Luz.
Ayli abrió los ojos lentamente.
—…mm…
Se estiró un poco, aún con los ojos medio cerrados.
—Qué raro sueño…
Se giró en la cama.
—Todo eso del metro… el lugar… el chico…
Sonrió levemente, aún adormilada.
—Sí, definitivamente fue un sueño.
Se sentó despacio.
Y abrió los ojos por completo.
Silencio.
—…
No estaba en su cuarto.
Las paredes, la luz, el ambiente…
Todo seguía igual.
Ayli se quedó completamente quieta.
—…no.
Su respiración se aceleró.
—No, no, no…
Se levantó rápido.
—¿Por qué sigo aquí?
Se pasó las manos por la cara.
—Esto no es normal… esto no es normal…
Empezó a caminar de un lado a otro.
—¿Y si no puedo regresar?
¿Y si me quedo aquí?
¿Y si nadie sabe dónde estoy?
¿Y si…?
Se detuvo.
—Ya, ya… cálmate.
Respiró hondo.
—Piensa.
Pero pensar solo hacía todo peor.
Toc, toc.
Ayli se congeló.
—¿Sí?
—¿Sigues viva? —dijo la voz de Riven desde afuera.
Ayli soltó un pequeño suspiro.
—Sí…
La puerta se abrió.
Riven entró, tranquilo como siempre.
—Bien. Pensé que te habías escapado o algo.
Ayli lo miró.
—Ojalá.
Riven levantó una ceja.
—¿Sigues en modo “esto es un sueño”?
Ayli suspiró.
—Sí… pero ya no estoy tan convencida.
Riven sonrió un poco.
—Progreso.
Se cruzó de brazos.
—Ven, vamos a desayunar.
Ayli dudó un segundo…
pero asintió.
—Ok.
El ambiente era más tranquilo.
Sentados, comiendo, todo parecía… casi normal.
Casi.
—Entonces —dijo Riven—. ¿De dónde eres?
Ayli jugó un poco con la comida.
—De… otro lugar.
Riven la miró.
—Eso ya lo noté. Pero de que lugar
Ayli suspiró.
—No sé cómo explicarlo.
Riven apoyó la cabeza en su mano.
—Inténtalo.
Ayli dudó.
—No lo sé
Silencio.
Riven parpadeó.
—…ok.
—Es en serio.
—ok.
Ayli lo miró, sorprendida.
—Solo te puedo decir que no tengo poderes
—Eso no es normal—se encogió de hombros—.Porque todos tienen poderes
Ayli se quedó callada.
—Lo se pero yo no
Riven sonrió.
--No preguntare porque no tienes.
—Gracias
— De todos modos este mundo ya es raro.
Ayli no supo qué decir.
—¿Y tú? —preguntó ella—. ¿Cómo es tu vida aquí?
Riven se encogió de hombros.
—Normal… supongo.
—¿“Supongo”?
—Mis papás casi no están. Tengo todo lo que necesito… pero no siempre tengo con quién compartirlo.
Ayli lo miró un momento.
—…
—Por eso no me molestó ayudarte —añadió él—. Fue… diferente.
Ayli bajó la mirada.
—Gracias.
Riven sonrió.
—De nada.
Más tarde…
Riven se levantó.
—Tengo que ir al pueblo.
Ayli lo miró.
—¿A hacer qué?
—Unos asuntos.
Pausa.
—¿Quieres venir?
Ayli dudó.
Pero quedarse sola…
no le gustaba la idea.
—…sí.
Riven asintió.
—Entonces vámonos.
El pueblo era distinto.
Había más gente, más movimiento.
Todo seguía siendo extraño, pero ahora también… vivo.
Ayli caminaba junto a Riven, mirando todo.
Hasta que—
Se detuvo.
—…
A lo lejos…
lo vio.
El hombre.
El del metro.
Su corazón se aceleró.
—No puede ser…
—¿Qué pasa? —preguntó Riven.
Pero Ayli ya no escuchaba.
—¡Oiga!
Salió corriendo.
—¡Espere!
Riven se quedó atrás, confundido.
—¿Ayli?
Ayli corría entre la gente.
—¡Oiga!
El hombre no se detuvo.
—¡Espere!
Finalmente lo alcanzó.
Le tomó del brazo.
—¡Usted!
El hombre se detuvo lentamente.
Giró la cabeza.
Sus ojos eran los mismos.
—…
Ayli respiraba agitada.
—Usted… usted me dio eso… —dijo—. ¿Qué está pasando? ¿Dónde estoy?
El hombre la observó en silencio.
Como si ya supiera.
—Nyxoria —respondió con calma.
—¡Quiero volver!
Su voz salió más fuerte de lo que esperaba.
—Lléveme de regreso.
El hombre negó ligeramente.
—No es tan simple.
Ayli apretó los puños.
—Entonces dígame cómo.
Silencio.
El hombre la miró fijamente.
—Si quieres regresar…
Pausa.
—Tendrás que conseguir ciertas cosas.
Ayli frunció el ceño.
—¿Qué cosas?
El hombre no respondió de inmediato.
—No será fácil.
—No me importa.
—Ni rápido.
—Tampoco me importa.
El hombre dio un pequeño suspiro.
—Entonces escucha bien.
Ayli lo miró, tensa.
—Una reliquia antigua.
Pausa.
—Una esencia de este mundo.
Otro silencio.
—Una alianza
Ayli tragó saliva.
—¿Y…?
El hombre la miró más fijamente.
—Y lo más importante…
Silencio.
—La sangre negra de alguien que jamás deberías buscar.
Ayli sintió un escalofrío.
—¿Quién?
El hombre no respondió.
Solo la observó.
—Cuando llegue el momento… lo conocerás.
Y entonces…
se soltó de su agarre.
Y comenzó a caminar.
—¡Espere!
Ayli dio un paso—
Pero la gente pasó entre ellos.
Y cuando volvió a mirar…
El hombre ya no estaba.
—¡Ayli!
Riven apareció detrás de ella, un poco agitado.
—¿Qué pasó? ¿Por qué saliste corriendo así?
Ayli se giró rápidamente.
—Yo…
Miró alrededor.
El hombre ya no estaba.
Otra vez.
—…nada.
Riven frunció el ceño.
—¿Nada?
—Pensé que vi a alguien que conozco —dijo ella, evitando mirarlo directamente—. Pero… creo que me equivoqué.
Riven la observó unos segundos más.
Como si no estuviera muy convencido.
—…ok.
Ayli asintió, intentando parecer tranquila.
—Sí, no fue nada.
Pero no lo era.
Para nada.
Su mente no dejaba de repetir lo que el hombre le había dicho.
Una reliquia…
una esencia…
una alianza…
y…
Cerró los ojos un segundo.
La sangre negra de alguien…
Un escalofrío le recorrió el cuerpo.
—Ayli —la voz de Riven la sacó de sus pensamientos—. ¿Segura que estás bien?
—Sí —respondió rápido—. Solo… estoy pensando.
Riven suspiró.
—Ok.
Ayli dudó un momento.
Luego lo miró.
—Oye…
—¿Qué?
—¿Hay… una biblioteca aquí?
Riven ladeó la cabeza.
—¿Una qué?
—Una biblioteca —repitió ella—. Un lugar con… libros.
Riven parpadeó.
—Ah.
Pausa.
—¿Por qué no dijiste eso?
Ayli rodó los ojos.
—Porque eso es una biblioteca.
Riven soltó una pequeña risa.
—Segun yo no se llama así pero cada quien .
Ayli cruzó los brazos.
—¿Entonces cómo?
Riven pensó un segundo.
—Hay un lugar… donde guardan conocimiento antiguo.
Ayli se inclinó un poco hacia él.
—¿Y cómo se llama?
Riven sonrió ligeramente.
—El Aetherium de Velkar.
El nombre se quedó en el aire.
Extraño.
Pero importante.
Ayli sintió algo.
Como si ese lugar fuera exactamente lo que necesitaba.
—¿Está lejos?
—No mucho —respondió Riven—. Pero… no es un lugar al que cualquiera vaya.
Ayli lo miró fijamente.
—Necesito ir.
Riven levantó una ceja.
—¿Tan importante es?
Ayli dudó un segundo.
Pero asintió.
—Sí.
Riven la observó.
Evaluando.
—…ok.
Sonrió un poco.
—Entonces vamos.
Ayli sintió algo dentro de ella.
No era tranquilidad.
Era otra cosa.
Algo más profundo.
Como si, sin querer…
acabara de dar el primer paso hacia algo mucho más grande.
El Aetherium de Velkar era… distinto.
Ayli lo notó desde el momento en que entraron.
El lugar era enorme, con estructuras altas que parecían no terminar nunca. Estanterías llenas de libros se extendían en todas direcciones, algunas incluso flotando ligeramente, como si no obedecieran del todo a la gravedad.
La luz era tenue, pero suficiente.
Todo se sentía… antiguo.
Importante.
—Wow… —murmuró Ayli.
Riven la miró de reojo.
—Sí, impresiona la primera vez.
Ayli no respondió.
Ya estaba caminando entre los estantes, pasando los dedos por los lomos de los libros, leyendo títulos que no entendía del todo.
—Tengo que encontrar algo… —susurró.
—¿Qué exactamente? —preguntó Riven, siguiéndola.
—No sé… algo sobre…
Se detuvo.
Pensando.
—…cosas antiguas.
Riven soltó una pequeña risa.
—Aquí todo es antiguo.
Ayli suspiró.
—Ya sé.
Se acercó a otra sección, revisando más rápido ahora.
—¿Quieres ayuda? —preguntó Riven.
Ayli dudó un segundo.
Sabía que no debía decirle.
Pero…
—Sí.
Riven se cruzó de brazos.
—Dime qué buscas.
Ayli lo miró.
Y sin pensarlo demasiado, preguntó:
—¿Quién es la persona que tiene sangre negra?
Silencio.
Riven no respondió de inmediato.
Su expresión cambió.
—…
Ayli lo notó.
—¿Qué?
Riven la miró fijamente.
—¿Dónde escuchaste eso?
Ayli sintió un pequeño nudo en el estómago.
—Solo… lo escuché.
Riven negó lentamente.
—No.
—¿No qué?
—Eso no es algo que “solo escuchas”.
Ayli se quedó en silencio.
Riven bajó la voz.
—Aquí… no se habla de eso.
Ayli frunció el ceño.
—¿Por qué?
Riven dudó.
Como si no quisiera responder.
—Porque es peligroso.
El ambiente se sintió más pesado.
—¿Quién es? —insistió Ayli.
Riven la observó unos segundos más.
Y luego…
—Zaret.
El nombre cayó como algo prohibido.
Ayli sintió un escalofrío.
—¿Quién es Zaret?
Riven soltó un suspiro.
—Alguien a quien no deberías acercarte.
—¿Por qué?
—Porque no es como los demás.
Ayli apretó un poco las manos.
—¿Y su sangre…?
Riven la interrumpió.
—Es lo que lo hace peligroso.
Silencio.
—Dicen que su sangre no es normal —continuó—. Que es más poderosa que cualquier otra cosa en Nyxoria.
Ayli bajó la mirada.
La sangre de alguien…
—Y por eso —añadió Riven—, muchos lo buscan.
—¿Para hacerle daño?
Riven no respondió de inmediato.
—Para usarlo.
Eso hizo que todo se sintiera peor.
—Entonces… —murmuró Ayli—. ¿Él es el malo?
Riven dudó.
—…
—No exactamente.
Ayli levantó la mirada.
—¿Entonces?
Riven negó ligeramente.
—Es complicado.
Silencio.
—Solo… aléjate de él.
Ayli no respondió.
Pero por dentro…
sabía que no podía hacerlo.
Porque si quería regresar…
tenía que encontrarlo.
El silencio entre ellos se volvió pesado.
Riven aún la miraba, esperando una explicación.
Ayli bajó la mirada.
Sabía que no podía seguir ocultándolo.
—…Riven.
—¿Sí?
Ella dudó.
Pero al final habló.
—Necesito que me escuches.
Riven frunció ligeramente el ceño.
—Ok…
Ayli respiró hondo.
—Yo… no soy de aquí.
Riven no se sorprendió esta vez.
Solo la miró en silencio.
—Ok haré que te creo—dijo finalmente.
Ayli levantó la mirada.
—No, no lo entiendes.
Pausa.
—No soy de este mundo.
El ambiente cambió.
Riven dejó de apoyarse relajadamente.
Ahora estaba atento.
—…explícate.Si no pensaré que eres una loca
Ayli tragó saliva.
—Yo estaba en mi mundo… normal… como cualquier día.
Su voz temblaba un poco.
—Y en el metro… ayudé a un hombre.
Riven no interrumpió.
—Después me dio algo… un objeto.
—¿Qué tipo de objeto?
—Pequeño… redondo.
Riven frunció el ceño.
—…
—No quise aceptarlo —continuó—, pero me insistió.
Bajó la mirada.
—Y cuando llegué a mi casa… lo abrí.
Silencio.
—Y aparecí aquí.
Riven la observaba fijamente.
—¿Así de simple?
—Sí.
Pausa.
—Y lo volví a ver —añadió Ayli—. Aquí.
Eso hizo que Riven reaccionara.
—¿Qué?
—En el pueblo.
—¿Estás segura?
—Sí.
Su voz fue firme.
—Lo seguí… y hablé con él.
Riven se tensó un poco.
—¿Y qué te dijo?
Ayli dudó.
Pero ya había llegado hasta ahí.
—Que si quiero regresar…
Respiró hondo.
—Tengo que conseguir varias cosas.
Riven no dijo nada.
—Una reliquia antigua…
una esencia mágica…
un vinculo…
Pausa.
Ayli lo miró.
—Y la sangre negra de alguien.
Silencio.
—¿De quién? —preguntó Riven, aunque ya parecía saber la respuesta.
Ayli sostuvo su mirada.
—De Zaret.
El nombre quedó flotando entre ellos.
Riven apretó ligeramente la mandíbula.
—…no.
Ayli sintió un nudo en el pecho.
—No tengo opción.
—Sí la tienes —respondió él rápidamente—. No hacerlo.
—Entonces me quedo aquí.
Silencio.
Eso lo detuvo.
Riven apartó la mirada.
—…
Ayli bajó la voz.
—No pertenezco a este lugar.
—Pero eso no significa que tengas que meterte con él.
—Es la única forma.
Riven negó con la cabeza.
—No sabes en lo que te estás metiendo.
—Entonces dime —insistió ella—. Dímelo todo.
Riven se quedó en silencio.
Pensando.
Debatiéndose.
Finalmente, suspiró.
—Zaret… no siempre fue así.
Ayli lo miró con atención.
—Es poderoso. Demasiado. Desde pequeño.
—¿Y?
—Eso hizo que todos lo vieran diferente.
Riven bajó la voz.
—Incluso su propia familia.
Ayli sintió un pequeño escalofrío.
—Lo usaron.
—¿Usaron?
—Por su sangre.
Silencio.
—Intentaron controlarlo… aprovecharse de él.
Ayli apretó las manos.
—¿Y qué pasó?
Riven levantó la mirada.
—Se cansó.
Pausa.
—Y dejó de confiar en todos.
El ambiente se volvió más pesado.
—Ahora nadie se le acerca… —añadió—. Pero todos lo buscan.
—Por su sangre… —murmuró Ayli.
Riven asintió.
—Sí.
Silencio.
Ayli bajó la mirada.
Todo empezaba a tener sentido.
Pero también…
se sentía peor.
—Riven…
Él la miró.
—¿Sí?
Ayli dudó.
—Tengo que hacerlo.
Riven no respondió de inmediato.
Solo la observó.
—…entonces no lo hagas sola.
Ayli se sorprendió.
—¿Qué?
Riven suspiró.
—No me gusta la idea.
Pausa.
—Pero tampoco me gusta dejarte sola en esto.
Ayli lo miró fijamente.
—¿En serio?
Riven se encogió de hombros.
—Alguien tiene que evitar que hagas algo demasiado peligroso.
Ayli soltó una pequeña risa.
—Gracias.
Riven negó con la cabeza.
—No me agradezcas todavía.
Su mirada se volvió un poco más seria.
—Esto apenas empieza.
El silencio entre ellos duró unos segundos más.
Pero esta vez… no era incómodo.
Era decisión.
Riven suspiró.
—Bueno… si vamos a hacer esto, lo hacemos bien.
Ayli levantó la mirada.
—¿Qué?
—Buscar información.
Señaló los estantes.
—Para eso viniste, ¿no?
Ayli asintió.
—Sí.
Riven dio un paso hacia los libros.
—Entonces vamos a ver en qué te metiste.
Pasaron varios minutos buscando.
Libros grandes. Antiguos. Algunos con símbolos que Ayli apenas entendía.
Hasta que—
—Aquí —dijo Riven, sacando uno pesado.
Lo colocó sobre una mesa.
El polvo se levantó ligeramente.
Ayli se acercó.
—¿Qué dice?
Riven abrió el libro.
Las páginas eran viejas, pero la escritura… se entendía.
—Esto habla de… artefactos antiguos.
Ayli se inclinó más.
—Busca algo sobre reliquias.
Riven pasó páginas.
Hasta que se detuvo.
—Aquí.
Ayli leyó.
—“Reliquias del núcleo de Nyxoria…” —murmuró.
Riven señaló una parte.
—Dice que son objetos creados con magia pura.
—¿Y para qué sirven?
—Depende de la reliquia —respondió—. Pero en general… amplifican o conectan mundos.
Ayli sintió un pequeño escalofrío.
—Entonces sí sirve para regresar…
Riven asintió lentamente.
—Parece que sí.
—Ahora la esencia —dijo Ayli.
Riven buscó otro libro.
Más delgado.
Más oscuro.
—Este.
Lo abrió.
—“Esencias vivas de Nyxoria”.
Ayli leyó en voz baja.
—“Manifestaciones naturales de energía mágica…”
Riven continuó:
—Son cosas como plantas, raíces, o elementos vivos que contienen magia pura.
—¿Para qué sirven?
—Para activar cosas… rituales… conexiones.
Ayli pensó un segundo.
—Como… combustible.
Riven sonrió.
—Exacto.
—La alianza… —murmuró Ayli.
Riven dudó un poco.
—Eso no creo que venga en un libro.
Ayli lo miró.
—¿Por qué?
—Porque no es un objeto.
Pausa.
—Un vínculo.
Ayli frunció el ceño.
—¿Un vínculo?
—Sí. —cerró un poco el libro—. Un acuerdo con con criatura
—¿Como confianza?
—Más fuerte.
Silencio.
—Como un lazo que no se rompe fácil.
Ayli bajó la mirada.
Eso sonaba más complicado de lo que esperaba.
El ambiente cambió.
Ambos sabían cuál faltaba.
—…la sangre —dijo Ayli en voz baja.
Riven no respondió.
Pero sacó otro libro.
Más viejo que los demás.
Lo abrió con cuidado.
—Aquí habla de linajes…
Pasó algunas páginas.
Y se detuvo.
—Zaret.
El nombre estaba escrito claramente.
Ayli sintió un nudo en el estómago.
—¿Qué dice?
Riven leyó:
—“Portador de sangre alterada… capaz de potenciar, corromper o destruir…”
Pausa.
—“Considerado inestable y extremadamente peligroso.”
Ayli tragó saliva.
—¿Algo más?
Riven siguió leyendo.
Pero dudó.
—¿Qué?
Riven levantó la mirada.
—Su sangre… no se puede tomar a la fuerza fácilmente.
—¿Por qué?
—Porque reacciona.
—¿Cómo?
Riven cerró un poco el libro.
—Ataca.
Silencio.
—Solo puede obtenerse si él lo permite…
El aire se sintió más pesado.
Ayli bajó la mirada lentamente.
—…o si confía.
Riven la miró.
—Exacto.
Silencio.
Ayli apretó ligeramente las manos.
Ahora lo entendía.
Todo.
No se trataba solo de encontrar cosas.
Se trataba de acercarse a él.
De verdad.
Y eso…
era mucho más peligroso.
El silencio quedó entre ellos unos segundos más.
Ayli seguía mirando el libro… pero su mente estaba en otra cosa.
—Riven…
—¿Sí?
—Eso del vínculo…
Riven levantó la mirada.
—¿Qué pasa?
—Dijiste que era como un lazo… con alguien o algo.
—Sí.
Ayli dudó un segundo.
—¿Con qué exactamente?
Riven cerró el libro con suavidad.
—Con una criatura.
Ayli frunció el ceño.
—¿Una criatura?
—Sí —respondió él—. En Nyxoria, todos tienen una.
—¿Todos?
—Bueno… casi todos.
Ayli se quedó en silencio.
—¿Y para qué sirve?
Riven pensó un poco cómo explicarlo.
—No es solo una mascota.
—¿Entonces?
—Es un vínculo real —dijo—. Te conecta con la magia de este mundo. Te protege… te acompaña… y también refleja quién eres.
Ayli bajó la mirada.
—…
—Sin eso —continuó Riven—, es más difícil hacer muchas cosas aquí.
Ayli levantó la vista.
—¿Y tú?
Riven se quedó en silencio.
Un segundo.
Dos.
—No tengo.
Ayli parpadeó.
—¿Qué?
—No tengo criatura.
—¿Por qué?
Riven se encogió de hombros, intentando restarle importancia.
—Ninguna ha querido hacer vínculo conmigo.
Ayli frunció el ceño.
—¿Cómo que no han querido?
—Pues eso —respondió él con una pequeña sonrisa incómoda—. No soy lo suficientemente fuerte.
El comentario quedó en el aire.
Ayli lo miró fijamente.
—Eso no tiene sentido.
Riven soltó una pequeña risa.
—Aquí sí lo tiene.
—Pero tú—
Se detuvo.
No sabía qué decir exactamente.
Riven la miró.
—¿Yo qué?
—No pareces débil.
Riven sonrió un poco más.
—Gracias.
Pero su sonrisa no duró mucho.
—Igual… las criaturas no piensan como nosotros.
Ayli bajó la mirada.
—…
—Así que… sí —añadió él—. todos tienen una.
Pausa.
—Excepto yo.
El silencio volvió.
Pero esta vez…
se sentía diferente.
Más personal.
Ayli apretó ligeramente las manos.
—…entonces yo tampoco tengo.
Riven la miró.
—Por ahora.
Ayli levantó la vista.
—¿Por ahora?
Riven asintió.
—Si estás aquí… puede que alguna te elija.
Ayli sintió algo raro en el pecho.
No sabía si era emoción…
o miedo.
El silencio duró unos segundos más.
Ayli aún pensaba en lo del vínculo… en las criaturas… en todo lo que aún no entendía.
Pero había algo más urgente.
—Riven…
—¿Sí?
—La reliquia.
Riven levantó la mirada.
—¿Qué pasa con ella?
Ayli señaló el libro.
—Tenemos que encontrarla primero, ¿no?
Riven asintió lentamente.
—Sí… probablemente sea lo más “accesible”.
—¿Y dónde está?
Riven volvió a abrir el libro, pasando varias páginas con más cuidado esta vez.
—Las reliquias no están en un solo lugar —explicó—. Están dispersas por todo Nyxoria.
Ayli frunció el ceño.
—Genial…
—Pero —añadió él—, muchas terminan en ruinas o lugares antiguos.
Se detuvo en una página.
—Aquí.
Ayli se inclinó.
—¿Qué dice?
—“Ruinas de Elarith” —leyó Riven.
El nombre sonaba antiguo.
Pesado.
—¿Qué es eso?
—Un lugar abandonado —respondió—. Antes era importante… ahora no tanto.
—¿Y hay una reliquia ahí?
Riven asintió.
—Eso parece.
Ayli sintió una mezcla de nervios y emoción.
—Entonces vamos ahí.
Riven no respondió de inmediato.
Ayli lo miró.
—¿Qué?
—No es tan simple.
—¿Por qué?
Riven cerró un poco el libro.
—Porque esos lugares no están vacíos.
Ayli se quedó en silencio.
—¿Qué hay ahí?
Riven la miró.
—Criaturas… cosas antiguas… magia que no debería estar activa.
Ayli tragó saliva.
—…
—Y además —añadió—, si una reliquia sigue ahí… significa que nadie ha podido tomarla.
Eso no ayudaba.
Para nada.
Pero aun así…
Ayli apretó un poco las manos.
—Tengo que intentarlo.
Riven la observó.
—Lo sé.
Pausa.
—Pero no podemos ir así nada más.
Ayli frunció el ceño.
—¿Entonces?
—Tenemos que prepararnos.
—¿Cómo?
Riven pensó un momento.
—Saber exactamente qué estamos buscando… cómo se ve… y qué hace.
Ayli asintió.
—Tiene sentido.
Riven volvió a mirar el libro.
—Dice que algunas reliquias reaccionan a la persona que las toca.
—¿Cómo reaccionan?
—Depende.
Pausa.
—Algunas muestran cosas… recuerdos… verdades.
Ayli sintió un pequeño escalofrío.
—…
—Otras… pueden rechazarte.
—¿Rechazarme?
—Sí —respondió—. Como si no fueras digna.
Eso le incomodó más de lo que esperaba.
—Entonces… ¿y si no puedo tomarla?
Riven la miró.
—Entonces tendremos que encontrar otra.
Silencio.
Ayli respiró hondo.
—No.
Riven levantó una ceja.
—¿No?
—Voy a poder.
Su voz fue firme.
Riven la observó unos segundos…
y sonrió un poco.
—Ok.
Cerró el libro.
—Entonces vamos a conseguir esa reliquia.
Ayli sintió algo dentro de ella.
No era miedo esta vez.
Era determinación.
El primer paso.