Antes De Que Te Vayas

02

"...las tropas del Tercer Reich han tomado la ciudad de Charleroi. Se reportan controles en todas las carreteras hacia el oeste. Se recomienda a la población no oponer resistencia..."

El hospital está entrenado para improvisar —aunque sea mal—. Los gritos se ordenan en instrucciones. Las instrucciones se vuelven empujones. La gente se mueve porque sabe en qué dirección pasea la muerte.

—¡Puertas laterales cerradas! ¡Que nadie se quede en los pasillos! ¡Doctor Verhaegen, traiga lo que necesite para sedación, pero no se acerque al arnés!—el doctor, asiente sin discutir.—¡Fuera de aquí! —gritó Hilda, empujando a una auxiliar que se había quedado paralizada—. ¡Evacuen la planta alta, lleven a los pacientes al ala este!

Nadie miraba a Isaac. O nadie quería verlo. En el peor de los escenarios, Nora seguía arrodillada, con las manos manchadas de hemoglobina, tratando de encontrar un pulso que no fallara.

—Estás perdiendo demasiada sangre. —dijo, volviendo a concentrarse en las heridas—. Necesito cortar la tela.

Nora se deshizo el viejo vendaje en segundos. La sangre o lo que fuera que sus ojos veían no provenían de un agujero de bala; sino de una laceración química que devoraba en profundo la carne.

Hilda, la jefa de las enfermeras tenía cincuenta años, tres hijos en el frente y cero tolerancia para las tonterías. La sacudió con fuerza, a ver si ponía ambos pies sobre la tierra:

—Ese hombre va a matarnos a todos. —aun así, hay una advertencia real, casi un intento de protegerla.—Aléjate de él.

Los ojos, abiertos pero vacíos. Su piel, definitivamente fría.

—¡Margaret, trae alcohol! —ordenó.

—Ni se te ocurra.

—¡Margaret, ve! —insistió.

—¡Quien da órdenes aquí soy yo! —tronó la voz de Hilda—. ¡Y ese nazi fascista no recibirá ayuda ninguna!

—¡No puedes hacer eso!

—Claro que puedo. Si los nazis disfrutan matar a miles de inocentes, yo me sentiré feliz de acabar con uno de ellos.

—¡Nosotros no somos Dios! —gritó Nora, y la sala entera contuvo la respiración.

Esta mujer... esta enfermera de ojos pequeños... no le tenía miedo. Ni a la bomba. Ni a la sangre. Ni a él.

—Tú y yo sabemos que no eres católica— espetó—. No me hables de Dios.

En sus ojos negros, Nora encontró la peor de las emociones humanas: el desprecio. El silencio fue inmediato.

—Lo estabilizo —propone—. Le saco el arnés. —en segunda alternativa— Lo...

La risa de Isaac, seca, sin aire, objeta cada intento por salvarle la vida. Todos los ojos se vuelven hacia él, pero su mirada sigue —de frente— en ella.

—Lo llevamos abajo —ordena—. Y tú vienes conmigo, Nora, para asegurarte de que no haga nada… y para que dejes de convertir esto en un acto de fe.

Ambos saben que si lo encierran, nadie volverá a abrir esa puerta. Quizás, es mejor así. Después de lo vivido, es hora de morir. Hora de no vivir.

El policía y dos hombres más, acercan una camilla. Hilda baja delante, linterna en mano. Las escaleras al sótano son estrechas. Llega a una puerta con un cartel viejo de: ACCESO RESTRINGIDO. La humedad ha deformado la madera alrededor, pero el metal del marco todavía aguanta. Isaac queda sobre una tabla de madera que dos cajones hacían de improvisada camilla.

—Despacio —murmura la más joven de las enfermeras.

Hilda que había visto morir a más de cien hombres y a otros cien que merecían morir, en los ojos de Nora —esa mezcla de obstinación y ternura— dudó. De lo que quería. De lo que debía. De lo que hacía con tanta convicción.

—Última vez, Nora —dice en tono más bajo—. Sal. Tú no tienes por qué estar aquí cuando ocurra.

Los enfermeros se van. El policía también.

—Dame diez minutos. Solo diez.

—¿Todavía… — susurra Isaac—..ves a los muertos?

Isaac la recuerda —la de antes, de cuando él era niño y todos sabían que era la más rara del pueblo—. Nora le ruega con la mirada, que no abra esa puerta. Isaac obedece. Vivo. Muerto. Vivo. Muerto. A medias. Otra vez parpadeo.

Nora no quiere admitirlo delante de Hilda, pero Hilda ya está viendo lo que nadie quiere ver.

—Lo siento, Nora.

Al final, gana el deber.



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En el texto hay: nazi, enfermera, romance ojos ilusion

Editado: 18.07.2026

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