería que fuera independiente pero no entraba una forma para decirle, aunque fuera un poco agresiva pensaba que algún día ella iba a hacerle caso, pero lo que no sabía era que Emma había estudiado ese chantaje tan bien que casi podía evitar su charla.